Después de varios intentos, de varias cancelaciones y de mucho postponerlo, finalmente logré viajar a Japón.
Desde niño me ha gustado la cultura japonesa, y siempre quise visitar ese país. Pero cuando había tiempo no había dinero, y cuando tenía suficiente dinero para costearme el viaje, no tenía tiempo para viajar.
Así que hace algunos meses, decidí quemar las barcas y compré un billete a Japón, aprovechando una oferta que sacó Air France antes del verano.
Comprar un billete con tanta antelación (4 meses) suponía cierto riesgo ya que en ese tiempo pueden pasar muchas cosas, pero por otro lado me permitió ir repartiendo los gastos a lo largo de los diversos meses.
De esta manera un mes pagué el billete de avión, otro los hoteles, otro el JR Pass y así sucesivamente.
Los días fueron pasando lentamente. Pero, después de una larga espera de 4 meses, llegó el 19 de Octubre y Rafa y yo salimos de camino a tierras niponas … o al menos eso pensábamos.
La realidad fue algo diferente.
Nuestro vuelo tenía una escala en París, donde teníamos que cambiar de avión y salir hacia japón. La cosa era sencilla, una hora y media de escala y listo, estaríamos llegando a Tokyo a eso del medio día del martes 20.
Pero el vuelo salió con retraso debido a un fallo mecánico, no mucho pero sí el suficiente para perder nuestra conexión hacia Tokyo.
La primera en la frente.
Y para colmo, el próximo vuelo en el que podíamos salir no salía sino hasta las 23:00, perdíamos todo el día!!!!
Ya se que dicho así suena algo exagerado, pero tras meses de planificar que sitios queríamos visitar en qué fechas, perder el primer día de vacaciones suponía trastocar severamente nuestro plan de viaje, así que pataleamos un rato por patalear, ya que al final no nos quedó mas remedio que aceptar un triste vale por una coca cola y un sándwich y esperar hasta las once de la noche.
Pero si la vida te da limones haz limonada!
Como teníamos unas 9 horas para matar, decidimos salir a dar una vuelta por París.
Lamentablemente, y aunque parezca increíble no hay taquillas para dejar equipajes en el aeropuerto Charles de Gaulle, así que tuvimos que ir cargando con todo el equipaje de mano (cosa que pasó factura a mi hombro horas después).
Cogimos el tren/metro hasta la estación de Trocadero y nos paramos a contemplar la Torre Eiffel.

Torre Eiffel vista desde abajo
Había estado en París años antes, en condiciones muy distintas, pero la vista de la torre en pleno Campo de Marte corta la respiración.
Paramos a tomar unos crêpes y decidimos hacer un mini paseo fotográfico desde Trocadero, siguiendo el Sena hasta la catedral de Notre Dame.
Aquí os dejo algunas de las fotos que tomé en el camino

Farola Parisina

Atardecer en París

Fachada del Louvre

Pirámide del Louvre

Parada de bus parisina

Notre Dame
París sigue siendo majestuosa, y ver los campos elíseos vestidos con el dorado del otoño fue una gran experiencia. Seguramente una que me hubiera gustado disfrutar con tiempo, pero en esta ocasión viajaba a Japón.
París realmente no era sino un pequeño contratiempo en mi viaje, así que le dijimos au revoir a París y regresamos al aeropuerto con tiempo suficiente para pasar los controles de seguridad, descansar un rato y embarcarnos en nuestro vuelo nocturno.
Tras 12 largas horas de vuelo entremezcladas con ver series, pelis, leer y dormir, llegábamos a Narita completamente extenuados y apaleados por el largo viaje.
Debo decir que Air France no tiene los aviones más cómodos, no tiene la comida más suculenta y que si puedo evitar volver a volar con ellos lo haré.
Pero qué demonios, estaba en Japón!!!
Todavía ahora me cuesta expresar la cantidad de sensaciones que me asaltaron al pisar suelo Nipón.
La megafonía del aeropuerto hablando en Japonés, los carteles de publicidad llenos de Kanas, Kanjis y Romanji, todo junto y bien revuelto, japoneses por todas partes, azafatas dandote la bienvenida con una sonrisa radiante y una reverencia… fue toda una sobrecarga de sentidos.
Atravesamos el puesto de inmigración sin mayores inconvenientes excepto que el funcionario que me tocó a mi resultó ser un fan de Star Wars!!! ya que señalo mi camiseta y dijo algo como “Staru Waru” riéndose.
Finalmente tras recoger el equipaje fui dando tumbos, medio flipando medio aturdido hasta el puestecito de la línea JR para canjear mi JR Pass y reservar el asiento en el Narita Express, el tren que nos llevaría a Tokyo.
Aproveché para sacar una tarjeta telefónica (que nunca llegué a usar) y para sacar mi tarjeta Suica, que me serviría para pagar el metro, en algunas tiendas e incluso en algunas máquinas expendedoras. Hablaré de la Suica Card en otro post, porque semejante invento se merece una crónica como es debido.
Después de un par de cagadas y malos entendidos, un par de vueltas buscando el tren correcto, y otro par de vueltas buscando el vagón que nos tocaba, entramos en el Narita Exprés y a la hora exacta (ni un minuto más ni un minuto menos) salimos en dirección a Tokyo.

