The Rain - Joe Hisaishi
Porque hay días en los que la música se expresa mejor que las palabras.
Porque hay días en los que la música se expresa mejor que las palabras.
What I talk when I talk about running es la última novela de Murakami que me he leído.
Aunque más que novela como tal, es una especie de diario deportivo, cuaderno de pensamientos y experiencias vividas por el autor a lo largo de su carrera como corredor de maratones.
El libro transcurre a lo largo de varias capítulos, o fechas a modo de anotaciones de diario en las que nos encontramos con el autor de vacacionse en Hawaii, viviendo en Boston, o de viaje por trabajo en Tokyo y casi siempre preparandose para alguna maratón.
Por raro que pueda parecer desde fuera, es uno de los libros más divertidos e interesantes de leer con los que me he cruzado. Dejando de lado todo el surrealismo habitual de Murakami, en What I talk when I talk about running el autor nos abre un rincón a su verdadera personalidad, llegando a trasmitirnos su pasión por el atletismo y por la escritura.
No os extrañéis si después de leeros este libro os entran ganas de calzaros las zapatillas y echar unas carreras.
Aquí os dejo un par de mis fragmentos favoritos.
A lot of runners now use iPods, but I prefer the MD player I’m used to. It’s a little bigger than an iPod and can’t hold nearly as much data, but it works for me. At this point I don’t want to mix music and computers. Just like it’s not good to mix friends and work and sex.
As I run I tell myself to think of a river. And clouds. But essentially I’m not thinking of a thing. All I do is keep on running in my own cozy, homemade void, my own nostalgic silence. And this is a pretty wonderful thing. No matter what anybody else says.
El despertador volvió a sonar implacable, mi cuerpo reclamaba más horas de sueño, y elevaba su protesta a modo de piernas doloridas, hombros cargados y una pereza que casi se podía palpar.
Pero haciendo acopio de toda mi voluntad logré arrastrarme hasta la ducha, vestirme y de alguna manera que todavía no recuerdo bien, volver a bajar al lobby del hotel donde al cabo de unos minutos fueron apareciendo Oscar y Rafa.
Era sábado y habíamos decidido apartar este día para visitar Tokyo con calma, ya que el Domingo partiríamos a Kyoto y no nos quedarían muchos más días para pasear por esta increíble ciudad.
Así que tras atacar nuevamente la máquina expendedora del hotel, salimos en busca del desayuno mientras bebía un café en lata calentito.

Me encantan los callejones japoneses…
Tras dar un par de vueltas por los alrededores de nuestro hotel en Asakusa, entramos en un diminuto restaurante de fideos donde nos tomamos un buen ramen y bebimos algo del té que nos ofrecieron.
Nos llamó bastante la atención que hubiera tanta gente por las calles. Tal vez porque siempre que caminábamos por Asakusa era más bien entrada la noche, o muy temprano por la mañana.
Nos dimos cuenta de que no conocíamos Asakusa por el día!
Así que para remediarlo volvimos a Nakamise-dōri para ver la calle de las tiendas y los templos a la luz del día.
El lugar estaba atestado de gente por todas partes. Tantas personas y tantas cosas ocurriendo a la misma vez daba algo de vértigo, así que monté el 55-200 en la cámara y entré en modo stalker.

Nakamise-dōri y los templos al fondo
Asakusa tiene la bien merecida reputación de ser el lugar de Tokyo donde comprar recuerdos tradicionales japoneses, y ciértamente podías encontrar verdaderas maravillas de regalitos de recuerdo (おみやげ) en casi cualquier puesto. Pero eso no implica que no se puedan encotrar verdaderas joyas del frikerío.
Había tanta gente, tantas escenas que capturar que daba la sensación de no dar a basto…
También me llamó la atención de que la gente parecía más natural aquí que en el centro de Tokyo, donde todo el mundo parece salido de una revista de moda.
Aquí os dejo algunas capturas que saqué del ambiente del lugar.

Esos pastelítos olían increíble!
Nos dimos una vuelta por todos los templos otra vez, y debo decir que el lugar parecía completamente distinto a lo que habíamos visto por la noche. Había tanta gente que a penas se podía caminar. Todo era un bullicio de gente rezando, lanzando monedas, dando palmas…
Así que como el ambiente empezaba a agobiar un poco y se nos echaba el tiempo encima salimos de ahí y fuimos en busca del metro.
Queríamos visitar el Parque Ueno, y entrar a ver el Museo Nacional de Tokyo.
