3 Cosas que he aprendido durante mi primer año en Japón

Apr 24, 2012 @ 08:55 am by CaDs

Y con este post no quiero decir que lo que haya aprendido sea bueno ni malo, y mucho menos ninguna verdad absoluta. La vida y las circunstancias de cada uno son de cada uno, y ahí hay más bien poco que cambiar. Pero sí son cosas que yo considero importantes y que han mejorado mucho mi manera de vivir.

1. Cree en ti mismo
Sería cerca de las 12 de la noche en una de esos restaurantes cadena, Sbarro creo que se llamaba, muy cerca del cruce de Shibuya. Aquella noche era invierno y para colmo llovía. Por la ventana podía ver las miles de personas que pasan sin cesar, cada uno con un destino que para mi era completamente desconocido, y aquella noche me importaba lo más mínimo.

Había sido un día duro en el trabajo, 12 horas o más delante de la pantalla, exprimiendo el cerebro más y mas para soltar soluciones a diversos problemas en forma de acertijos matemáticos y lógica. Estaba agotado, lo que más deseaba era meterme en la cama y descansar unas cuantas horas antes de volver a enfrentarme a la marabunta de problemas que acompañarían al día siguiente. Pero habíamos quedado para tomar un café después del trabajo y cuando se promete algo hay que cumplirlo.

El estaba como siempre, sentado con las piernas cruzadas, fumando un cigarrillo y tecleando distraídamente en su portátil.
Me ve llegar y me sonríe, me da las buenas noches en inglés con su característico acento alemán. Me pregunta cómo estoy, como va el trabajo. Charlamos un rato.
Hacía un par de meses habíamos compartido oficina, esfuerzos, cafés y muchas risas. Después las circunstancias cambiaron y nuestros caminos se distanciaron. Pero la amistad perduraba.
Le cuento las últimas noticias, el me cuenta las suyas mientras comemos trozos de pizza que se enfrían a medida que transcurren los minutos.
—En qué andas trabajando ahora?, —le pregunto mientras doy un trago al vaso de agua y me entretengo mordisqueando los cubitos de hielo.
—Bueno, tengo que entregar un proyecto en 5 días, estoy viendo por donde empezar, —me dice el con total tranquilidad.
—Que es, una especie de demo?
—No no, es una aplicación para Android, —me responde él mientras teclea algo en su portátil.
—No tenía ni idea de que supieras programar para Android, —le digo mientras curioseo en su pantalla. Tiene cerca de 20 pestañas abiertas y busca en Google todo tipo de términos relacionados con el desarrollo de ese tipo de aplicaciones.
—Estás loco, es imposible que termines esto en ese tiempo.
—Bueno, una vez que entiendes la lógica que hay por debajo todo se parece, —me dice sonriendo. — Y además, ya sabes que siempre entrego a tiempo, —continúa esta vez completamente serio.
Terminamos de comer, nos despedimos y yo regreso a casa en el tren.
Mientras veo pasar las estaciones, me acuerdo de la cantidad de horas que hemos pasado juntos, revisando código, analizando problemas y encontrando soluciones imposibles. En casi todas esas ocasiones yo me daba por vencido, y él dedicaba un poco más de tiempo a pensar, y al final siempre encontraba una solución.
Al llegar a casa, estaba convencido de que entregaría su proyecto en cinco días… y así fue.

Esta vida está llena de gente que te va a decir que no puedes hacer algo, que lo que te propones es imposible y que es mejor que abandones cuanto antes para no perder el tiempo. Lo último que necesito es sumar mi propia voz a la suya.
Y a medida que acepto los retos que me llegan, ya sea en el trabajo o en cualquier aspecto de mi vida diaria, más me doy cuenta de que hay pocas cosas que no se puedan conseguir si se pone el empeño suficiente.

