Viaje a Japón: Día 3
El despertador sonó a eso de las 4 de la mañana. Al principio estaba bastante atontado y lo ignoré, pero al perseverancia de la alarma del iPhone consiguió su propósito y terminé por despertarme.
Finalmente recordé dónde estaba e inmediatamente me dispuse a continuar con el plan. Habíamos acordado aprovechar el jet lag de los primeros días para levantarnos realmente temprano e ir a visitar el mercado de pescado de Tokyo.
Para los que no lo sepáis, el mercado de pescado de Tsukiji está considerado como el mayor mercado de pescado del mundo, y si váis realmente temprano podéis ver la lonja donde se realizan las subastas de pescado.
Lamentablemente y debido a varios incidentes con los turistas que toqueteaban el pescado y se dedicaban a molestar, no está permitido el acceso durante la subasta, y los turistas se han ganado bastante mala fama.
Si sois de los que os gustan los mercados tradicionales os encantará este lugar. Está lleno de todo tipo de puestos, con cientos de variedades de pescados, mariscos y productos diversos.
También podéis encontrar herramientas para cocinar, uniformes y trajes para restaurantes, todo tipo de especias y condimentos y alguna que otra prenda de recuerdo a modo de camiseta o pañuelo.
Si visitáis el mercado de Tsukiji os recomiendo que tengáis especial cuidado con los motocarros que circulan a toda velocidad por el lugar transportando mercancía, y que pasan realmente cerca de uno.
Yo me agobié un poco, me daba la sensación de estar estorbando me pusiera donde me pusiese y me sentí completamente fuera de lugar con mi cámara en medio de toda aquella actividad.
Pero me alegro de que Rafitafx me convenciera de visitar el sitio proque después de dar un par de vueltas por el lugar, fuimos a comer sushi fresco para desayunar.
Esta fue la única vez que comí sushi durante mi estancia en Japón y puedo decir que fue realmente alucinante.
Tened en cuenta que los japoneses le ponen bastante wasabi en el sushi! así que si no os gustan los sabores tan fuertes es recomendable que se lo indiquéis al camarero o al sushero que os lo esté preparando.
Al regresar el viaje me dí cuenta de que hay bastante desinformación en cuanto a la comida japonesa. Mucha gente me preguntaba si había comido sushi y casi todo el mundo se sorprendía cuando les decía que había tanta variedad de platos que realmente sushi sólo comí un día.
Después de desayunar y chapurrear un rato algo de japonés con los dos cracks que nos atendieron levantamos el campamento y como todavía teníamos unas cuantas horas que matar hasta que abrieran el Ghibli Museum, cogimos el metro y nos fuimos a visitar otro de los barrios de Tokyo que teníamos pendientes. Shinjuku.
Shinjuku está plagada de rascacielos por todas partes, hasta el punto de que cuando ves un edificio con menos de treinta plantas te lo quedas mirando con cara de “hmm que pequeño es este”.
Fuimos caminando dando vueltas en busca de una oficina de correos para sacar dinero y después de preguntar un par de veces y perdernos otro par de veces desistimos y nos fuimos a dar un paseo por el Shinjuku Gyoen, un parque cercano.
De camino vimos el edificio del ayuntamiento de Tokyo pero no llegamos a subir al mirador, pensando que lo visitaríamos a la vuelta (craso error, porque nunca volvimos por ahí).
Caminar por uno de los parques públicos por la mañana te abre los ojos a la cruda realidad de la crísis económica que atraviesa Japón. Había cantidad de personas sin techo (homeless) que se despertaban, recogían sus catres y hacían algo de ejercicio o tomaban el sol, ante la mirada indiferente de los viandantes y la mirada curiosa de al menos tres turistas que pasaban por ahí.
También descubrimos el secreto de los parques japoneses y la manera de que la gente no pise el césped y lo estropee.
Simplemente basta con dejar crecer a sus anchas a las arañas!

No os recuerda a las arañas del zelda?
Despues de algún que otro escalofrío por culpa de estos simpáticos bichillos, volvimos a buscar la oficina de correos. Esta vez logramos encontrarla y pudimos retirar algo de efectivo.
Los ATM de Japón generalmente funcionan sólo con tarjetas locales. Sólo algunos bancos como CitiBank aceptan tarjetas extranjeras. Las oficinas de correos generalmente tienen cajeros que permiten sacar dinero a los turistas aplicando el cambio y una pequeña comisión.
Esa fue otra de las cosas que me sorprendió de Japón, y es que en general el pago con tarjeta de crédito no es tan común como uno puede llegar a pensar. De hecho había varios lugares en los que no se aceptaba tarjeta.
Tras rellenar los maltrechos bolsillos nos dimos cuenta de que se nos había pasado el tiempo volando así que volvimos a la carrera al metro y tomamos la combinación metro/tren hasta Mitaka.
