Viaje a Japón: Día 7

May 20, 2010 @ 10:10 am by CaDs

“Me siento fatal”
Ese fue el primer pensamiento que se me vino a la cabeza cuando sonó el despertador.
Había pasado una noche horrible, mi yukata estaba empapada en sudor, y tenía esa sensación el desagradable regusto de la enfermedad en mi garganta.
Pasaron unos segundos en los que realmente estuve pensando en quedarme en el hotel ese día. Afortunadamente no fue así.

Después de arrastrarme al baño y de darme una buena ducha caliente, me vestí como pude y me encontré con mis dos compañeros de viaje, los cuales al verme cruzaron alguna que otra mirada de preocupación.
“Me siento fatal, pero debo de verme aún peor” pensé para mis adentros.

Esa mañana habíamos planeado visitar el Fushimi Inari-Taisha, uno de los templos más fotografiado y filmado de Kyoto. Recordáis aquella escena en Memorias de una Gheisha en la que Sayuri atraviesa corriendo un tunel de puertas anaranjadas?
Bueno pues no es un tunel, es uno de los pasajes que podéis encontrar en el Fushimi Inani-Taisha.

Este templo, situado en Fushimi-ku, está dedicado al dios Inari, el dios del comercio.
Por eso cada una de esas puertas, o toris en japonés, está donada por alguna empresa o compañía (de ahí que haya tantas).
De hecho hay tantos toris donados, que literalmente dan la vuelta a una montaña!

Para llegar cogimos un tren que nos dejó en la estación de Fushimi. De ahí no hay pérdida porque veréis varios mapas y signos por el camino.

Al bajarnos del tren nos recibió una lluvia ligera pero constante. Suerte que esta vez me había traído mi impermeable.
Así pues llegamos a la base del templo, compramos las entradas…

DSC_9579

… y al poco comenzamos a ver los primeros toris.

DSC_9569

Si planeáis visitar este templo tenéis que tener claro algunas cosas.
Si lo queréis recorrer en su totalidad, estad preparados para caminar, porque el templo serpentea a lo largo de las laderas del monte Inari y es una buena caminata.

También os digo que merece completamente la pena.

Fushimi Inari Taisha

El templo es tan popular que suele estar siempre lleno de turistas, pero ya fuera por que fuimos a primera hora de la mañana, o por el mal tiempo de aquel día, el lugar estaba prácticamente desolado.

Poder pasear bajo los toris, con el bosque del monte Inari alrededor, sobre la piedra mojada y escuchando el sonido de la lluvia alrededor fue una experiencia que, a pesar de lo mal que me sentía, rejuvenecía completamente el espíritu.

Aquí os dejo algunas fotos del trayecto.

Fushimi Inari Taisha

Fushimi Inari Taisha

DSC_9596

A lo largo del camino se pueden encontrar pequeños santuarios dedicado al dios, y que no os extrañe ver estatuas de zorros (Kitsune) por el lugar. Son los mensajeros y habitualmente los veréis llevando un pergamino en su boca o una llave.

Fushimi Inari Taisha

También podéis encontraros algún que otro gato, como este de aquí, que nos estuvo acompañando un rato. Y eso que estaba lloviendo!

DSC_9636

A medida que íbamos ascendiendo se iba espesando la niebla a nuestro alrededor. Dándole al paisaje un aire aún más etéreo. Había ocasiones en las que parecía estar caminando por algún decorado de película.

DSC_9644
Este sitio me recordaba a alguna escena del Viaje de Chihiro

DSC_9609
Y este otro parece salido de una película de Kurosawa

Fushimi Inari Taisha
Una de mis fotos preferidas del viaje

Al llegar a la cima del monte podéis ver varias estatuas del dios, fuentes para purificarse y campanas para llamar a los dioses.
También hay unas esterillas de madera donde le gente coloca sus tarjetas para procurarse suerte y fortuna en sus negocios.
Por supuesto yo dejé unas monedas, di un par de palmadas, hice mis peticiones, di otro par de palmadas y coloqué mi tarjeta ahí.

