Viaje a Japón: Día 2
Dormir a pierna suelta cuando acabas de cruzar 7 zonas horarias no es nada fácil, aún estando agotado. Así que a la mañana siguiente cuando sonó el despertador a penas había dormitado un par de horas.
Nada que una buena ducha caliente y un café de lata sacado en la máquina expendedora del lobby del hotel no arreglaran.
Salimos de madrugada camino a la estación de metro con las primeras luces del día. Es curioso que incluso a esas horas ya hay decenas de colegiales por la calle, gente haciendo footing y alguna que otra persona paseando a sus perros.
Sin embargo el metro a esas horas estaba bastante vacío, así que llegamos sin mayores incidentes a la estación de Ueno donde sacamos los billetes para el tren que nos llevaría hasta la estación de Utsunomiya y de ahí haríamos el trasbordo para Nikko.
Aunque no hago mucha distinción entre los diferentes tipos de trenes, debo decir que los Japoneses tienen todo el sistema ferroviario perfectamente estructurado.
Hay diversos tipos de trenes tanto locales como de larga distancia o de alta velocidad.
Al principio cuesta un poco encontrar los trenes adecuados para cada viaje, ya que algunos regionales van haciendo paradas en tooodas las estaciones mientras que hay algunos servicios express con los que se ahorra bastante tiempo.
En general preguntar al empleado que os atienda en el puesto de JR es lo mejor que podéis hacer. Harán lo imposible por entenderos, os buscarán el tren que mejor se adapte a vuestro viaje y os proveeran de horarios y planos si los tienen disponibles.
En total serían cerca de 2 horas de viaje en tren disfrutando de los asientos (los asientos de los trenes japoneses son particularmente cómodos), el paisaje y esa extraña sensación que acompaña al jet lag y la privación de sueño.
Según nos aproximábamos podíamos ver cada vez más y más colinas, alguna montaña lejana y de vez en cuando lo que parecía ser un pequeño río.
Nikko es una región montañosa situada al norte de Tokyo. Descubrimos que durante el otoño se convierte en destino turístico para los japoneses que visitan la zona para contemplar el color rojizo del arce japones en Otoño.
En nuestro caso llegamos algo temprano para contemplar las hojas rojas en su plenitud, pero impresionaba igualmente.
Tras hacer una breve parada para comprar otro café de lata (el café de lata japonés está riquísimo!), encontramos un mapa de la zona. Localizamos la oficina de turismo más cercana y comenzamos nuestra andadura por Nikko.
Viniendo de Tokyo, Nikko da la sensación de ser un pequeño pueblo en las montañas. Las calles son pequeñas y agradables de pasear. Aquí y allí se pueden ver ocasionalmente casas tradicionales japonesas, con sus jardines, sus pequeños estanques llenos de peces e incluso alguna que otra fuente natural.
No tardamos mucho en llegar a la oficina de turismo donde topamos con un simpático señor que nos facilitó todo tipo de mapas con los templos que queríamos visitar, nos recomendó que entradas comprar para ahorrar algo de dinero y nos chapurreó un par de palabras en Español.
El tío era un crack!
Allí encontré un par de sellos que procedí a estampar en mi libreta de viaje, compré otro café de lata (si, hay máquinas expendedoras de bebidas prácticamente en todas partes) y tras orientarnos un poco localizamos el camino que nos llevaría al conjunto de templos que queríamos visitar.
Después de un rato caminando dimos con el puente Shinkyo, un puente considerado sagrado por los japoneses ya que según cuenta la leyenda Nikko fue fundada por un hermitaño que cruzó sobre el río montado en dos serpientes.
Podéis ver el puente de Shinkyo en tiempo real aqui
Tras hacer algo así como un centenar de fotos y que Rafa comenzara a poner mala cara, comenzamos el ascenso hacia el conjunto de templos.
A la entrada vimos un montón de autobuses que nos anunciaban la cantidad de turistas que visitan este complejo diariamente. El sitio estaba abarrotado!
Centenares de jubilados y escolares, con sus sombreritos de diferentes colores y sus profesores pululaban por la zona.
De vez en cuando escuchábamos algún ‘excuse me’ y al girarnos veíamos a un pequeño grupo de japoneses aguantándose la risa y contándonos su nombre y que estaban estudiando inglés.
En Japón, hasta que no demuestres lo contrario, siendo occidental eres consierado automáticamente norteamericano, así que los pequeños practican su inglés contigo, siempre bajo la mirada de la profesora que se mantiene algo apartada muerta de la risa viendo las muecas que uno pone.
Escuchamos a unos cuantos escolares contándonos sus nombres y preguntándonos los nuestros, se tomaron un par de fotos con nosotros y en general nos divertimos con los pequeñajos.
Creo que escuchar al pequeño Taro tartamudeando en inglés su nombre y con más verguenza que otra cosa pedirme que le escribiera mi nombre en un papelito es uno de los recuerdos más entrañables que me llevo de Japón.
Pero hay que tener cuidado porque como te descuides no te mueves del sitio, en Nikko la atracción no son los templos, son los occidentales!
Aquí podéis ver algunas de las fotos del lugar.
Lo bueno es que hay un montón de templos cercanos unos a otros, con lo que se pueden visitar sin tener que perder demasiado tiempo trasladándose de un lugar a otro y todos los templos tienen algo que realmente merece la pena ver.
La única nota negativa que le encuentro es que había demasiada gente! Tanta que en ocasiones resultaba algo agobiante.
Hay ciertos templos en los que tenéis que descalzaros para entrar, así que siempre es recomendable llevar calcetines y calzado que se pueda quitar y poner fácilmente.
