2o11 - En otro lugar
— Pero tu la quieres?
De alguna manera habíamos llegado a este punto en la conversación. No era la primera vez que nuestras conversaciones nos llevaban a examinar y a revelar cosas que habitualmente uno prefiere guardar en rincones secretos.
Las calles oscuras, iluminadas a penas con algún que otro letrero de neón que se atrevía a contravenir las recomendaciones para ahorrar electricidad, se sucedían una tras otra mientras caminábamos sin un rumbo determinado bajo la luz de las dos lunas.
— Pues la verdad es que no lo se. —respondo tras pensar brevemente en la pregunta. “Cómo puedo saber si quiero o no algo que nunca he tenido?”.
Seguimos caminado en silencio, nuestras charlas normalmente son así, una pregunta no necesariamente tenía una respuesta, y generalmente preferíamos dar respuestas a preguntas que no hacía falta pronunciar.
Yo siempre había tenido bastante claro lo que quería en mi vida. No soy hombre de grandes ambiciones, me conformaba con mi vida tal y como era.
Tenía un trabajo normal y corriente en una empresa cualquiera, un apartamento pequeño a penas amueblado en un barrio residencial en Setagaya y una bicicleta que a falta de uso, se contentaba con ir cubriéndose lentamente de polvo.
Mis relaciones personales nunca habían sido gran cosa, había fracasado en todas. Sólo había logrado enamorarme realmente una sola vez, y de eso hacía tanto tiempo que el recuerdo me llegaba completamente distorsionado.
Tenía una novia a la que visitaba los fines de semana y con la que salía a cenar de cuando en cuando, trazando planes sobre papel de algodón que miraban a un futuro lejano el cual ninguno tenía especial prisa por alcanzar.
Eso era hasta que cambiamos de mundo.
Ocurrió realmente sin mas, un buen día estábamos en el año 2011 y tras un tremendo terremoto que hizo sacudirse a todo el país sencillamente todo se transformó.
Aquella noche fue la primera vez que vi las dos lunas alzarse sobre el cielo de Tokyo.
Cómo es posible que hubiera dos lunas? no tenía ni idea. Al principio me alarmé muchísimo claro, pero al parecer a todo el mundo le había dado igual.
En la oficina nadie hizo ningún comentario, y no hubo ninguna noticia en los periódicos, todos estaban muy ocupados anunciando el fin del mundo para darse cuenta de que ahora teníamos dos lunas sobre la cabeza.
Pero el mundo no se había acabado, y salvo las dos lunas resultaba difícil diferenciar este nuevo mundo del otro, así que decidí no darle mayor importancia y ya que estábamos en el año 2011, decidí bautizar este nuevo mundo como 2o11 a falta de un nombre mejor.
Otra de las características de este nuevo mundo es que todo el mundo parecía llevar un montón de cables enredados al rededor del cuerpo.
A mi también me había pasado, me levanté un día y de pronto tenía cables enmarañados a mi alrededor. No molestaban especialmente, de hecho parecían estar vivos, y se respondían en perfecta consonancia a mis movimientos, pero no había forma de ocultarlos.
Se retorcían para salir por las mangas de la camisa, o las perneras de los pantalones, o los cuellos de las camisetas… no importara lo que hicieras siempre estaban por ahí.
Así que todos estábamos rodeados de cables por todas partes.
Pero al poco tiempo casi todos nos habíamos acostumbrado a esto de ir rodeados de cables, incluso habían comenzado a aparecer publicaciones de moda con las nuevas tendencias en cuanto a cómo llevar los cables colocados, habían ciertas empresas que habían comenzado a fabricar accesorios para los cables, y había programas de televisión en los que idols y comediantes hacían gala de verdaderos alardes de ingenio tiñendo sus cables de diversos colores y llenándolos de accesorios.
Claro que había a quien esto de los cables no les había gustado y habían decidido cortárselos y liberarse de ellos. Pero resultó que no era posible vivir mucho tiempo sin los cables. Al parecer cuando cortabas tus cables una inmensa apatía te invadía. Decían que era como si perdieras el interés por vivir, así que dejabas de preocuparte por cosas básicas como el comer o el beber y al poco tiempo el cuerpo dejaba de funcionar.
Así que a falta de una solución mejor, el gobierno había optado por realizar una campaña informativa al respecto y al poco, las estaciones de tren se habían llenado de carteles del tipo “Por favor no cortes tus cables, la vida merece la pena, aún si se enreda un poco”.
Había mucha gente que había considerado este mensaje ofensivo y desconsiderado, pero al parecer el eslogan había cumplido con su objetivo y al poco la gente dejó de cortarse los cables, aunque de vez en cuando la prensa hacía eco de algún que otro caso.
— La quieres tu a eLLa?— le pregunto yo mientras me detengo para hacer una fotografía de un gato que nos mira pasar.
Curiosamente los animales parecen no haberse visto alterados por este cambio. Que yo supiera no había gatos rodeados de cables, ni perros rodeados de cables.
En general no había escuchado ningún caso de mascotas rodeadas de cables, lo cual debía de ser un verdadero alivio para sus dueños y los vendedores de mascotas.
A nadie le debe de apetecer tener un cachorro de perro rodeado de cables, eso sería demasiado.
— Es complicado — me responde mientras juguetea con uno de los cables que le cuelgan de la muñeca, tal vez algo más enredado de lo normal. — El otro día llegó una carta a casa. Por cierto, te has dado cuenta de que hay dos lunas en el cielo?
… continuará



Como mola, me he quedado enganchado leyéndolo
Comentario por Atatiwa — Septiembre 29, 2011 @ 8:31 am
De que hablas tio? No me entero, empieza a hablar de tetas que me aburro.
Comentario por Alainkun — Septiembre 29, 2011 @ 7:24 pm
Mola
eres bueno
Comentario por zordor — Octubre 1, 2011 @ 10:19 am