En el Narita Express
Cuando lleguéis a Japón, una de las recomendaciones que os doy es que sincronicéis vuestro reloj con la hora de la estación de tren.
Decir que en Japón los trenes son puntuales es quedarse corto.
Si un tren dice que sale a las 12:31 está entrando en el andén a las 12:29 y cierra sus puertas y comienza a andar a las 12:31. Ni antes ni después.
Tras poco más de una hora llegamos finalmente a la estación de Tokyo. Como nuestro hotel estaba en el distrito de Asakusa, teníamos que hacer un par de transbordos en tren y metro para llegar hasta allí, ya que Asakusa no tiene correspondencia directa con las líneas JR y lo más cómodo y cercano para llegar al hotel era usar esa especie de marabunta abrumadora de líneas de diversos colores que los japoneses llaman metro.

Plano del Metro de Tokyo
Imaginaros lo que supone llegar a Tokyo por primera vez en mi vida, cansado después de nosecuantas horas de viaje, cargado con maleta, bolsa con el portátil y cámara a la espalda, en plena hora punta tokyota y sin conocer las estaciones o las conexiones de las líneas… Sin duda una de las experiencias más intensas por las que he pasado.
Pero una vez visto un metro visto todos, así que localizamos la famosa línea Yamanote, la línea de tren circular que conecta algunos de los principales distritos de Tokyo. Nos bajamos en la estación de Ueno y buscamos la conexión de metro con la línea Ginza que tenía como parada final Asakusa.
Dicho así parece fácil, pero no creáis. Hubo que preguntar varias veces chapurreando con mi japonés cutre, muchas idas y venidas, esquivar nubes de japoneses que brotan de todas partes, un Americano que se apiadó de nosotros y nos dió un par de indicaciones en inglés y mucha ilusión porque finalmente pisaba Tokyo!
En Japón siempre tuve la sensación de ser demasiado grande, de estorbar y de ir en dirección contraria al resto de la gente!
En general sabía que se caminaba al revés que en Europa, esto es , se camina siempre por el “carril” izquierdo. De hecho en varias ocasiones hay flechas pintadas en el suelo indicando la dirección en la que se debe caminar, y el lado en el que te tienes que situar en las escaleras automáticas en función de si las bajas caminando o si te quedas quieto.
Pero daba igual! Siempre parecía que lo estaba haciendo mal, o que iba por el carril equivocado.
En fin, con más pena que gloria llegamos finalmente a la estación de Asakusa, donde nos encontramos con Oscar, el tercer mosquetero del viaje y el cual había llegado un par de días antes a Tokyo desde Seattle.
Algo más relajados habiendo salido del metro y caminando por Asakusa en dirección al hotel pude sacar la cámara (sorry, no pude hacer fotos de la estación de Tokyo en hora punta, simplemente llevaba demasiado peso encima y había demasiada gente) y comenzar a tomar algunas fotos del ambiente nocturno de ese distrito.

Parada de Asakusa

Calle de Asakusa

Club Bunny en Asakusa

Tiendecita en Asakusa

Maquina expendedora de bebidas
Llegamos al hotel, dejamos las maletas, nos cambiamos de roma y salimos a cenar algo y a dar un paseo para tratar de aprovechar algo del día perdido.

Mi primera cena en Tokyo
Fuimos caminando hasta el Sensō-ji, el templo más antiguo de Tokyo y uno de los más bonitos para visitar durante la noche. Atravesamos la Nakamise-dōri, una calle normalmente abarrotada y llena de tiendas con todo tipo de artículos de recuerdo tradicionales de japón, completamente desierta. Salpicada ocasionalmente por algunos paseantes nocturnos como nosotros, y algún que otro salarymen borracho como una cuba y haciendo eses por la calle.

Nakamise-dōri de noche
Los alrededores del templo irradiaban tranquilidad, a pesar de haber gente paseando, corriendo, rezando, o simplemente sentados disfrutando de la noche tokyota.
Me dí cuenta de que la gente, en general, hablaba en voz baja y que el silencio del lugar sólo era interrumpido por el sonido de algunas monedas lanzadas contra las cajas de los templos, algunas campanas que usan los japoneses para llamar la atención de sus dioses, y pedir sus deseos, y las palmadas que daban para rezar.

Tori Asakusiano

Lamparitas en Asakusa

Kaminarimon, la puerta del trueno

Pagoda en Asakusa (crappy picture btw)
Después de un par de horas paseando por el lugar, comenzamos a notar el cansancio acumulado del viaje, así que comenzamos a buscar el camino al hotel, porque irremediablemente nos perdimos.
Así que tras caminar por diversos y oscuros callejones, dimos a parar a una especie de avenida peatonal llena de diversos centros de arcade, bares y mini pistas de deportes.

Callejón en Asakusa
Entramos por curiosidad al centro de arcade y vimos todo tipo de máquinas completamente alucinantes.
Rafa se puso a tocar los tambores Taiko mientras que Oscar coqueteaba con un simulador de Robots tipo Gundam que al parecer estaba de moda por allí.

Rafita dandole al Taiko

Sport Bar o algo así
Yo me dedicaba a curiosear por las máquinas y a tomar alguna que otra foto, y en general a flipar con todo.
Tras pasar un rato y gastar algunos yens en las maquinitas volvimos al hotel, me dí una buena y necesaria ducha y di con mis huesos en la cama para tratar de descansar un poco, al día siguiente salíamos para Nikko y seguramente necesitaría reponer fuerzas.
Continuará…