Viaje a Japón: Día 7
“Me siento fatal”
Ese fue el primer pensamiento que se me vino a la cabeza cuando sonó el despertador.
Había pasado una noche horrible, mi yukata estaba empapada en sudor, y tenía esa sensación el desagradable regusto de la enfermedad en mi garganta.
Pasaron unos segundos en los que realmente estuve pensando en quedarme en el hotel ese día. Afortunadamente no fue así.
Después de arrastrarme al baño y de darme una buena ducha caliente, me vestí como pude y me encontré con mis dos compañeros de viaje, los cuales al verme cruzaron alguna que otra mirada de preocupación.
“Me siento fatal, pero debo de verme aún peor” pensé para mis adentros.
Esa mañana habíamos planeado visitar el Fushimi Inari-Taisha, uno de los templos más fotografiado y filmado de Kyoto. Recordáis aquella escena en Memorias de una Gheisha en la que Sayuri atraviesa corriendo un tunel de puertas anaranjadas?
Bueno pues no es un tunel, es uno de los pasajes que podéis encontrar en el Fushimi Inani-Taisha.
Este templo, situado en Fushimi-ku, está dedicado al dios Inari, el dios del comercio.
Por eso cada una de esas puertas, o toris en japonés, está donada por alguna empresa o compañía (de ahí que haya tantas).
De hecho hay tantos toris donados, que literalmente dan la vuelta a una montaña!
Para llegar cogimos un tren que nos dejó en la estación de Fushimi. De ahí no hay pérdida porque veréis varios mapas y signos por el camino.
Al bajarnos del tren nos recibió una lluvia ligera pero constante. Suerte que esta vez me había traído mi impermeable.
Así pues llegamos a la base del templo, compramos las entradas…
… y al poco comenzamos a ver los primeros toris.
Si planeáis visitar este templo tenéis que tener claro algunas cosas.
Si lo queréis recorrer en su totalidad, estad preparados para caminar, porque el templo serpentea a lo largo de las laderas del monte Inari y es una buena caminata.
También os digo que merece completamente la pena.
El templo es tan popular que suele estar siempre lleno de turistas, pero ya fuera por que fuimos a primera hora de la mañana, o por el mal tiempo de aquel día, el lugar estaba prácticamente desolado.
Poder pasear bajo los toris, con el bosque del monte Inari alrededor, sobre la piedra mojada y escuchando el sonido de la lluvia alrededor fue una experiencia que, a pesar de lo mal que me sentía, rejuvenecía completamente el espíritu.
Aquí os dejo algunas fotos del trayecto.
A lo largo del camino se pueden encontrar pequeños santuarios dedicado al dios, y que no os extrañe ver estatuas de zorros (Kitsune) por el lugar. Son los mensajeros y habitualmente los veréis llevando un pergamino en su boca o una llave.
También podéis encontraros algún que otro gato, como este de aquí, que nos estuvo acompañando un rato. Y eso que estaba lloviendo!
A medida que íbamos ascendiendo se iba espesando la niebla a nuestro alrededor. Dándole al paisaje un aire aún más etéreo. Había ocasiones en las que parecía estar caminando por algún decorado de película.

