Noviembre (2)

Feb 06, 2013 @ 10:55 am by CaDs

Continúa Noviembre…

Supe por la hora que nuestro juego se había terminado. Me levanté de la cama y le dí un sorbo a mi bebida, ya aguada, mientras miraba a través del cristal de la ventana.

Allí abajo, reducidas al tamaño de pequeñas hormigas, una multitud de personas de dirigían frenéticamente haca un destino que yo desconocía y que francamente me importaba muy poco.
Había que reconocer que las vistas de aquella habitación de hotel eran impresionantes. Frente a mi, los neones de Shibuya llenaban las calles de colores y formas que cambiaban a cada segundo. Como si el centro neurálgico de una de las capitales del mundo necesitara aún mas excitación.

A mi espalda la escucho retorcerse entre las sábanas, mientras saboreo otro sorbo de whisky aguado. Los ecos de sus pies descalzos recorren la habitación hasta que puedo sentir las caricias de sus manos en mi espalda.
Puedo notar con perfecta claridad el tacto de sus pezones desnudos cuando me abraza, pero el panorama siempre cambiante de las calles me tiene absorto.

ー Tal vez no puedas encontrar el amor de tu vida, ーdice mientras besa mi espalda suavemente con sus labios, ーpero siempre puedes encontrar algo de amor en la habitación de un hotel en Shibuya.

Aquella situación no fue sino el devenir de un día lleno de caprichos.
Nos habíamos reunido para comer. “nos vemos donde siempre a las 12?” había escrito ella y yo había aceptado.

La mañana había transcurrido mas o menos sin incidentes. Al llegar al pequeño estudio en un destartalado edificio de oficinas cerca del Mark City encendí mi ordenador para revisar el corree. Siempre he detestado recibir correos del trabajo en mi teléfono personal, por eso es que, hasta que no llego a la oficina, no me entero de nada relacionado con mi trabajo, algo de lo que hasta hoy me siento particularmente orgulloso.

Tenía un par de mensajes de esos que borras sin siquiera abrirlos y otro mensaje de mi socio diciéndome que teníamos una cena de trabajo con unos clientes.
El siempre hacía lo mismo, disponía de mi agenda a su antojo, como si el mero hecho de poder colocar citas en el calendario de trabajo que compartíamos le diera derecho a disponer de mi tiempo.
De todas formas aquel día no tenía nada mejor que hacer, así que le mandé una confirmación y me dispuse a trabajar durante el resto de la mañana.
Por aquel entonces un amigo y yo habíamos montado una pequeña empresa de diseño gráfico.
Él tenía cierto don de gentes y una buena libreta de contactos, y yo tenía mucho tiempo libre y la suficiente imaginación como para dar forma a las ideas más estrambóticas que llegaban en forma de proyectos a nuestra pequeña sociedad.
El flujo de clientes no era malo y el dinero era más que suficiente para pagar el alquiler de mi apartamento y permitirme cenar fuera de cuando en cuando. Por aquel entonces era todo lo que deseaba.

Pasé el resto de la mañana revisando encargos, seleccionando aquellos que me parecían más interesantes, y dibujando pequeños bocetos en papel.
A cada rato la habitación temblaba. Nuestro estudio era tan barato que estaba prácticamente pegado a las vías del tren, con lo cual, era perfectamente consciente de las idas y venidas de cada uno de los trenes que llegaban.

Poco antes del medio día sonó la alarma en el teléfono y supe que era hora de salir. No tenía muy claro que comeríamos hoy, la mayoría de las veces cuando nos encontrábamos, Ella tenía perfectamente decidido el lugar al que ir. A mi, generalmente me daba bastante igual, con lo que rara vez discutíamos por culpa del restaurante.
Nuestro lugar de encuentro habitual no estaba demasiado lejos, aunque en esta ciudad nada queda demasiado lejos. Todo está a tiro de piedra si conoces el tren adecuado.
Ella, como como era casi habitual, llevaba un modelo de ropa que le quedaba perfecto, casi como si viniera disfrazada de oficinista. Incluso llevaba todavía la tarjeta de acceso a la oficina colgada del cuello. Yo en cambio llevaban un par de vaqueros, unas zapatillas y la primera camisa limpia que había encontrado en el armario y un jersey por encima que disimulara las arrugas.