Dark Tokyo

2. Disfruta de las pequeñas cosas que te hacen feliz.
Eran las 8 de la mañana pero ya hacía bastante calor. Era el calor húmedo propio del verano en Tokyo. Entrar en el vagón del tren suponía un pequeño respiro acondicionado antes de volver a salir para encararse con el sol. El vagón de tren no iba tan lleno como esperaba encontrar. —Mejor, —pensé para mis adentros mientras me sentaba.
Frente a mi había sentado un hombre de unos cuarenta años. Su maletín y su periódico doblado estaban colocados sobre él, en la repisa metálica que suele haber en los vagones de tren.
Me llamó la atención por lo ensimismado que estaba jugando a su videoconsola. Tenía una Nintendo Ds en sus manos y unos auriculares en sus oídos, de manera que su abstracción del mundo era total.
Yo estaba medio dormido, nunca he sido bueno despertándome por la mañana, de manera que mientras el tren me acercaba hasta mi destino, pude ver cómo el hombre se las apañaba para, en aquel pequeño mundo virtual en el que él era el indiscutible protagonista, rescatar a alguna princesa, salvar algún planeta de la destrucción más absoluta, o alguna otra gesta de similar nobleza.
Pero hubo un determinado momento en el que aquel desconocido cuarentón sonrió. Y lo hizo de una manera completamente pura, sin reparos y sin importarle lo más mínimo estar en medio de un vagón de tren, rodeado de unas cuantas almas que le miran sin prestarle demasiada atención excepto un gaijín con cara de dormido y barba mal afeitada.

Llegamos a la última estación que es donde me bajaba, y entonces aquel hombre apagó su consola, se sacó los auriculares de las orejas, agarró su maletín su periódico y desapareció entre el mar de gente que inundaba poco a poco la estación.

Son muy pocos los momentos del día en los que realmente podemos disfrutar de algo genuínamente nuestro, y esos momentos hay que exprimirlos. No importa de que se trate, encuentra algo que te haga feliz, y siempre que puedas, encuentra un momento para hacerlo.

秋葉原

3. A veces no hay nada que hacer
“Lo que ya ha pasado no se puede cambiar, sólo se puede aprender. Si es algo bueno repetirlo y si es algo malo evitarlo siempre que sea posible”
Había habido un problema en el trabajo, alguien había cometido un error grave y nos había llevado algunas horas arreglarlo. Se había perdido algo de dinero en ventas, y a nuestro jefe le habían llamado la atención.
Era una reunión especial. En mi empresa, y en general en casi todas las empresa japonesas, cuando se produce un error grave se suele tener una reunión para revisar lo que ha pasado y tratar de aprender para que no se vuelva a repetir.
No hacía mucho desde que había cambiado Madrid por Tokyo, así que para mi, este tipo de reunión era algo así como ” nos van a poner las pilas”, así que yo estaba a la defensiva aun sin haber cometido el error.
Todo el mundo sabía quien había metido la pata, todos sabíamos cuales habían sido las consecuencias y “por culpa” de aquella persona estábamos soportando esa “regañina”, pero nadie dijo nada al respecto.

No se trataba de eso.

Cometer un error lo puede cometer cualquiera, más en las condiciones en las que realizamos nuestro trabajo, cuando hay que tomar decisiones rápidas, y cuando hay tantas variables que afectan al funcionamiento del sistema, que tocar una puede tener las repercusiones más inesperadas.
Así pues, aguanté aquella reunión sin enterarme de casi nada, poniendo cara de poker y pensando en por qué nadie decía nada.
Al final de la reunión un compañero medio americano medio japonés se me acercó y me explicó en qué consistía aquello.
ーEs increíble que nadie haya dicho de quien era la culpa, ーdije yo con los ánimos por los suelos después de una hora de escuchar conversaciones en japonés de las que entendía poco más que nada.
ーQuien tiene la culpa no es importante, ーme dijo el tan risueño como siempre. ーA mi me gusta cuando tenemos estas reuniones, cuando se produce un error en el sistema y cuando tienes que pensar a toda velocidad para encontrar una solución.
ーSi, pero el rato que hemos pasado, y el dinero que se ha perdido …
ーEs emocionante no crees?, ーme dice él sonriendo mientras se pone sus gafas de sol y salimos hacia el combini de al lado a comprar algo de beber.
Yo no hago más que darle vueltas a la cara seria del jefe y a las miradas cabizbajas de todos durante la reunión. Emocionante es la última palabra que venía a mi cabeza. ーUff a mi me parece de todo menos emocionante.
ーA veces no hay nada que hacer, ーme dice tranquilamente usando las palabras japonesas (仕様がない). Cuando ocurre un error y no hay nada que hacer depende de ti encontrarle la utilidad a esas ocasiones. Para mí, ーcontinua mientras coge una bebida de frutas tropicales, ーes la mejor oportunidad para pensar en toda la cadena de acontecimientos que nos ha llevado a cometer este error y buscar una solución para que no se vuelva a repetir.
ーSi, pero ahora a ver quien se atreve a meter nada nuevo en producción, ーdigo yo mientras le sigo de vuelta a la oficina.
ーJaja, si tienes miedo de cometer errores nunca podrás ser bueno!, ーme dice el mientras se coloca otra vez las gafas de sol y estornuda al salir a la calle. Es primavera y él tiene una alergia horrible. ーPor eso yo soy tan bueno, ーcontinúa, ーporque no hago más que cometer errores.