Mitaka es una pequeña ciudad situada dentro del Territorio que se denomia Tokyo. Es un área de unos 16 km², y os preguntaréis, puede existir una ciudad de 16 km²? Pues si, ya que tiene una densidad de población de unos 10,600 habitantes por km² (Datos sacados de la wikipedia).
Y sin embargo el lugar, al menos a la hora a la que estuvimos por ahí estaba completamente en calma.
Llegar al Ghibli Museum desde la estación es bastante fácil, basta con seguir las totoro-señales que hay esparcidas por el camino y, en general, disfrutar de la calma de Mitaka, sus pequeños parques y sus casas y callejones.
Tras un agradable paseo llegamos al Museo.
En el interior no estaban permitidas las fotos, así que me entretuve un rato tomando fotos del exterior y pensando en cómo arreglármelas para escabullir alguna foto desde dentro.
Pero al entrar, cambié completamente de opinión. Realmente no se explicarlo muy bien con palabras. Es sólo que el lugar emanaba una sensación tan especial y tan agradable que te olvidas de todo lo demás.
Te das cuenta e que la gente del Ghibli Studio siente verdadero amor por lo que hacen, y lo demuestran en cada rincón de este pequeño museo.
Si visitáis Tokyo y os gusta el manga y la animación, ésta es sin duda una parada obligatoria. Eso sí, el número de visitantes por día está limitado, así que conviene reservar con algo de antelación.
Podéis hacer las reservas en la página del Museo.
Después de visitar el museo nos quedamos con más ganas de manga, así que fuimos hasta Nakano, a visitar Mandarake, una tienda de compra y venta de Manga, Merchandising de todo tipo y en general frikerío vario.
Lamentablemente no estaban permitidas las fotos, pero encontré una tienda con un nombre bastante curioso para los hispanoparlantes.
Después de babear con la cantidad de cosas chulas que tenían en Mandarake decidimos comer algo, y como había un McDonald’s cercano entramos para probar alguna de esas hamburguesas especiales que sólo tienen en Japón.
Yo probé un trozo de la hamburguesa teriyaki, pero terminé comiéndome mi clásico cuarto de libra, y debo decir que estos japoneses controlan la cocina hasta el punto de hacer la mejor comida basura que he probado en mi vida.
Después decidimos quemar el exceso de calorías dando un paseo, así que llegamos hasta la estación de Tokyo Cental y nos dimos una vuelta por las inmediaciones del palacio Imperial.
Debo decir que, a no ser que viajéis en algún tour con visita programada, o sea un día especial en el que el palacio se abre al público, os podéis ahorrar la visita al palacio porque no hay mucho que ver.
Estuvimos deambulando por ahí, tomando un par de fotos y cuando nos alejamos a buscar otro lugar para visitar escuché que uno de los guardias nos gritaba algo y venía hacia nosotros.
Pensando que habíamos incumplido alguna de las numerosas normas me preparé para tratar de entender al hombre que venía hacia nosotros y pedirle disculpas por la afrenta que hubiéramos cometido, pero resultó que el señor se había acercado a devolverme una bolsa que me había olvidado con los recuerdos del museo Ghibli!
Tras agradecerle repetidas veces que me devolviera mi bolsa con mis totoros y mi gatobús comenzamos a deambular por la zona viendo como las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.
Y entre la maraña de edificios que pueblan el centro de Tokyo vimos a lo lejos la torre de Tokyo, así que a falta de una idea mejor decidimos caminar hasta la torre de Tokyo.
Tras un largo paseo en el que pude ver cómo las calles y las aceras comenzaban a inundarse de vehículos y personas a medida que se acercaba la hora de salida de los trabajos, llegamos a la torre de Tokyo.
Habiendo visitado un par de días antes la Torre Eiffel pude compararlas en mi mente, y si bien la Torre Eiffel gana en lo espectacular de su diseño y en su dominio frente a la ciudad, la Torre de Tokyo destaca por sus increíbles instalaciones, la comodidad de acceso y las increíbles vistas de la ciudad.
Había multitud de colegiales visitando la torre (esos chicos están por todas partes a todas horas!) y como éramos de los pocos occidentales que visitábamos el lugar, varios de los chiquillos cuchicheaban y de vez en cuando nos señalaban con el dedo.
De ahí comenzamos el lento regreso al hotel, así que llegamos hasta Asakusa nuevamente, pero como aún era temprano, callejeamos un rato en dirección a Kappabashi-dori porque habíamos escuchado que había un santuario dedicado a los kappa.
Pero tras callejear un buen rato y perdernos un par de veces nos dimos por vencidos. Así que regresamos al hotel, haciendo una breve parada en un Mister Donut y en un centro de Arcade.
Agotado llegué al hotel, me dí una buena ducha y esta vez sí me acosté a dormir a pierna suelta.
Y menos mal que fue así, porque a la mañana siguiente visitaríamos Kamakura, e iba a necesitar todas mis fuerzas.
Continuará…
Entradas Relacionadas





