Al poco de vernos y de saludarnos nos dirigimos hacia un restaurante cualquiera. Mientras ella me ponía al día con los últimos pormenores de su día a día, yo recordaba como hacía unos meses había estado paseando por esas mismas calles haciendo fotos de los cerezos en flor que discurrían a lo largo de los canales que atravesaban aquella parte de la ciudad.
Ahora el invierno había acabado con los pétalos, pero no estaba lejos el día en que nuevos retoños dominaran el paisaje,
Por aquel entonces, Ella estaba atravesando por una mala racha y de vez en cuando sentía la necesidad de desahogarse. Era entonces cuando nos encontrábamos.
En aquellas ocasiones Ella hablaba más de la cuenta y yo pasaba más tiempo escuchando del que realmente me gustaría. Pero cuando nos despedíamos ella parecía aliviada, con algo más de vida en aquellos ojos tristes, y para mi aquello bastaba.
Cuando quise darme cuenta Ella había vuelto a su mundo de reuniones, horas extra y cenas de empresa y yo estaba de vuelta garabateando en una libreta mientras tomaba un café, deseando que ese mismo café fuera una copa de vino y tratando de olvidar todos y cada uno de los motivos por los que amaba a aquella persona tan endemoniadamente complicada.

El resto de la tarde transcurrió de la misma manera. No me apetecía volver al pequeño estudio que hacía las veces de oficina, así que me pasé el resto de la jornada en una pequeña cafetería frente a los canales de Naka-Meguro mientras una camarera de aspecto aburrido me preguntaba cada rato si quería otro café y me daba algo de conversación.
ーEres dibujante?, ーme preguntó cuando acercó la tercera taza de café a mi mesa.
ーNo exactamente, ーle respondí fijándome en ella por primera vez.
No era especialmente atractiva, era la clase de persona que pasaría desapercibida en casi cualquier situación. Tenía los ojos un poco más separados de lo normal, lo que contribuía a que resultara extraño mirarla durante demasiado rato y llevaba unos pendientes de aro enormes atravesando los lóbulos de sus orejas.
Sin embargo sus palabras tenían un tono directo que rara vez se alcanzaba a escuchar en esta ciudad y me cayó simpática desde el primer momento.

ーLo cierto es que sólo hago diseños para presentar a mis clientes, luego tal vez alguien construya algo de lo que yo dibujo por aquí.
ーSuena bastante complicado, ーme dijo ella tras quedarse pensando unos segundos. ーNo te había visto nunca por aquí, es la primera vez que vienes?
ーSi, bueno, vengo bastante por esta zona, pero nunca había entrado aquí. El café es bastante bueno.
ー De verdad? el de hoy lo he preparado yo, ーme dijo mirándome con cierta incredulidad. ーNunca me dejan prepararlo, siempre me dicen que es demasiado fuerte.
ーPues a mi me gusta, ーle dije mientras sonreía. Ella me miraba entrecerrando los ojos como si no acabara de creerme, lo cual le daba cierto aire infantil.

Cruzaríamos otro par de conversaciones hasta que, a medida que caía la tarde los clientes comenzaron a llegar y el lugar comenzó a llenarse de gente. Yo notaba ya las piernas y los brazos algo agarrotados por pasar tanto tiempo en la misma posición así que pensé en regresar a la oficina dando un paseo y hacer así tiempo hasta la hora de la cena.
No tenía ni idea de lo que mi socio había planeado, pero si se trataba de sus habituales cenas de empresa, significaría beber una buena cantidad de alcohol y una buena dosis de charla insustancial.

A medio camino de regreso mi teléfono volvió a vibrar. Se trataba de mi socio. “A las 7 en el Moai” era todo lo que ponía.
Pasé por la oficina, revisé el correo, terminé un par de encargos y me dispuse a salir. Mi aspecto definitivamente no era el adecuado para una cena de negocios, así que pasé por una tienda de ropa cercana y compré una corbata que hiciera juego con la ropa que llevaba puesta. Pensé por un momento comprar unos zapatos también, pero tal vez no hicieran falta. A fin de cuentas mi socio me conocía lo suficiente, y si hubiera hecho falta ir bien vestido me lo hubiera hecho saber.

A las siete de la tarde llegué al moai situado cerca de la salida sur de la estación de Shibuya. Para variar no había ni rastro de mi socio, así que me dispuse a esperar un rato. Me di cuenta lo fuera de lugar que estaba aquella pequeña cabeza de piedra en medio de la jungla de asfalto que era Shibuya. Probablemente si aquel moai cobrara vida se sentiría completamente perdido.
A fin de cuentas no creo que Tokyo se parezca en nada a la isla de Pascua, así que no acababa de entender que hacía aquella cabeza ahí.