Pasado el medio día la cantidad de gente que visitaba los templos iba disminuyendo, así que en lugar de parar para comer decidimos terminar el recorrido disfrutando de la calma y a un ritmo menos frenético.
Vimos los tres monos sabios, vimos la talla del famoso gato dormido (es un gato blanco enrrollado de unos 10 cm ) subimos a visitar la tumba de Tokugawa Ieyasu , y digo subimos porque había que subir un huevo de escaleras! y en general creo que vimos todo lo que había que ver.
En los templos japoneses hay monjes que escriben el nombre del templo y alguna que otra plegaria en unos cuadernos especiales para eso. A mi me gustó la idea y le pregunté al monje si podía escribirlo en mi libreta de viaje.
Pero no hubo suerte, el monje tras examinar el papel cuidadosamente me dijo algo que no entendí y un gomen nasai que me venía indicando que no podía hacerlo por algo relacionado con el papel (o esa fue la película que yo me monté)
De ahí fuimos a comer a un restaurante regentado por un par de abuelas super majas. El lugar debía de ser famoso o salir en alguna guía de viaje (o ser barato) porque las paredes estaban llenas de papeles con nombres, billetes de diferentes países, monedas, tarjetas de empresa… Un sitio curioso.
Pedimos fideos, gyoza y cerveza.
Mientras comíamos charlamos con otra pareja de españoles que nos encontramos por ahí (o al menos hablaban español) y con un chaval francés llamado Robert que estaba comiendo con una chica bastante desagradable que no nos dijo ni el nombre.
Salimos de ahí y fuimos a buscar el Abismo de Kanmangafuchi, que es una especie de quebrada enorme guardada por una serie de estatuas protectoras jizo.
El sonido del río, el verdor de los bosques de nikko junto con el gris de las estatuas y el rojo de las ropas invitaba a pasear y a meditar tranquilamente. En el camino nos encontramos otra vez con la pareja española del restaurante que nos pregunó alguna dirección y vimos otra ver a Robert.
Resulta que el tío viajaba solo y se había aburrido de la chica con la que lo vimos. Nos contó que la había conocido en la mañana pero que él viajaba sólo con su D90 a cuestas.
Ahí en medio del bosque reconozco que estuve tentado de darle un palazo y largarme con su cámara, pero como era un tío majo nos lo acoplamos y estuvimos charlando un buen rato mientras paseábamos por la zona.
Al atardecer llegamos hasta la villa imperial de Tamozawa, y nos despedimos de Robert. El se fué a visitar la villa y nosotros en busca de unas tumbas que tenían buena pinta.
Tras dar un par de vueltas por la zona comenzamos el camino de regreso a la estación, me tomé otro café y cogimos el tren de vuelta a Tokyo.
En el tren llamamos al gran Héctor y quedamos con él para ir de cena por Shibuya, así que como buenos Tokyotas quedamos en el perro Hachiko.
Para los que no lo sepáis, Shibuya es la leche! Es donde se encuentra el famoso cruce por donde pasan miles de personas a la vez cada vez que cambian los semáforos, donde las luces de neón y las pantallas de plasma anuncian constantemente los productos más populares y donde se puede sentir el pulso de la ciudad.
Tras recuperar un poco el aliento, tomar un par de fotos precipitadas y flipar con la cantidad de gente y cosas que estaban sucediendo al mismo tiempo vimos a Héctor entre la multitud.
Tras darnos un pequeño tour por la zona entramos a un restaurante de Yakitoris. El lugar estaba hasta arriba de gente, pero Héctor se las apañó para encontrarnos sitio en la planta de abajo, que estaba forrada de tatami, con lo que había que descalzarse y comer sentados en el suelo.
Pedimos diversos tipos de yakitoris, cerveza en abundancia, charlamos y echamos unas buenas risas escuchando y contando nuestras experiencias por Japón.
Cuando ya nos dolían las piernas y las nalgas de estar sentados en el suelo continuamos con el tour por Shinjuku. Héctor nos llevó por un paseo AfterDarkiano genial, y terminamos entrando en un pequeño club.
Tomamos un par de whiskies, menos Rafa que le estaba dando al Sake, charlamos con las camareras y disfrutamos de la noche Tokyota.
De ahí nos despedimos de Héctor y cogimos la combinación de tren/metro hasta Asakusa, llegamos al hotel y tras una buena ducha di nuevamente con mis huesos en la cama.
No se cuantas horas llevaba sin dormir y la verdad es que no me importaba demasiado.
Si, estaba cansado, pero había sido un día increíble y el próximo día también prometía bastante ya que ese mismo día teníamos la reserva para visitar el Ghibli Museum
Continuará…
Entradas Relacionadas



















[…] Viaje a Japón: Día 3 Viaje a Japón: Día 2 Viaje a Japón: Día 1 Posted under Viajes, Japón, Fotografía | | […]
Pingback por CaDs Online » Viaje a Japón: Día 4 — Enero 20, 2010 @ 12:47 pm
q wayyyyyyy q envidia …se lo enseñare todo a mi hijo cuando llegue hoy a casa …hector parece muy majo..un besito
Comentario por ana — Marzo 1, 2010 @ 5:08 am
[…] Continuará… Entradas Relacionadas Viaje a Japón: Día 6 Viaje a Japón: Día 5 Viaje a Japón: Día 4 Viaje a Japón: Día 3 Viaje a Japón: Día 2 Viaje a Japón: Día 1 Posted under Viajes, Japón, Fotografía | | […]
Pingback por CaDs Online » Viaje a Japón: Día 7 — Junio 1, 2010 @ 7:55 am