Card | Tarjeta | Meishi (名刺)

Después comenzamos el descenso por la otra ladera de la montaña, desandando el camino, perdiéndonos por senderos cubiertos por la niebla.
A estas alturas yo creo que la fiebre me debía de estar subiendo, así que dejamos atrás el Fushimi Inari-taisa. Yo estaba barajando la opción de regresar al hotel porque me sentía francamente mal, así que propuse ir a la estación de tren para regresar a Kyoto y volver al hotel mientras Oscar y Rafa visitaban el Kiyomizu-dera.

Rafa, haciendo caso de su infalíble sentido de la orientación, se las apañó para meternos por una carretera perdida de la mano de dios en la que las indicaciones brillaban por su ausencia y por la que muy de vez en cuando pasaba algún que otro coche aislado.

Pero después de dedicarle alguna que otra furibunda mirada, dimos con las callecitas típicas de un vecindario japonés, y según tratábamos de orientarnos para volver a la estación de tren nos topamos con la entrada de otro templo.

Yo realmente necesitaba sentarme y descansar un poco, y sobre todo beber algo caliente porque comencé a tener escalofíos. Y como dentro del templo vi que tenían una máquina expendedora de café aprobé la moción de entrar.
Dio la casualidad que sin proponérnoslo encontramos el Tōfuku-ji, el templo con el jardín de piedra más hermoso que vi en Japón.

Kyoto

Así que entramos al templo, y aprovechando que volvíamos a estar en una zona civilizada, entré a hacer uso del baño. En Japón son famosos los WC con todo tipo de funciones automáticas de limpieza e incluso los hay que en invierno, calientan la taza el WC!
Pero hay lugares en Japón, sobre todo fuera de las grandes ciudades, donde estos lujos íntimos dan lugar al baño tradicional Japonés.

DSC_9606

Dentro del Tōfuku-ji pudimos ver varios jardines de musgo que, bañados por el agua de la lluvia, parecían invitar a la meditación.

Kyoto

Kyoto

Además de estos jardines de musgo, el mayor recuerdo que me llevo este templo es de sus pequeños rincones, y el de sus jardines de piedra.

Kyoto

Kyoto

Zen

Zen

DSC_9727

DSC_9821

Terminada la visita era casi el medio día, así que nos montamos en el siguiente tren que regresaba a Kyoto central y comimos por la zona de la estación.
Tal vez era el paseo por los jardines de musgo, o por la meditación frente a los jardines zen …. o por las pastillas, la fiebre o el resfriado ya habían convertido mi consciencia en una especie de toalla mojada y arrugada, pero yo estaba más allá del malestar y el dolor.
Así que cuando mis compañeros dijeron que se marchaban a visitar el Kiyomizu-dera, les dije que me apuntaba.

No os voy a engañar, yo en ese momento era poco más que un saco de estornudos, escalofríos y murmullos raros, así que entendí perfectamente la mirada de “este se nos ha vuelto loco” que me dirigieron.
Pero al final me fui con ellos a visitar el que llamaré “Supermercado de los deseos”

DSC_9824

着物

El Kiyomizu-dera comprende varios templos y santuarios en su recinto. Es uno de los templos más populares de Kyoto y forma parte del conjunto de templos que son patrimonio de la humanidad.
Pero es criticado por la cantidad de artículos, amuletos, oraciones y, en general, supercherías varias que están a la venta en este lugar.
Hay amuletos para la suerte, la salud, el amor. Piedras y tablas para los deseos y estatuas mágicas a disposición de todos aquellos que quieran gastarse su dinero en ellas.