Sea como sea, después de un rato mi socio apareció. Sonriente como siempre, con su traje de chaqueta blanco habitual venían junto con otras 3 personas, un hombre y una mujer de mediana edad, y otra mujer mucho más joven.

Por regla general, cuando hacíamos negocios con japoneses, siempre había un intérprete de por medio, a pesar de que mi socio llevaba casi la mitad de su vida viviendo en Japón y hablaba el idioma a la perfección. Por eso cuando le vi llegar acompañado de aquellas 3 personas supuse que aquella chica se encargaría de traducir mi maltrecho japonés al resto del grupo.
Sin embargo después de hacer las presentaciones de rigor, resultó que no había interprete alguno, y uno de ellos, el hombre de mediana edad, se despidió al poco de intercambiar su tarjeta de visita con nosotros.

Las siguientes dos horas transcurrieron entre conversaciones de negocios y copas a medio vaciar. Nos las arreglamos para encontrar mesa en un restaurante no demasiado alejado, y si bien la zona de al rededor de la estación tiene cierta mala fama debido a la abundancia de love hotel del lugar, aun se pueden encontrar muy buenos sitios para comer.
Él estaba completamente en su salsa, conversando animadamente sobre trabajo, coqueteando en la justa medida y haciendo chistes a cada rato. Se podría decir que el solo hubiera podido llevar la conversación sin problemas. Yo en cambio, aquella noche notaba la cabeza embotada. A penas podía soltar un par de frases sin que se me atragantaran las palabras, y la verdad es que no tenía la menor gana de pasar la velada de aquella manera.
Transcurrieron las horas, y a medida que las botellas se iban vaciando las distancias se acortaban, lo que comenzó como una cena de negocios se había ido transformando poco a poco en algo que tal vez mañana alguien lamentaría.
Pude ver como una de las mujeres, la de mayor edad, acariciaba cada vez de manera más descarada el brazo de mi socio, y éste con la cara enrojecida por el alcohol consumido, le devolvía la sonrisa de manera bobalicona mientras trataba de disimular como buenamente podía lo que se estaba gestando bajo sus pantalones.

En algún momento de la noche noté que me faltaba el aire y me excusé para ir al lavabo. Una vez allí, me lavé la cara, y salí fuera del restaurante para tomar algo de aire fresco. Entre lo que había bebido y lo cargado de la atmósfera me sentía mareado.
Pasaron unos minutos hasta que me sentí lo suficientemente bien como para regresar al interior, pero cuando llegué la escena que protagonizaban mi socio y aquella mujer ya había perdido cualquier tipo de cariz profesional.
La otra muchacha había desaparecido, así que yo recogí mi abrigo, y me acerqué a la barra para pagar la cuenta de la mesa.

De camino al exterior me encontré con la mujer mas joven que regresaba del baño, y nos volvimos a saludar entre risas ya que a penas habíamos intercambiado unas palabras aquella noche.
Ahora que lo pensaba la conversación la habían llevado mi socio y aquella otra mujer durante la mayor parte del tiempo así que me sorprendió darme cuenta de que a penas había hablado con ella.
ーOye, creo que me voy a ir, ーle dije tras charlar un rato. ーDentro de poco es mi último tren, y realmente el que se encarga de todo lo relacionado con los negocios es mi socio.
ーEspera un momento, ーme respondió ella asintiendo un par de veces. Era evidente que el alcohol también le había afectado. Al cabo de un rato volvió con su abrigo y con su bolso. ーVas para la estación? Te importa si vamos juntos? A estas horas hay muchos borrachos por la calle, ーme preguntó mientras se ponía su abrigo torpemente.
ーPor supuesto, no hay problema, aunque si te soy sincero, creo que yo también estoy algo borracho, ーle digo sonriendo mientras uno de los camareros nos abre la puerta justo antes de salir.
ーAh si?. Bueno, no te preocupes, yo también creo que estoy algo mareada.ーme dice mientras se cuelga de mi brazo.

Continará…

La muchachada en Tokyo

Jul 31, 2012 @ 06:55 am by CaDs

Hace unas semanas y gracias a Chiqui que parece no cansarse de meterse en un embolado tras otro, tuvimos por Tokyo a la Joaquin Reyes y a Ernesto Sevilla haciendo una noche de monólogos.

Y por si no fuera poco con este par de genios Ikusuki, también se apuntó al carro debutando como humorista.

