Otoño 2010
Si tuviera que definir mi vida en un tag a día de hoy, sería trabajo.
No necesariamente trabajo que realizo, si no trabajo en el que pienso, con el que me obsesiono, con el que puede estar por llegar, por el que no acaba de aparecer. Por el que me esquiva o por el que yo decido evitar.
Nunca me imaginé que hubiera tantas maneras diferentes de percibir el trabajo…
El otoño siempre ha sido mi estación favorita. Suele ser la época en la que me siento más inspirado, más creativo y en la que planeo los proyectos que quiero emprender para el próximo año.
Este otoño no he tenido la oportunidad de pararme a pensar, y tal vez sea por eso que, a veces, me da la sensación de ir dando tumbos de un lado para otro sin tener claro que leches estoy haciendo.
A veces descubro metas o ideas que no son mías rondando por mi cabeza al más puro estilo Inception. Hay días en las que se camuflan perfectamente, y días en los que mi subconsciente se rebela y ataca al pensamiento intruso.
Ojo, no me quejo. No quisiera estar haciendo nada diferente en este momento. Hace tiempo alguien me dijo aquello de “cada uno lleva la vida que quiere” y así es.
Es solo que me gustaría recuperar esa parte de mi que me hacía disfrutar de los colores del otoño y dejar de verlo todo en blanco y negro.