Looking for true love?
Estatua del dios del amor. Anuncia una línea en el suelo en la que si llegas de un extremo al otro con los ojos cerrados, encontrarás el amor verdadero

DSC_9874

Pero también hay una de las mejores vistas de la ciudad de Kyoto desde la balconada de uno de los santuarios.

DSC_9857

.

Mis amigos me contaron medio en broma medio en serio, que había una fuente cuyas aguas curaban todas las enfermedades, y como las pastillas no parecían hacer efecto, a mi me pareció una buena idea probarla.
Me sorprendió ver que, incluso en un templo en las montañas de Kyoto, los japoneses se las arreglan para tener la última tecnología a su alcance.

Los cazos de los que la gente bebe en la fuente, se meten después de que cada persona bebe, en una máquina que los desinfecta usando luz ultravioleta!

DSC_9895

Así que tomé mi cazo, lo llené de agua y me lo bebí como buenamente pude.

Ya estaba atardeciendo cuando terminamos de dar todas las vueltas, y yo me sentía francamente mal, así que a la salida del templo esta vez sí que me despedí de mis amigos, cogí un autobús y llegué al hotel como buenamente pude.

Debían de ser las 6 de la tarde cuando me metí en la cama…y caí dormido completamente hasta el día siguiente.

Continuará…
Entradas Relacionadas
Viaje a Japón: Día 6
Viaje a Japón: Día 5
Viaje a Japón: Día 4
Viaje a Japón: Día 3
Viaje a Japón: Día 2
Viaje a Japón: Día 1

Valencia

May 17, 2010 @ 03:51 am by CaDs

La semana pasada la pasé en Valencia, haciendo un curso de desarrollo de aplicaciones para IPhone.

No era la primera vez que visitaba la ciudad, pero sí la primera vez que lo hacía con tiempo y sin coincidir con alguna festividad típica de allí.
Me gustó el ambiente de la ciudad, grande y cosmopolita pero sin las prisas y el estrés que supura Madrid.

En Valencia todavía encuentras sitios para pasear sin necesidad de cruzarte con nadie o sin escuchar el eterno sonido del conductor desesperado dejándose la vida apretando el botón del claxon.

En especial me gustó el complejo de la ciudad de las artes y las ciencias, un lugar donde poder pasear tranquilamente y disfrutar de una maravilla de la arquitectura moderna.

Aquí os dejo algunas fotos que tomé por ahí.

.

Ciutat de les Arts i de les Ciències

.

.

DSC_1727

DSC_1702

DSC_1767

After Dark

These are not Photographs

May 13, 2010 @ 05:15 pm by CaDs

Después de varias, tal vez demasiadas, horas delante de de un teclado y un monitor tenía la mente más que agotada y cansada.
La idea de pasear las callejuelas de una ciudad desconocida siempre me ha seducido, así que salí de la habitación del hotel aprovechando el frescor de las últimas horas de la tarde.

Tenía en la cabeza una nube de pensamientos molesta y pesada. Como un enjambre de moscas que no logras disipar del todo y que te atontan con su constante zumbido. Demasiados pensamientos e ideas inconexas que me bloqueaban.
Y para despejarme, nada mejor que callejear sin rumbo definido, con las manos en los bolsillos y echando miradas curiosas a transeúntes y callejones.

No se cuanto tiempo pasé así, la verdad es que no me importaba mucho. No tenía ninguna prisa por regresar al hotel, tampoco estaba cansado o tenía sueño, y mi estómago parecía haberse cerrado por completo.
Quería caminar y dejar de pensar.

En un momento cualquiera de mi paseo y tras girar una esquina cualquiera, me llamó la atención un pequeño local.
Tenía una fachada verde oscura, un pequeño farol, y colgando de él, un pequeño letrero donde se leía la palabra café dibujada con unos trazos de corte antiguo con letras blancas.
Una puerta entornada de madera, y un pequeño felpudo terminaban de conformar la curiosa escena.