Así que nos montamos en la maraña de vías, trenes y andenes que es el metro de Tokyo y llegamos hasta la estación de Ueno.
Allí siguiendo las indicaciones (o más bien a la marea de gente que visitaba el parque) llegamos hasta el Parque Ueno.
Antes de nada debo decir que el Parque Ueno es enorme, tanto que alberga varios museos, varios templos e incluso un zoo. Así que mi descripción del lugar se limita exclusivamente a la zona que yo visité.
El Parque Ueno me pareció un lugar perfecto para pasar fácilmente toda una tarde. El sitio estaba lleno de familias paseando, tanto con sus hijos como con sus divertidas mascotas.
Había gente de todas las edades y contrastes. Podías ver desde señores mayores tomándose una cerveza y charlando …
… gente hacieno Cosplay …
… mascotas kawaii …
… artistas callejeros ….
… y su público …
… y por supuesto Máquinas Expendedoras
Fuimos paseando tranquilamente por el lugar hasta dar con la entrada del museo Nacional de Tokyo.
Nos soprendió bastante encontrar una fila de gente extremadamente larga! tanto que por un momento pensamos en darnos media vuelta.
Pero se nos ocurrió preguntar a una de las azafatas que había por el lugar, la cual resultó hablar un inglés perfecto, y nos informó de que esa fila era para visitar la exposición temporal. Para entrar a visitar la exposición permanente (que era lo que nosotros queríamos ver) no había cola en absoluto.
Así que compramos las entradas y fuimos adelantando a la gente que estaba en la fila hasta entrar en el museo por la entrada de la colección permanente.
Si os gusta el arte y la cultura japonesa realmente os recomiendo visitar el museo. Tienen una colección increíble de obras de todo tipo. Pergaminos antiguos con caligrafía, piezas de cerámica o arcilla, tapices, estatuas …
… pero también de Katanas y Armaduras de Samurai!
El lugar realmente merece la pena, y lo mejor es que está permitido hacer fotos a prácticamente todas las obras expuestas.
Esta es otra de las cosas que en general me sorprendió agradablemente de Japón, y es que las normas son bastante amigables hacia los fotógrafos.
Salvo contadas excepciones (tabúes religiosos u obras delicadas) estaba permitido hacer fotos en prácticamente todos los templos y museos que visité, algo que me encantó y que me gustaría ver reflejado en los museos europeos donde los fotógrafos parecen leprosos.
El lugar resultaba tan fascinante que las horas se nos pasaron volando, tanto que al salir del museo ya había atardecido.
Se nos había echado el día encima y todavía queríamos visitar Shibuya de día y Akihabara, así que nos volvimos a montar en el tren y fuimos directos hasta Shibuya.
Shibuya sigue siendo una pasada tanto de día como de noche. Tomamos la salida de Hachiko y volvimos a darnos de bruces con la cantidad de gente, anuncios, neones, ruidos y sensaciones.
Parece mentira que el paisaje, los sonidos e incluso la gente cambie TANTO cruzando unas cuantas estaciones de Metro, pero creo que eso es una de las cosas que más me gustó de Tokyo.
Es un conglomerado de mundos completamente distintos, juntos y revueltos.
Fuimos en busca de un lugar donde comer algo calentito porque comenzaba a chispear.
Ni que decir tiene que Shibuya está lleno de restaurantes, pero todos los que veíamos estaban llenos de gente.

Pantalla de cristal líquido en la fachada de un edificio
En general en Japón comen cuando tienen hambre, o al menos esa fue la sensación que me dió.
No parece haber una hora buena o estipulada para comer, si no que cuando a alguien le da hambre, va a un restaurante, pide, come y se larga.
Cuando visitéis Tokyo, daros cuenta de que es bastante habitual encontrar restaurantes o tiendas en las plantas de los edificios.
Al principio me chocaba bastante ver carteles de restaurantes a pie de calle, y leer que estaba situado en el cuarto piso.
En general en España, salvo en los food court de los centros comerciales, los restaurantes, por regla general, suelen estar a pie de calle.
En Tokyo es perfectamente normal encontar un edificio con una tienda de ropa en la primera planta, un restaurante en la segunda y en la quinta, una tienda de anime en la tercera planta y una cafetería en la sexta.
Generalmente hay un cartel anunciando en qué planta está cada cosa, así que si sabéis japonés basta con leer la planta a la que queréis ir, o si no sabéis, coged el ascensor, subid hasta la última planta del edificio, e id bajando hasta que encontréis la planta que buscáis.
Es más, aunque sepáis japonés haced esto, porque es divertido!