La verdad es que estuvo genial, fueron cerca de dos horas sin parar de reir y muchas anécdotas que me guardo en el tintero.
Fue un placer compartir risas, copas y karaokes con estos tres cracks!

Noche de monólogos en Tokyo

May 22, 2012 @ 10:27 pm by CaDs

Chiqui que se lo curra un montón ha organizado una noche de monólogos para el 6 de Julio trayéndose nada más y nada menos que a la gente de muchachada nui!

No me lo pierdo!
Si estáis por Tokyo por esas fechas poneros en contacto con él para conseguir vuestras entradas

Here’s to the crazy ones…

Oct 05, 2011 @ 10:25 pm by CaDs

Here's to the crazy ones...

Como venir a vivir a Japón

May 23, 2011 @ 08:03 pm by CaDs

Ya van 5 meses que llevo viviendo por estas tierras y desde el día 1 tenía en mente escribir los diversos trámites por los que he tenido que ir pasando para poder vivir en Japón.
La cosa es que desde un tiempo a esta parte a penas tengo tiempo para sentarme a escribir, y van pasando los días y se me van olvidando los detalles, así que aunque sea en varios posts voy a empezar a contar los pasos por los que he ido pasando para poder residir aquí.

Antes de nada dejar claro que esta es mi experiencia personal. La de cualquier otra persona puede ser distinta. No soy ningún experto en materia de burocracia ni trámites relacionados con inmigración y lo que escriba a continuación no expresa más que los pasos por los que YO he pasado.
Una vez aclarado esto, continuo :)

Paso 1: Visado
Con un pasaporte español (o europeo) al llegar a Japón automáticamente tienes 90 días de visado como turista o visitante temporal. Durante ese tiempo se puede residir legalmente en Japón.
Este es el visado que utilizan la mayor parte de personas que visitan Japón y que lo hacen por un tiempo generalmente corto.
Pero este tipo de visado no os va a servir mucho tiempo si queréis vivir en Japón, ya que hasta donde yo se, con el visado de turista, no se puede trabajar (creo que incluso los trabajos a tiempo parcial o “arubaitos” están prohibidos a no ser que tengas como mínimo el visado de estudiante), no se puede sacar un contrato de teléfono, y tampoco se puede alquilar un “apartamento de verdad” por regla general. (Ver el final del post para leer sobre posibles opciones de alquileres con el visado de turista).

Como véis, el visado de turista es bastante limitado, si queréis vivir en Japón necesitaréis un visado al menos de estudiante o algún tipo de visado profesional.
En mi caso, al contratarme mi empresa me pidió un montón de papeles, todos los títulos y certificados de la universidad y algunos datos personales.
Todo lo relacionado con títulos académicos deben ser traducidos al Japonés. Yo pensaba que necesitaría una traducción jurada, con carácter legal o con algún sello oficial, pero como no estaba seguro, y en el consulado tampoco me dieron mucha más información al respecto, hablé con mi profesora de japonés que me lo tradujo todo en un par de días y no me cobró más que un café y un pastelito que la regalé por ser tan maja.

Envié estos papeles a mi empresa y ellos comenzaron con el siguiente paso, que es conseguir la carta de elegibilidad.
La carta de elegibilidad es un paso previo a conseguir un visado profesional, y básicamente consiste en validar las credenciales y documentación de una determinada persona y determinar si es candidata a optar a un visado japonés.
Hay un montón de categorías profesionales que optan a visados, así que en función de vuestros estudios o vuestra experiencia podréis optar a un visado u otro. En mi caso, mi empresa aplicó para un visado de Ingeniero.
Este trámite fue el más largo de todos, calculad aproximadamente un mes o mes y medio desde que metes los papeles hasta que recibes respuesta.
Una vez la respuesta es positiva, mi empresa me dio un papel con la carta de elegibilidad y con eso tuve que comenzar los trámites para el siguiente y último paso para conseguir mi visado: Cambiar mi estado de residente en Japón

Cambiar el estado como residente es tal vez el trámite más pesado que tuve que hacer.

Antes de inicial este trámite es recomendable (y en cierto modo necesario) que tengas la tarjeta de extranjero.
Esta tarjeta es como el DNI o la Cédula y sirve para identificarte frente a autoridades o porteros de discotecas :D
Este trámite se realiza en el ayuntamiento de la zona donde estéis viviendo. Por ejemplo yo tuve que ir al ayuntamiento de Setagaya porque era el ku (distrito creo) donde vivo.
Pero si vives en Roppongi, o en Shinjuku, o en xxxx tienes que buscar el ayuntamiento de la zona que te corresponda.
Si no recuerdo mal te piden un par de fotos de carnet, y la dirección exacta del lugar donde vives, así que llevárosla apuntada a ser posible en Kanji (aunque yo lo hice todo con hiragana) y ya está.
Os darán un recibo para que pasadas un par de semanas paséis a recoger la tarjeta impresa.
Pero este recibo os sirve para hacer los trámites del cambio de visa.