Sintiéndome atraído por el local entré, pensando en tomar un café y sentarme un rato a leer.
El local era pequeño, unas cuatro o cinco mesas todas ellas con una pequeña lámpara, algunas sillas, una barra y algunos taburetes.
Detrás de la barra una camarera me miró al entrar y volvió a lo que fuera que estaba haciendo, sin dar demasiada importancia a mi presencia.
Como ya era tarde pensé en preguntarle si iban a cerrar antes de sentarme a tomar algo, pero temiendo que la respuesta fuera afirmativa, decidí sentarme en una mesa cualquiera.
Había algo en ese lugar que parecía haberme llamado, y ahí sentado sentí como el zumbido de mi cabeza comenzaba a despejarse lentamente, dejando paso a los acordes de Epistrophy, que sonaba de fondo en el local.

Cuando la camarera se me acercó para tomarme nota, le pregunté por los whiskys que tenían. El café había sido sustituido por un impuso súbito por algo de whisky escocés, y al cabo de unos minutos estaba removiendo con el dedo el par de cubitos de hielo de mi vaso.

Había varias fotos colgada en las paredes del local, todas en blanco y negro y de apariencia bastante vieja. Frente a mi había una con un marco algo destartalado en la que se veía a una mujer caminando decidida por una calle cualquiera ante la mirada, y probablemente los silbidos de varios hombres que estaban matando el tiempo por ahí.
La naturalidad y la fuerza de la fotografía parecía contar toda la historia de lo que estaba pasando.

Aún hoy no se cuanto tiempo pasé ensimismado mirando esa fotografía, se que cuando me quise dar cuenta los cubitos de hielo se habían fundido lo suficiente como para poder dar un par de sorbos a mi bebida.

Me había llamado tanto la atención la foto que me acerqué a ella para poder apreciarla con mayor detalle, con la suerte de que en uno de los márgenes aparecía el nombre de la autora y el título de la fotografía.


Ruth Orkin. American girl in Italy © all rights reserved

Al cabo de un rato salí del local y traté de orientarme.
Había caminado demasiado y sin seguir un rumbo definido, así que no tenía idea de dónde estaba o de como regresar al hotel, así que di un par de vueltas hasta salir a una calle principal y paré al primer taxi que vi para que me llevara a mi hotel.

Tal vez fue el local, la fotografía de la pared, la cantidad de cosas que tenía rondando la cabeza, o la bebida… pero esa noche fue especial para mi.
Recordaba haber estado hablando con un amigo esa misma mañana sobre la obra de Moriyama Daidō y de lo complicadas y sutiles que son sus fotografías, del largo camino que me queda por recorrer y de lo mucho que tengo aún por aprender.

Creo que son momentos anónimos como ese los que hacen despertar pasiones, y los que te animan a mejorarte, a seguir caminando y a comenzar desde el principio nuevamente aún con más ganas y con más determinación.

Al cabo de unos minutos de ver pasar calles y semáforos, llegué a mi hotel. La verdad no pensaba que hubiera caminado tanto.

Subí a mi habitación y tras darme una ducha caliente me senté frente a un teclado y una pantalla nuevamente, y comencé a escribir este post con una frase de Moriyama que había visto en un video horas atrás rondando mi cabeza.

When I put out the book “Shashin yo Sayonara” It was pretty much ignored. Or people would say “Those aren’t photographs.”
But I was making a book that was saying, “These are not Photographs”, so I didn’t care.
Moriyama Daidō

Fotografiando la luz que no se ve

May 03, 2010 @ 04:53 pm by CaDs

Alguna vez he hablado de Tommy Oshima. Es uno de los fotógrafos japoneses cuyo trabajo sigo casi a diario en su galería de flickr y uno de los que yo llamaría maestros de la luz.

Tommy es conocido por su peculiar estilo de fotografía callejera que está a medio camino del cyberpunk y un mundo onírico muy personal al cual nos deja asomarnos de vez en cuando, retratando escenas de una gran belleza pero que a la vez parecen estar “al otro lado del espejo”.

