Un pensamiento de domingo
No se vosotros, pero de vez en cuando (sobre todo cuando no tengo planes) a mi me gustan esos domingos de lluvia, en los que parece que el tiempo se detiene.
En esos días a mi lo que más me gusta hacer es salir al porche de la casa, tumbarme en la hamaca y escuchar como cae la lluvia y disfrutar de la brisa fresca que suele acompañarla (todo lo fresca que puede ser en Panamá, claro está).

La foto no es mia
Y entonces me doy cuenta de las vueltas que da la vida y de lo poco que me paro a pensar en todo lo que me ha pasado hasta el día de hoy.
Imagino que a todos nos pase lo mismo, ya sea por falta de tiempo, pereza o el ritmo de vida que llevamos, pocas veces nos paramos a pensar en nuestra vida, en lo que hemos logrado, en las decepciones que nos hemos llevado y en como las hemos superado.
Me viene a la memoria un post que leí en Kirai y que venía a decir que ¡somos una casualidad!. Y la verdad es que analizando todas y cada una de las cosas que te suceden en la vida y que poco a poco van formando tu carácter, es que realmente somos una coincidencia tremenda!
Me vino genial ese día de tranquilidad y reflexión. A veces sólo hace falta pararse un rato a pensar en lo que somos, más que en lo que tenemos. Para darse cuenta de que somos afortunados y de que todo lo que necesitamos para ser felices, en la mayoría de los casos, lo tenemos ya a nuestro alcance.
Puede que no coincida con la idea que las grandes empresas nos meten en la cabeza de “la felicidad” con el constante bombardeo publicitario (influencia clara de No Logo), pero si lo pienso, no necesito un televisor con pantalla plana de plasma para ser feliz.
Y teniendo en cuenta que todos estos pensamientos vienen acompañados del suave balanceo de la hamaca, del crujido de sus cuerdas y escuchando a mi novia canturrear alguna canción a lo lejos… realmente no le puedo pedir más a la vida

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