El primer paso para cambiar vuestra visa es ir hasta la oficina de inmigración en Shinawaga, para ello os cogéis la línea Yamanote y os bajáis en la parada de Shinawaga, de ahí os dirigís hasta la salida este y seguís las indicaciones que veréis en inglés donde veáis Imigration bureau bus (o algo así).
Básicamente hay que coger un bus que sale desde la estación de Shinagawa hasta la oficina de inmigración. También podéis coger un taxi, pero el bus os va a salir más barato.
La cosa no tiene pérdida, la parada creo que es la última de la línea y es donde se baja la mayoría de las personas.

Una vez en la oficina de inmigración tened paciencia y preguntad cual es la fila para hacer vuestros trámites. Esto puede resultar algo complicado sin o habláis japonés, pero bueno, yo no hablaba mucho japonés cuando lo hice y enseñando los papeles y preguntando varias veces al final me enteré.

Tuve que pedir un formulario de solicitud de cambio de visa y rellenarlo. Además este formulario tenía una parte que tenía que ser rellenada y sellada por la empresa, así que tuve que hacer otro par de viajes hasta Shinagawa

La cosa es que tienes que dirigirte a un mostrador en donde debes enseñar la carta de elegibilidad, tu tarjeta de extranjero, tu pasaporte (donde marcarán el número de solicitud y la fecha) y el formulario de cambio de visa rellenado y sellado por la empresa que os va a contratar, y una tarjeta con tu nombre y dirección.

Esta parte es bastante importante porque ellos enviarán una carta a tu dirección de correo postal, para decirte si te cambian la visa o no.

Una vez has realizado este trámite, dispones de un tiempo extra para residir en Japón (si no recuerdo mal me lo extendieron un mes), con lo que si el trámite se retrasa, y pasa tu límite como turista en el país, no pasa nada porque te encuentras tramitando tu cambio de visa.
Y eso es todo. 3 o 4 días más tarde recibí en el buzón de casa la misma tarjeta rellenada indicando que todo estaba bien y que tenía que regresar junto con esta carta a la oficina de inmigración.
Así que otra vez de vuelta a Shinagawa, esta vez a buscar otra cola diferente y no olvidéis llevaros el pasaporte, porque os lo van a pedir junto con la tarjeta que os han enviado y os pondrán un nuevo sello con vuestro nuevo status de residente.
Enhorabuena! ya eres un residente en Japón :)

Ahora toca actualizar la tarjeta de extranjero con vuestro nuevo estatus como residente, ya que al principio os darán una tarjeta de extranjero de tipo visitante temporal, y para muchos trámites os van a pedir casi seguro que tengáis el tipo de visitante permanente.

Y con esto termina la primera parte de esta serie de posts. Este trámite es el más importante de cara a estar viviendo aquí legalmente.

La parte de como conseguir la carta de elegibilidad no me la se muy bien porque mi empresa se hizo cargo de todo, pero por lo que vi, creo que también consiste en ir a la oficina de inmigración de Shinagawa, rellenar el formulario de la carta de elegibilidad y presentar toda la documentación que os pidan.
Generalmente os pedirán que vuestra empresa os rellene un formulario con los datos de la empresa y el contrato que os quieren hacer, y os hará falta también el sello de la empresa. Pero no lo se seguro.

Daros cuenta de que para realizar todos estos trámites es importante que tengáis una dirección física, con lo que o bien tenéis que “empadronaros” en casa de algún amigo o familiar que os acoja, o podéis alquilar una habitación como hice yo en Sakura House, que está orientado a alquilar apartamentos y habitaciones a extranjeros sin visado y es bastante cómodo porque alquilan todo ambueblado y con el gas, la luz, el agua e Internet incluídos.
Hay varios servicios similares disponibles por aquí, así que tirad de Google.
En lo personal yo no dudo en recomendar Sakura House, no he tenido ninguna queja, salvo que los apartamentos que alquilan son extremadamente pequeños.
Pero esto es Tokyo no? Welcome to Japan!