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2o11 - La Isla

Apr 16, 2012 @ 10:38 am by CaDs

Entradas Previas:
2o11 - Dos cosas en el mismo lugar al mismo tiempo
2o11- Tenía que estar aquí
2o11 - En Medio del Bosque
2o11 - Dos rocas unidas por una cuerda
2o11 - En otro lugar
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A mi alrededor puedo escuchar ese sonido particular que emite la tierra cuando tiembla, puedo escuchar como las puertas chocan entre sí y puedo escuchar como las ventanas vibran.Pero durante un instante nuestros labios se han juntado y para mi sólo importa eso.

No puedo decir cuanto tiempo ha durado el temblor, para mí el tiempo en este momento transcurre de una manera completamente diferente. Puedo percibir como cada segundo se desgaja en milésimas y cada una de ellas dura lo suficiente como para colmar tres vidas humanas.

En todo ese tiempo puedo notar como la adrenalina va inundando lentamente mi cuerpo, percibo como mi sistema nervioso transmite sin cesar mensajes encriptados que desencadenan reacciones de lo más curiosas.

A mi en ese momento me da igual todo, se que Ella está en mis brazos y puedo sentir el sabor de su boca en mis labios. En ese momento todo lo demás carece de importancia, tengo la total certeza de que cada uno de los días que he vivido hasta entonces me han llevado justo a este momento, que no hay otro lugar en el que pudiera estar.

Acaricio su rostro y entonces me doy cuenta de que sus mejillas están húmedas. Entonces el tiempo vuelve a acelerarse.
Ella está llorando, lo noto antes de abrir los ojos. Cuando los abro su boca ya no está junto a la mía, Ella mira asustada en todas direcciones. El temblor no para, el sonido si acaso, aumenta de intensidad. O son los latidos que salen de mi pecho lo que escucho?
Me niego a reaccionar, tratando de alargar esas milésimas de segundo que de pronto vuelven a transcurrir a la velocidad de la luz. Pero el momento ha pasado, Ella está asustada, puedo verlo en su rostro. Trata de sujetarse a las paredes con sus manos, guardando el equilibrio mientras me pide con sus ojos que haga algo.

The Island

Pero no hay nada que pueda hacer, la tierra tiembla, cada vez con mayor intensidad. Como si el mundo que conocemos ahí fuera estuviera a punto de quebrarse y desaparecer. Lo único que se me ocurre es agacharnos en medio del pasillo donde estamos y cubrirla con mi cuerpo.
Ahí entre mis brazos, puedo ver su cuerpo desnudo temblando de miedo, sus ojos llenos de lágrimas rebosan miedo y reproche cuando se cruzan con los míos. Y mientras el suelo sigue temblando yo no siento nada. No puedo sentir nada, en ese momento mi cuerpo tiene tal sobrecarga de sensaciones que cualquier otra emoción simplemente no permea.

The Island

—Tu sabes que te quiero verdad? —De pronto ese recuerdo se abre paso en mi cabeza. El haber pronunciado esas palabras me resultaba extrañamente familiar. El escenario era otro, claro está. No se trataba de mi pequeño apartamento en Tokyo, y mucho menos en medio de un terremoto. No se bien por qué, pero el recuerdo venía acompañados del murmullo del mar y el incesante sonido del viento.
Estábamos en una isla, ahora el recuerdo se iba haciendo más tangible. Hacía mucho tiempo de eso, casi tanto que parecía otra vida. No había ningún cable alrededor nuestro, lo cual era de agradecer y en el cielo sólo había una luna medio cubierta por las nubes. Ella y yo estábamos sentados en la arena de la playa, era de noche, casi de madrugada.
Habíamos decidido pasar unos días de vacaciones fuera, no lograba recordar el motivo exacto, pero una cosa había llevado a otra y al final, habíamos terminado pasando un par de noches en una diminuta isla tropical.

The Island

Nos habíamos dado cuenta al poco de llegar de que no había mucho que hacer en una isla, al menos no en una tan pequeña como aquella, así que después de recorrerla paseando un par de veces, de nadar y tomar el sol, caímos en la cuenta de que tal vez un par de noches eran demasiadas noches.

Con el cambio horario, dormir era todo un desafío, así que tras tratar de dormir sin éxito salimos de nuestra cabaña para caminar un rato y ver las estrellas sentados a la orilla del mar.
Viviendo en la ciudad, las ocasiones de ver las estrellas son pocas, pero en medio del océano, en aquella diminuta isla y sin ninguna fuente de luz a kilómetros a la redonda, el cielo nocturno era todo un espectáculo.

