Dormí algo así como 12 horas seguidas. Cuando me desperté la cama era un charco de sudor, pero en lo personal me encontraba muchísimo mejor.
Tal vez sería la ensalada de pastillas para el resfriado que me había tomado la noche anterior o la famosa agua mágica, pero el caso es que me encontraba francamente bien.
Así que tras pasar tranquilamente por el ofuro, me reuní con mis compañeros de viaje y partimos rumbo a la estación de tren.
Teníamos una reserva en el Shinkansen de Kyoto hasta Hiroshima, así que tras encontrar el andén (después de una semana y pico en Japón ya te apañas bastante bien en las estaciones) nos sentamos a ver pasar kilómetros y kilómetros por la ventanilla.
Eventualmente me quedé dormido, así que cuando me quise dar cuenta, estaban anunciando que llegábamos a nuestro destino, la ciudad de Hiroshima.
Nuestro plan era salir muy temprano, llegar a Hiroshima a primera hora de la mañana y cruzar en el Ferry hasta la isla de Miyajima. Visitar toda la isla y por la tarde, regresar a Hiroshima para visitar el Parque de la Paz de Hiroshima.
El viaje en ferry duró poco más de 10 minutos, la verdad es que Miyajima está realmente cerca de la ciudad.
Esta isla está considerada como sagrada, está llena de ciervos por todas partes y en las montañas podéis encontraros con algún que otro mono.
Como curiosidad, leí por algún lado que no estaba permitido nacimientos ni defunciones en esta isla, ya que se considera territorio de los dioses. Aunque no se si esta ley siga vigente o no en la actualidad.
Al poco de salir del ferry te encuentras con una pequeña avenida llena de tiendas y comercios. Si tomáis el camino de la derecha, llegaréis al santuario de Itsukushima, donde si tenéis suerte podréis sacar una foto de una de las vistas más conocidas de Japón. La puerta del santuario de Itsukushima.
La visita al templo en sí casi que os la podéis ahorrar, al menos si, como nosotros, lo pilláis con la marea baja. Gran parte del santuario se asienta sobre enormes pilares que sostienen pasarelas que recorren el recinto. Todo esto sobre la arena del mar.
Pero si la marea está baja, sólo veréis un montón de pasarelas que transcurren sobre la arena de la playa.
Como se nos hacía algo tarde, decidimos visitar el monte misen, que es el punto más elevado de la isla, y mientras buscábamos la mejor manera de llegar, escuchamos una voz en perfecto castellano que nos recomendaba tomar el teleférico.
Cuando fuimos a ver, se trataba de Juan Carlos, un español casado con una Japonesa que llevaba un montón de años viviendo en Hiroshima.
El tío la verdad es que era un figura, porque nos contaba que cada vez que la asistenta venía a su casa a limpiar, el se tenía que ir fuera de la casa (a pesar de que le insistí un par de veces, el jodío no nos quiso decir el por qué) y se iba a pasear con su bicicleta por Miyajima.
El tío estaba de vuelta de todo, y nos contó un montón de anécdotas que le habían pasado viviendo en Japón, nos recomendó un par de libros de cultura japonesa (The Japanese Mind) y también nos recomendó que si queríamos ver cosas realmente raras visitáramos un par de Sex Shops en Ikebukuro.
Como se nos echaba el tiempo encima y como ya llevábamos casi una hora de charla, nos despedimos, nos metimos un buen ramen para el buche y fuimos en busca del teleférico que nos subiría hasta el monte misen.
Si vais con tiempo yo os recomiendo que cojáis sólo el billete de subida (bueno si tenéis tiempo y huevos subid y bajad andando) porque la bajada del monte Misen es realmente bonita.
Una vez arriba, hay una senda que va rodeando la cima hasta llegar al pico más alto donde se encuentra el mirador. Que no os engañen las apariencias, es un trecho largo!
Y por las malditas prisas nosotros casi lo hicimos a la carrera, apenas parando para hacer un par de fotos y a sentarnos a descansar cuando ya podíamos más.
Cuando llegamos a la cima había sudado tanto que mi ropa estaba completamente empapada. Literalmente.
Pero las vistas compensaron el esfuerzo con creces.
De ahí desandar lo andado (agüita…) bajar en el teleférico lamentando no tener tiempo de bajar por la senda forestal, corre que te corre que perdemos el ferry y de camino a Hiroshima.
Cuando bajamos del monte misen ya estaba atardeciendo, y la marea había subido bastante, así que tanto el santuario de Itsukushima como la puerta de la entrada se veían espectaculares.
De vuelta en Hiroshima cogimos un bus que nos dejaba cerca del Peace Memorial Park y al poco de caminar llegamos al parque.
Realmente me sorprendió Hiroshima. No podía creer que en esa ciudad, llena de coches, gente, parques y edificios por todas partes hubiera caído una bomba atómica hace algunos años.
Pero si, si cayó, y basta darse un paseo por los diversos monumentos para hacerse una idea de la barbaridad que cometieron los americanos al lanzar una bomba atómica sobre una ciudad llena de civiles.
Me pareció muy interesante visitar el museo de la paz, había muchas cosas que desconocía a cerca de lo sucedido, y lo cierto es que me estremeció bastante.
De ahí dimos un paseo hasta una estación de tren cercana, cogimos nuestra conexión con el tren bala y en unas horas estábamos de regreso en Kyoto.
Como estábamos bastante machacados, decidimos cenar en uno de los muchos restaurantes de la estación, y entramos en uno especializado en Tonkatsu.
Decir que es el mejor Tonkatsu que he comido hasta la fecha sería quedarse corto.
Luego estuvimos charlando y paseando por la estación mientras veíamos como comenzaban a colocar los adornos navideños, viendo cómo la gente iban y venían y digiriendo todo lo que habíamos visto ese día.
Un día francamente increíble, si no fuera porque al llegar al hotel me dí cuenta de que mi IPhone había desaparecido.
Lo había echado en falta al llegar a Miyajima por la mañana, pero pensé que me lo habría dejado en la habitación. Pero no, no estaba.
Así que bajé a la recepción a preguntar por si se me hubiese caído por ahí, pero nada, lo había perdido.
Me recomendaron que preguntara en el mostrador de objetos perdidos por si se me hubiera caído en el tren, pero como ya era tarde, y como al día siguiente teníamos pensado visitar Nara, me dije que ya lo preguntaría al día siguiente.
Continuará….
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