地震 Como viví el terremoto de Tokyo

Mar 14, 2011 @ 01:39 am by CaDs

Llevaba esperando semanas a que llegara el día 11. Por diversos motivos, pero el principal porque era el día en el que me daban mi visa de Ingeniero en Japón, era el día en el que mi sueño se hacía realidad, el día en el que podía dejar de preocuparme de esa cuenta atrás en la que vivía desde que comencé a tramitar mis papeles.

Así que me levanté por la mañana temprano y fui a recoger mi tarjeta de extranjero registrado al ayuntamiento y de ahí me fui hasta la oficina de inmigración de Shinagawa.
Todo sin problemas, según lo planeado, incluso terminé antes de lo previsto y de camino a la oficina paré a encargar un par de cosas y pasé por un combini a comprar una botella de té.

En la empresa todo normal, los compañeros me felicitaron por la visa de ingeniero, planeamos el trabajo pendiente y comenzamos a trabajar, hasta pasada la hora de la comida.

Entonces el suelo comenzó a temblar.
Eso no es nuevo, esto es Tokyo, aquí tenemos temblores casi a diario así que no le dimos mayor importancia, alguien dijo “jishin [地震]” como si nada y seguimos trabajando.
Habitualmente duran de 10 a 30 segundos, pero este no paraba, al contrario, comenzaba a hacerse más y más y mas fuerte.
Mi oficina está en la sexta planta de un edificio viejo, y comenzaba a sentirme algo mareado, porque el suelo comenzaba a moverse. Y un sonido sordo, algo parecido a un “bum bum bum” comenzaba a elevarse.
Todos nos miramos sin saber muy bien que hacer… hasta que los monitores comenzaron a caerse y una de las estanterías cargadas de libros reventó.

Ahí me levanté, recogí mi cartera mi chaqueta, metí el portátil a la bolsa como pude y tiré para la puerta.
Vi que muchos de los compañeros se estaban levantando también tratando de sujetar las cosas, abriendo las ventanas y comenzando a moverse porque aquello no paraba, al contrario, comenzó a temblar de verdad.

Vi como todo comenzó a rodar por la oficina, vi a alguno de mis compañeros tropezando y cayendo al suelo y entonces cerré los ojos y pensé “esto es el fin”.
A partir de ahí no se muy bien que me pasó, pero algo cambió. Ya no tenía miedo, la adrenalina ya no fluía, estaba calmado y con la mente más despejada que nunca.

Comenzamos a salir todos de la oficina, en orden, ayudando a los que se caían, cogiendo todas las bolsas y chaquetas que me encontré de paso a la salida, y cogí mis zapatos y salí caminando hasta las escaleras en calcetines.
No era momento para calzarse.

Las escaleras estaban llenas de gente, pero todos bajábamos en orden. Nadie empujaba, y casi nadie hablaba. Si alguien se tropezaba lo ayudaban a levantarse y a continuar. Como si fueran máquinas engrasadas y funcionando perfectamente.
Así llegamos hasta la calle y nos refugiamos en un parque cercano, viendo como los edificios de al rededor se tambaleaban y como poco a poco el temblor cesaba.

地震の日

Al cabo de un rato comencé a ser consciente de que estábamos todos bien, de que había pasado lo peor y de que podíamos contarlo.
Risas nerviosas, caras blancas y muchos daijobudesuka? (estas bien?) sonando por aquí y por allí.
Pero en general todos mirábamos al cielo, en silencio, tratando de digerir lo que habíamos pasado.

地震の日

Los teléfonos no funcionaban, no había manera de saber si los amigos estaban bien. Todo el mundo intentaba llamar, pero era imposible.
El presidente de mi empresa tenía televisión en su móvil y comenzamos a escuchar las noticias. Algunas las entendía, otras me las traducían… pero no podía quedarme quieto. No podía ver la tele. No sabía que hacer.

地震の日

Así pasaron los minutos, hasta que volvimos a subir, a la oficina.
Contra todo instinto humano, volví a subir al edificio del que a penas hacía unos minutos tuvimos que bajar corriendo pensando que aquello era el fin.

La oficina estaba completamente revuelta, así que comenzamos a ordenar las cosas lo mejor que pudimos.
Los servidores no estaban estropeados, pero se habían desconectado.
Yo recuerdo comenzar a apilar los libros que se habían caído mientras otro compañero comenzaba a secar con unas toallas agua que se había derramado de un humidificador.

Todos con el shock dibujado en nuestra cara, pero tratando de animarnos unos a otros. Encendiendo ordenadores y tratando de restaurar la calma. Cuando aquello comenzó a moverse otra vez.