También es bastante conocido por ser el felíz propietario de un leica Noctilux 50mm f 0.95 (si, el precio que marca amazon es correcto) pero eso es otro cantar.

Bien, pues hace unos días leí una entrevista que hicieron al maestro Oshima (la cual recomiendo a todos aquellos a los que les guste la fotografía) y me enteré de que muchas de mis fotos favoritas estaban realizadas usando fotografía infrarroja.

La verdad es que no sabía nada a cerca de este peculiar estilo de fotografía, pero me puse a buscar información y lo que encontré me llamó bastante la atención.

La fotografía infrarroja consiste en usar el espectro de la luz infrarroja para iluminar nuestras fotos. Esta luz es invisible para el ojo humano, pero es emitida por todo cuerpo caliente y tiene diversas aplicaciones tanto científicas como artísticas.


The unforgettable fire by Tommy Oshima

Las fotografías realizadas con esta técnica tienen un aspecto bastante irreal, entre tenebroso y melancólico. Los árboles pierden su verdor en favor de hojas fantasmagóricas de aspecto lechoso, y los cielos se oscurecen entre lóbregos nubarrones.
O esa es la idea en general.

Podéis ver esta búsqueda en flickr para haceros una idea de qué aspecto tiene este tipo de fotografía.

Para tomar este tipo de fotos con una cámara DSLR basta con hacerse con un filtro IR, un trípode y una cámara a ser posible más o menos vieja.

Aclaro lo de más o menos vieja porque por lo que he leído, cuando más nuevo es el sensor de la cámara mayor es el filtrado que realiza el sensor con este tipo de luz, lo que se traduce en tiempos de exposición más largos.

Un filtro IR es un filtro prácticamente opaco a la vista. Deja pasar muy poca luz, por lo que si tratáis de enfocar con el filtro montado en vuestras lentes lo veréis todo prácticamente negro.

Infraworld here I go!

Infraworld here I go!

Pronto descubrí que hacer este tipo de fotografía es bastante laborioso.

Primero se debe de encuadrar la escena, luego se recomienda apagar el autofocus y dejar la cámara en modo manual, seleccionando una velocidad de obturación y una apertura adecuada a la escena que vayáis a tomar.
Esto es porque si dejamos la cámara en prioridad de apertura o en prioridad de disparo, al tener un filtro prácticamente opaco, las mediciones que hará la cámara no serán 100% correctas.
Una vez seleccionada la velocidad y la apertura enroscáis el filtro a vuestra lente con mucho cuidado de no mover el encuadre y click!

IR Photography

Obtendréis una preciosa foto roja!

La luz que pasa por el filtro es de color rojizo, dependiendo del sensor (los hay que están preparados especialmente para este tipo de fotografía) podréis captar más o menos tonalidades de colores, pero al menos en mi caso, las fotos salen rojas.
Nada que no se pueda arreglar con un poco de edición.

Monastery IR
Misma foto pasada a B&W y con el contraste ajustado.

Esta foto es literalmente mi quinto disparo usando este filtro, y si bien da más bien algo de lástima, se puede apreciar la suavidad con la que se comienzan a difuminar las formas de los objetos y lo mucho que cambia el paisaje con este tipo de luz.

Como todo en la fotografía, la práctica hace al maestro. Es importante experimentar con diferentes combinaciones de apertura y tiempo de obturación hasta encontrar poco a poco el toque que más se ajuste a vuestro estilo.

IR Photography

Monastery IR

Monastery IR

Ahora bien, si queréis ver el verdadero potencial de la fotografía infrarroja, os recomiendo que visitéis la coleción Mes nuits sont plus belles que vos jours (mis noches son más hermosas que tus días), donde podéis ver al Maestro Oshima haciéndo básicamente lo que le da la gana con la luz.

Toda una fuente de inspiración