Finalmente encontramos un sitio donde comer algo. Yo pedí un tonkatsu que estaba bastante bueno y de ahí nos fuimos a callejear por Shibuya.
Entramos en un par de tiendas, vimos algún que otro cyber café, y en general disfrutamos del centro neurálgico de una de las mayores metrópolis del planeta.
Pero el tiempo seguía pasando, y a este paso no nos iba a dar tiempo de entrar en las tiendas de frikerío en Akihabara, así que regresamos al metro y fuimos derechos hasta el barrio tecnológico de Tokyo.
Pero nos llevamos la sorpresa de que cuando salimos del metro en la estación de Akihabara estaba diluviando!
Así que con resignación y buen ánimo, ya que ninguno llevábamos paraguas, comenzamos a pasear por el barrio tecnológico de Tokyo, aunque tuve que guardar la cámara para que no se estropeara.
Por eso de esta parte de la crónica no hay más que un par de fotos sacadas con el IPhone.
Todo lo que diga de akihabara se queda corto, y pasear por las calles atestadas de gente, los neones y la lluvia le daba al lugar un toque BladeRunner increíble
Nuestra idea era visitar el Mandarake de Akihabara, pero entre la lluvia y la multitud resultaba bastante difícil orientarse, así que tuvimos que pedir indicaciones varias veces.
Y en una de estas veces que nos perdimos nos topamos con una tienda de cacharros electrónicos que me llamó la antención.
Así que paramos a echarle un vistazo. Decir que tenían de todo sería quedarse corto, pero lo que más me llamó la atención es que tenían la Nikon D90 a un precio realmente bueno (unos 600 euros menos que el precio original en España).
Me sorprendió tanto que le pregunté al vendedor si el precio era correcto, y me explicó que estaba en rebajas por no se qué promoción especial.
El que estuviera tan barata me mosqueó bastante, y el hecho de que todavía me faltaba una semana de deambular por Japón y quería guardar mi dinero por si surgía algún tipo de imprevisto hizo que no me la comprara en ese momento tirando de tarjeta.
Pero anoto literalmente la entrada que escribí en mi cuaderno de Viaje esa misma noche:
Nikon D90 FTW, me da que el próximo viernes cae sí o sí
Salimos de ese sitio, pedí una tarjeta de la tienda en la que apunté el precio de la cámara y seguimos en busca del Mandarake.
Al final después de dar varias vueltas lo encontramos, y fue aluninante. Imaginaros un edificio entero dedicado lleno de estanterías de Manga, Anime, Videojuegos, Figuras, CDs de música….
Está prohibido hacer fotos en los Mandarake, pero debo decir que merece la pena visitar uno.
Nosotros usamos la ténica de subir hasta la última planta en ascensor y comenzar a bajar una por una.
Esta técnica, si bien en condiciones normales es divertida, en el Mandarake nos salió algo rana, porque entramos en una planta entera dedicada al Hentai para chicas!
Y mis queridos lectores, debo decir que flipé con las cosas que vi.
Por lo demás Mandarake es el paraíso para cualquier coleccionista de anime, figuras, manga…
De ahí dimos vueltas por Akihabara hasta que nos comenzaron a cerrar las tiendas. Visitamos el centro de arcade Taito, entramos en alguna cafetería y al final terminamos cenando y tomando unas cervezas por la zona.
Al final volvimos al metro caminando bajo la lluvia, alejándonos de los neones, y con las ganas de seguir visitando todas y cada una de las tiendas de la zona.
A estas alturas ni que decir tiene que los pies, las piernas, la espalda y todo el cuerpo protestaba por las contínuas caminatas que nos estábamos dando, pero el día siguiente era el último día que estaríamos por Tokyo, al menos la mañana, y había merecido la pena exprimir el día para visitar algunos de los barrios más increíbles de la ciudad.
Llegamos al hotel empapados por la lluvia, y extenuados por el cansancio, así que después de quitarme la ropa mojada y de darme una ducha caliente caí completamente rendido en la cama.
Al día siguiente visitaríamos el Parque Yoyogi y al medio día salíamos hacia Kyoto, donde todavía nos esperaban unas cuantas sorpresas.
Continuará….
Update
Ya me han preguntado un par de veces por el nombre de la tienda donde vi la D90 a buen precio.
Se llama Onoden, y podéis encontrarla aqui:
Entradas Relacionadas
Viaje a Japón: Día 4
Viaje a Japón: Día 3
Viaje a Japón: Día 2
Viaje a Japón: Día 1