Esta vez no hubo duda, todos nos levantamos y salimos otra vez por la puerta, bajando las escaleras y regresando al parque. Se escuchaban sirenas y vi varios helicópteros sobrevolar la zona.

Me fui a caminar un rato. Había encargado mi Hanko (un sello oficial que hace falta aquí para trámites burocráticos) hacía tan solo algunas horas, así que pensé en que tal vez ya lo habrían terminado, así que les dije eso mismo a los compañeros de la oficina (que se me quedaron mirando preocupados) y me fui a dar una vuelta hasta la tienda.
Saqué la cámara del bolsillo y me puse a hacer fotos, no se por qué. Tal vez por instinto o tal vez porque así mi mente se distraía en algo.

Llegué hasta la tienda donde había encargado mi Hanko y le pregunté al señor que me había atendido si habían terminado con mi Hanko.
Me dijo que sí, que justo lo había terminado segundos antes de que arrancara el temblor.
“Yo vengo de España, es la primera vez que siento un terremoto tan grande” le digo yo, tratando de darle algo de conversación mientras terminaba de darle los últimos toques a mi sello.
“Yo también” me dice. “Llevo viviendo toda la vida aquí y nunca había sentido uno tan grande”
Charlamos algo mas, le doy las gracias y me pide que me cuide.

Regreso con los compañeros, charlamos un rato sobre el nuevo Hanko, me cuentan algunas de las noticias y volvemos a mirar todos la pequeña pantalla.

Me canso, me voy a dar otra vuelta. No se que hacer. Mando mensajes a mis amigos, a todos aquellos que considero especiales aquí.
No hay respuesta, no puedo llamar. No hay internet… Solo impotencia y miedo.

地震の日

Pasa casi media hora sin nuevos temblores, y regresamos a la oficina.
Todo esta otra vez en el suelo.

Recogemos las cosas, restauramos las conexiones, y puedo ver que mis amigos están bien.
Me siento mucho mejor.

Subo todo el trabajo del día a nuestro servidor, y chateo con amigos. Cancelamos la fiesta de cumpleaños que pensábamos hacer ese día (hace unas semanas fue mi 32 cumpleaños).
Mando mails a mis familiares y amigos en España, allí seguramente están durmiendo, pero cuando lean las noticias se preocuparán, y no quiero que nadie se preocupe.
Estoy bien.

Trato de trabajar sin conseguirlo, leo las líneas sin verlas, una y otra vez.
Me mantengo informado de lo que ocurre por Twitter y me niego a ver las imágenes de las olas devastando ciudades enteras de este país que he llegado a amar.
No es justo.

Al cabo de un rato llamo con Skype a casa, a mi madre.
Está nerviosa, ha estado tratando de llamarme y el teléfono está apagado. No imagino el mal rato que ha debido pasar.
La tranquilizo, la digo que estoy bien, que en Tokyo no ha pasado nada, que lo peor ha sido al norte y que yo estoy bien.
Bromeo con ella, y la digo que las noticias exageran, mientras siento otra réplica del temblor azotando el edificio. Esta mucho más pequeña.
No se por que, pero no siento miedo. Ella lo nota, se da cuenta de que mi voz no tiembla y se calma.

Todo está bien.

Al cabo de un rato salimos, yo he quedado con un amigo cerca de Shibuya para ir hasta Shimokita-zawa. Le digo que en 5 minutos llego, porque mi oficina esta al lado de la estación.
Pero salgo a la calle, y hay un mar de gente.

地震の日

Los trenes no funcionan, Shibuya está colapsada, hay gente por todas partes.

Y aun así todos caminamos en orden. Tal vez mi paso es más acelerado que el de los demás. Pero nadie empuja a nadie, nadie grita.
Incluso diría que hay más silencio que de costumbre. Hay una sensación fría en el ambiente.

地震の日

Tardo más de lo que pensaba pero encuentro a Antonio entre la multitud. Estamos bien, nos reímos y nos abrazamos. Sabemos que todos estamos bien, cada uno en una punta de la ciudad pero todos bien.

地震の日

Vamos hasta Shimokita-zawa caminando. Las calles de Tokyo son un río de coches parados y de personas caminando.
Maletines, zapatos, trajes, corbatas, vestidos…. Todos con el gesto serio el paso firme y una calma sobrenatural.