Recuerdo que Ella hablaba de sus aspiraciones y de sus sueños, de los lugares que quería visitar y de las cosas que quería hacer una vez llegara allí. En mi recuerdo yo sólo la escuchaba, miraba cómo ella soñaba con los ojos abiertos sonriendo sin reparos por primera vez en mucho tiempo.
Frente a nosotros sólo se extendía el mar y la noche y si a alguno de los dos le importaba en lo mas mínimo nuestra presencia, se cuidaron mucho de demostrarlo en ningún momento.
Ella también hablaba de sus temores, de aquello que temía no poder hacer. Cuando lo decía sus ojos se entrecerraban ligeramente, como si tuviera dificultades para escoger las palabras adecuadas y tuviera que hacer un esfuerzo para seleccionarlas. Cada vez que hacía aquello mi corazón se aceleraba y no podía evitar que una sonrisa asomara en mi rostro.

The Island

—Tu sabes que te quiero verdad?, —en algún momento no pude refrenarme y las palabras se escaparon de mi boca. Ella dejó de hablar y durante algunos segundos el sonido del viento llenó el silencio que se abrió entre nosotros.
—Me quieres? querer es una palabra muy fuerte no crees? no deberías de usarla a la ligera, —dijo ella mirando hacia el horizonte.
—No lo hago, te he querido desde el primer momento que te vi, —le respondo. La marea se va acercando lentamente hacia nuestros pies, ola tras ola la espuma del mar iba dejando surcos que se acercaban hacia nosotros. —No puedo imaginarme de otra manera que no sea estando a tu lado.
—Crees que deberíamos de hablar de esto ahora?, —dice Ella tras unos segundos de silencio. No hace falta que la mire para saber que ahora también le cuesta buscar las palabras adecuadas. —Yo…

The Island

Entonces me doy cuenta de que el suelo ha dejado de temblar. Me levanto y camino hacia la cocina. Se han caído un par de vasos que tenía secando y hay cristales por todas partes. En el salón varios libros se han caído de las estanterías, pero a parte de eso no veo nada grave.
—Ten cuidado, hay cristales por todas partes, —la digo cuando veo que ella comienza a incorporarse. La doy la mano para ayudarla y la doy mis zapatillas de andar por casa para que no se corte.
Comienzo a barrer los cristales esparcidos por el suelo mientras ella se cubre con la toalla y se va al cuarto a buscar su ropa.
Pongo la televisión, en todas las cadenas se habla del terremoto. Ha sido uno grande, todavía la información que llega es aproximada.
—Las líneas de tren han dejado de funcionar, —la digo mientras tiro a la basura los últimos trozos de cristal que he podido encontrar. —Parece que ha sido uno grande.
Cuando me doy cuenta de que no contesta me asomo por la puerta y la veo sollozando mientras se pasa por encima de la cabeza una de mis camisetas.
—Tranquila, no pasa nada, todo está bien, —la digo mientras la acaricio la cabeza. Ella no dice nada, solo entierra su cabeza contra mi pecho y sigue sollozando sin parar.
La noche transcurre de esta manera, Ella, en algún momento se queda dormida y yo sigo acariciando su cabeza mientras escucho las noticias, de vez en cuando algún que otro temblor vuelve a sacudirnos pero nada tan fuerte como el primero. Al cabo de un rato me aburro de escuchar las mismas noticias y apago la televisión.
Por la ventana puedo ver que la noche está completamente despejadas, las dos lunas brillan sobre Tokyo bañando la ciudad con su fría luz.
En algún momento debo quedarme dormido, cuando me despierto es por la mañana y Ella se despereza entre mis brazos.
—He tenido un sueño rarísimo, me dice entre bostezos casi en voz baja.
—No me extraña, después del temblor de anoche lo raro sería dormir sin soñar algo raro.
—Soñé con una tormenta en el mar, —continua Ella como si nada, —el viento soplaba constantemente, y tu me decías…
—Ah, como aquella vez en esas vacaciones que pasamos en la isla no?, que raro, yo me acordé de eso mismo anoche, —la digo yo mientras me estiro. He dormido en una mala postura y el cuello me está matando.
— Vacaciones? —continua Ella tras unos segundos de silencio, —de qué estás hablando? nunca hemos ido de vacaciones juntos.
Entonces me doy cuenta de que es cierto, nunca hemos estado juntos de vacaciones, de echo, nos habíamos conocido no hacía demasiado tiempo. Pero estaba seguro de que esos recuerdos eran reales…