Este sitio me recordaba a alguna escena del Viaje de Chihiro

Y este otro parece salido de una película de Kurosawa

Una de mis fotos preferidas del viaje
Al llegar a la cima del monte podéis ver varias estatuas del dios, fuentes para purificarse y campanas para llamar a los dioses.
También hay unas esterillas de madera donde le gente coloca sus tarjetas para procurarse suerte y fortuna en sus negocios.
Por supuesto yo dejé unas monedas, di un par de palmadas, hice mis peticiones, di otro par de palmadas y coloqué mi tarjeta ahí.
Después comenzamos el descenso por la otra ladera de la montaña, desandando el camino, perdiéndonos por senderos cubiertos por la niebla.
A estas alturas yo creo que la fiebre me debía de estar subiendo, así que dejamos atrás el Fushimi Inari-taisa. Yo estaba barajando la opción de regresar al hotel porque me sentía francamente mal, así que propuse ir a la estación de tren para regresar a Kyoto y volver al hotel mientras Oscar y Rafa visitaban el Kiyomizu-dera.
Rafa, haciendo caso de su infalíble sentido de la orientación, se las apañó para meternos por una carretera perdida de la mano de dios en la que las indicaciones brillaban por su ausencia y por la que muy de vez en cuando pasaba algún que otro coche aislado.
Pero después de dedicarle alguna que otra furibunda mirada, dimos con las callecitas típicas de un vecindario japonés, y según tratábamos de orientarnos para volver a la estación de tren nos topamos con la entrada de otro templo.
Yo realmente necesitaba sentarme y descansar un poco, y sobre todo beber algo caliente porque comencé a tener escalofíos. Y como dentro del templo vi que tenían una máquina expendedora de café aprobé la moción de entrar.
Dio la casualidad que sin proponérnoslo encontramos el Tōfuku-ji, el templo con el jardín de piedra más hermoso que vi en Japón.
Así que entramos al templo, y aprovechando que volvíamos a estar en una zona civilizada, entré a hacer uso del baño. En Japón son famosos los WC con todo tipo de funciones automáticas de limpieza e incluso los hay que en invierno, calientan la taza el WC!
Pero hay lugares en Japón, sobre todo fuera de las grandes ciudades, donde estos lujos íntimos dan lugar al baño tradicional Japonés.
Dentro del Tōfuku-ji pudimos ver varios jardines de musgo que, bañados por el agua de la lluvia, parecían invitar a la meditación.
Además de estos jardines de musgo, el mayor recuerdo que me llevo este templo es de sus pequeños rincones, y el de sus jardines de piedra.
Terminada la visita era casi el medio día, así que nos montamos en el siguiente tren que regresaba a Kyoto central y comimos por la zona de la estación.
Tal vez era el paseo por los jardines de musgo, o por la meditación frente a los jardines zen …. o por las pastillas, la fiebre o el resfriado ya habían convertido mi consciencia en una especie de toalla mojada y arrugada, pero yo estaba más allá del malestar y el dolor.
Así que cuando mis compañeros dijeron que se marchaban a visitar el Kiyomizu-dera, les dije que me apuntaba.
No os voy a engañar, yo en ese momento era poco más que un saco de estornudos, escalofríos y murmullos raros, así que entendí perfectamente la mirada de “este se nos ha vuelto loco” que me dirigieron.
Pero al final me fui con ellos a visitar el que llamaré “Supermercado de los deseos”
El Kiyomizu-dera comprende varios templos y santuarios en su recinto. Es uno de los templos más populares de Kyoto y forma parte del conjunto de templos que son patrimonio de la humanidad.
Pero es criticado por la cantidad de artículos, amuletos, oraciones y, en general, supercherías varias que están a la venta en este lugar.
Hay amuletos para la suerte, la salud, el amor. Piedras y tablas para los deseos y estatuas mágicas a disposición de todos aquellos que quieran gastarse su dinero en ellas.

Estatua del dios del amor. Anuncia una línea en el suelo en la que si llegas de un extremo al otro con los ojos cerrados, encontrarás el amor verdadero
Pero también hay una de las mejores vistas de la ciudad de Kyoto desde la balconada de uno de los santuarios.
Mis amigos me contaron medio en broma medio en serio, que había una fuente cuyas aguas curaban todas las enfermedades, y como las pastillas no parecían hacer efecto, a mi me pareció una buena idea probarla.
Me sorprendió ver que, incluso en un templo en las montañas de Kyoto, los japoneses se las arreglan para tener la última tecnología a su alcance.
Los cazos de los que la gente bebe en la fuente, se meten después de que cada persona bebe, en una máquina que los desinfecta usando luz ultravioleta!
Así que tomé mi cazo, lo llené de agua y me lo bebí como buenamente pude.
Ya estaba atardeciendo cuando terminamos de dar todas las vueltas, y yo me sentía francamente mal, así que a la salida del templo esta vez sí que me despedí de mis amigos, cogí un autobús y llegué al hotel como buenamente pude.
Debían de ser las 6 de la tarde cuando me metí en la cama…y caí dormido completamente hasta el día siguiente.
Continuará…
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