地震の日

Los trenes siguen sin funcionar, pero la ciudad sigue moviéndose. No hay caos, todos parecen saber que hacer.
Llegamos hasta su casa, tenemos conexión, nos conectamos a Twitter y tratamos de comenzar a informar de todo lo que está pasando.

地震の日

Tenemos mails de cadenas de radio o de televisión que quieren entrevistarnos. Los followers en Twitter creciendo por momentos, mensajes por todos lados.
El mundo se despierta y se entera de la tragedia.

Pero estoy bien, y trato de calmar a todos. Me doy cuenta de la cantidad de amigos que tengo por todo el mundo y eso me hace sentir fuerte.

Sigo así hasta que recibo la noticia de que los trenes vuelven a funcionar. Así que voy para la estación. Comienzo a preocuparme por lo que me encontraré al llegar a mi piso.

地震の日

No tengo mucho aquí, pero igualmente pienso en si habré cerrado el gas antes de salir. En si estará bien todo.

Llego a casa, y me planto ante la puerta del piso. Respiro profundo antes de abrir la puerta y me digo a mi mismo que todo va a estar bien. Abro la puerta y efectivamente está todo bien.
Solo se han caído un par de cosas, y el hornillo eléctrico que usaba para tostar pan se ha caído y se ha roto.
Por lo demás nada que lamentar.
Compruebo que tengo agua y luz y que la llave del gas está cerrada.
Estoy cansado para comprobar si tengo gas o no, y tampoco es seguro hacerlo.

Los temblores continúan a cada rato. En la calle no se notan tanto como en casa.
Preparo una mochila con dinero, mi pasaporte, ropa limpia y una botella de agua que he comprado de camino a casa y me acuesto agotado, con la ropa puesta y con la luz encendida.

Y en algún momento de la noche me quedo dormido.

Paseando por Setagaya

Jan 02, 2011 @ 09:25 am by CaDs

Setagaya está considerado como uno de los 23 barrios especiales de Tokyo. En realidad a mi me parece como si se tratara de una ciudad dentro de la ciudad de Tokyo (de hecho en varias guías aparece como ciudad de Setagaya) por lo enorme que es.

Setagaya también es el nombre de uno de los distritos de este enorme barrio y es por donde he estado dando un largo paseo durante el día de hoy.

Setagaya Walk
Total 12 kilómetros aprox.

En general por lo que he visto hoy, es un barrio muy tranquilo y bastante residencial.
Hay algunos centros de ocio aquí y allí, multitud de restaurantes de todo tipo y varios supermercados.
Mi objetivo de hoy era visitar el parque Kinuta muy popular en primavera y echar un ojo a un centro de entrenamiento y competición ecuestre que aparecía en el mapa.

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Me encanta pasear por Tokyo. Las calles son tranquilas (salvo en hora punta claro) hay aceras o pasos para peatones en todas partes, y casi toda la ciudad es llana!
Además siempre puedes encontrarte señales o cosas curiosas a cada paso que das.

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Llegar al parque no tuvo demasiados problemas, partiendo desde la estación de tren de Kamimachi es prácticamente seguir la carretera principal durante un buen rato.

Me llamó la atención que durante casi todo el trayecto, varios de los árboles tenían una especie de faja de esparto atada.

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No me imagino para que puede ser, alguien lo sabe?

Una vez llegado al parque pude comprobar que el sitio es frecuentado por las familias los fines de semana para pasear y disfrutar con los niños.
Y aunque ahora en invierno el parque no está en su esplendor, hay rincones que todavía guardan la belleza de las estaciones pasadas.

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Despues de recorrer casi todo el parque y de parar para descansar y comer algo regresé sobre mis pasos para llegar hasta el centro de la JRA
Este mini parque es en realidad un centro de competición y entrenamiento de caballos de carrera.
Tienen algunas competiciones durante el año y cuando no están compitiendo sirve como parque abierto al público.
Se puede visitar sin coste alguno y si se tiene suerte se puede ver a algún jockey entrenando o ver a los animales en sus cuadras.

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A mi me pareció bastante agradable, aunque algo simple.
Después de curiosear un rato decidí pasar por el supermercado a hacer algo de compra (si, en Japón algunos supermercados abren los domingos) y volver a casa.
En total cerca de 12 kilómetros de paseo en unas 5 horas aproximadamente.
La verdad es que me hacía falta salir a caminar y despejar un poco la cabeza.

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Y que mejor sitio para hacerlo que en Tokyo? :)

Update: Me contó una amiga que las fajas en los árboles se les pone en invierno para que no pasen tanto frío.

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