continuará…

Una pizca de locura

Apr 12, 2012 @ 08:00 am by CaDs

Hoy me he dado cuenta de algo que no me había pasado antes. Cierto es que de un tiempo a esta parte, diversos compromisos, o el mismo estilo de vida que impone Tokyo me mantiene bastante ocupado día a día y debido a ello las entradas en este blog han ido disminuyendo poco a poco.
Pero nunca me había saltado un mes entero sin escribir. Puede parecer una tontería, pero ver en la barra lateral de mi blog, que consistentemente he escrito al menos una vez por mes durante todos estos años era motivo de orgullo.
A partir de ahora tengo que lamentar el vacío que forma el mes de Marzo del 2012 en esta pequeña lista.

Pero bueno, tampoco pasa nada. Marzo ha sido un mes bastante liado y mirando hacia atrás diré que han sido muchas las cosas que me han mantenido ocupado.

Para empezar, y después de varios años sin pisar el país volví a Panamá por unos 10 días de vacaciones por allí. Inicialmente la idea era terminar de cerrar unos asuntos pendientes que tenía por allí (Cuentas de banco y demás males) pero la cosa terminó en unas verdaderas vacaciones acompañado de varios amigos que vinieron desde Japón o desde España.

Panama

Volver a Panamá me resultó bastante extraño y me sirvió para darme cuenta de como ha cambiado mi vida desde el tiempo en el que recorría esas calles a diario. Ahora mismo se me antoja una vida completamente diferente, y muy probablemente sea así.
Aproveché para visitar el archipiélago de San Blas, comarca Kuna Yala o como se llame ahora (tengo entendido que lo cambian cada cierto tiempo)
Nos quedamos un par de noches en unas cabañas en Isla Aguja, una pequeña isla dentro del archipiélago donde lo único que había era mar, arena y el incesante viento que nos acompaño desde que pusimos un pie en ese pequeño pedazo de tierra hasta que nos despedimos.

Pasar del ritmo incesante de Tokyo a estar en medio de una isla en el caribe en cuestión de horas, fue una experiencia interesante. Dos días en los que lo único que hice fue dormir, nadar, contemplar el paisaje y reflexionar sobre tal vez demasiadas cosas.

Panama

El viaje a Panamá me dejó una pequeña propina y es que pudimos visitar de pasada y casi a la carrera a Sara que se nos ha ido a vivir a Nueva York y a la que tenía unas ganas enormes de ver.

Manhattan

Antes de eso, y aprovechando que daba una especie de conferencia en Digital Garage, tuve la oportunidad de conocer a Yukihiro Matsumoto el creador de Ruby, y un tío de lo más simpático.

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Para cualquiera que no sepa lo que es Ruby pues este señor le dará igual, pero a mi me había mucha ilusión conocerle. Llevo ya varios años ganándome la vida con Ruby y cada día disfruto más programando con este lenguaje.
No solo tuve la oportunidad de conocerle sino que gracias a Héctor, que le dio un ataque de “carpe diem” conseguí que me firmara la macbook air que acababa de comprar unos días atrás.

Casi todas las fotos que he subido hasta ahora son de Kirai (gracias crack!) y es que hace algunos meses vendí mi D90 y al poco mi la pantalla de mi Ricoh GR3 se rompió, así que he estado sin cámaras todos estos meses.
Me las he arreglado con la cámara del IPhone y el Instagram para quitarme el mono (mi usuario es @cdonderis si queréis agregarme) y tirando fotos a ciegas con la Ricoh.

Y es que, mes tras mes, estaba esperando a que saliera la Nikon D800 para pasarme al mundo del Full Frame.
Finalmente hace un par de semanas me la mandaron desde Amazon.jp y desde entonces cuando termino de trabajar salgo a patear las calles de Tokyo otra vez tratando de dominar a esta bestia.

花見 Hanami

中目黒の花見

渋谷 Shibuya

También tuve la oportunidad de conocer a Andres Pascual, el autor de El Haiku de las Palabras Perdidas, una gran persona y aún mejor escritor. Si no habéis leído su libro os lo recomiendo desde ya.

Y básicamente eso ha sido Marzo y parte de Abril, código, aviones, reencontrar viejos amores que se convierten en recuerdos y sonrisas, perseguir sin lograr alcanzar del todo a los nuevos, gastar, llorar, reír y vivir, vivir plenamente los días añadiendo una pizca de locura a cada uno por aquello de no repetir lo mismo.

Nos vemos por aquí pronto!