Visitando Okinawa
El fin de semana pasado Antonio y yo fuimos a visitar a Alain que se ha ido a vivir a Okinawa.
Al principio pensaba que el viaje a Okinawa saldría caro, a fin de cuentas está en la otra punta del país, pero resulta que si compras los billetes con la suficiente antelación SkyMark tiene muy buenos precios. A nosotros nos costó un poco pero al final logramos los billetes de ida y vuelta por unos 18.000 Yenes.
El viaje duró cerca de 3 horas que se pasaron enseguida porque la pasamos con la pachorra, charlando y echando unas risas en el avión.
Al llegar a Naha, lo primero que me llamó la atención fue lo grande que es el aeropuerto, nosotros sólo visitamos la terminal de vuelos nacionales y ya era tan grande como el aeropuerto de Tocumen en Panamá o alguna de las terminales de Barajas.
Naha en sí no es muy grande, tiene cerca de 320.000, y acostumbrado a Tokyo parecía pequeña. No hay demasiados edificios y el monorail que conecta la ciudad es visible desde muchos puntos de la ciudad.
Nosotros cogimos un Taxi que nos llevó hasta casa de Alain, el taxista se sorprendió bastante al oírnos hablarle en Japonés, al parecer están más acostumbrados a los turistas que hablan inglés, o a los norte americanos que trabajan en las bases militares.
El hombre era bastante majete y al poco nos empezó a explicar cómo decir “gracias” o buenos días en okinawense. A mi se me ha olvidado por completo (bastante tengo con el japonés) pero sí puedo decir que era completamente diferente.
Esa fue la primera pista de muchas para darme cuenta de que Okinawa, a pesar de pertenecer oficialmente a Japón, es un país completamente diferente.
Antiguamente las islas de Okinawa formaban el reino de Ryukyu y rendían tributo a China. No fue sino hasta una poderosa ocupación militar durante la restauración Meiji, que Okinawa se creó como prefectura de Japón.
A partir de ahí las relaciones entre Japón y Okinawa nunca parecen haber cuajado del todo, siendo la Batalla de Okinawa el capítulo más reciente en esta espinosa historia.
Okinawa a día de hoy es completamente diferente de cualquier otro sitio que he visitado por aquí, realmente se siente como un país diferente, a pesar de que todos hablan japonés y los kanjis y los kanas están por doquier.
Si tuviera que compararlo con algo diría que se parece a florida por el clima y por la ambientación de las calles, y a la zona del Canal de Panamá por el paisaje típico que forman las bases americanas allí donde colocan sus cimientos.
Alain se encargó de enseñarnos las dos facetas de la vida nocturna, por un lado los clubs de “Solo Japoneses” en los que, por regla general, los extranjeros no son bienvenidos (aunque nosotros pudimos entrar porque íbamos acompañados de japoneses y teníamos el carnet de extranjeros) y los clubs normales en los que los que cualquiera puede entrar ( y que vienen siendo un patio de recreo en los que los soldados americanos hacen más o menos lo que les da la gana).
Lo mejor es que ambas variantes ofrecen una barra libre con la entrada (2000 yenes) con lo que una vez dentro puedes beber lo que te de la gana, siendo el aguamori, la bebida local, lo que más abunda por ahí.
Yo probé el aguamori y no me gustó mucho, y la resaca del día siguiente me gustó aún menos.
A pesar de eso disfruté un montón del viaje, de la compañía, de las vistas y de las risas.
Volveré a Okinawa en cuanto comience el buen tiempo, en esta vuelta nos llovió casi todo el día y nos perdimos las playas de arena blanca y agua transparente.














