Nikon 35mm f1.8

Nov 27, 2009 @ 03:43 am by CaDs

Llevaba ya tiempo con ganas de ampliar mi (escaso) repertorio de lentes. Después de mucho buscar y dudar, ver comparativas y precios estaba indeciso entre un 18-200 “todoterreno” o una lente algo más rápida para usar en situaciones de poca luz sin necesidad de usar ISOs tan altos.

Mis candidatos eran el Sigma AF 18-200mm f/3.5-6.3 DC OS y el Nikon 35mm f/1.8G AF-S DX.
Después del palo que me pegaron en Aduana al traer el Sigma 10-20, decidí comprarlo en España y ahí me di cuenta de que este país tiene un grave problema con el encarecimiento de los precios.
Ya no es sólo que la conversión entre Euro/USD no sea aproximada, si no que los precios directamente están por las nubes en ciertos artículos de fotografía.
Así que ajustándome a mi presupuesto opté por la lente más barata, la Nikon de 35mm que sale por unos 190 Euros.

El problema es que encontrar esa lente es particularmente complicado debido a que actualmente es una de las lentes más baratas del mercado, y al incorporar el motor de autofocus se puede usar en las cámaras de gama más baja (como mi D40 ) así que suelen estar agotadas.

Llevaba persiguiendo esta lente desde Agosto sin resultados, hasta que hace unas semanas llamé por casualidad a la gente de Fotocasion y me dijeron que tenían una en el almacén. Les pedí que me la reservaran y al salir de la oficina fuí a recogerla.

Me encanta pasar por esa tienda, los empleados trabajan muy bien, saben un montón de fotografía y te dejan probar los lentes en tu cámara si les pillas de buenas :)

Al llegar a casa la monté en mi D40 y funcionó a la perfección.

El anillo sirve exclusivamente para enfocar manualmente y es lo bastante suave como para poder afinar sin sufrir demasiado. Para subir y bajar la apertura se usan los controles integrados en la cámara.
La cubierta de la lente es de plástico, cosa que en lo personal no me molesta en absoluto, es pequeña y ligera, con lo que se puede llevar de paseo sin andar cargando con demasiado peso.

Reconozco que al principio se me hizo extraño el no tener un zoom, pero a medida que voy tomando fotos me voy sintiendo más y más cómodo con el hecho de acercarme o alejarme para encuadrar con la cámara.
Y poder tirar a f1.8 es una gozada! aunque me he dado cuenta de que hay que tener cuidado con la profundidad de campo con fs tan bajas.

Creo que voy a aprender un montón con esta lente, ya iré subiendo algunas fotillos a medida que vaya saliendo algo decente :)

Viaje a Japón: Día 2

Nov 16, 2009 @ 03:42 am by CaDs

Dormir a pierna suelta cuando acabas de cruzar 7 zonas horarias no es nada fácil, aún estando agotado. Así que a la mañana siguiente cuando sonó el despertador a penas había dormitado un par de horas.

Nada que una buena ducha caliente y un café de lata sacado en la máquina expendedora del lobby del hotel no arreglaran.

Salimos de madrugada camino a la estación de metro con las primeras luces del día. Es curioso que incluso a esas horas ya hay decenas de colegiales por la calle, gente haciendo footing y alguna que otra persona paseando a sus perros.

Sin embargo el metro a esas horas estaba bastante vacío, así que llegamos sin mayores incidentes a la estación de Ueno donde sacamos los billetes para el tren que nos llevaría hasta la estación de Utsunomiya y de ahí haríamos el trasbordo para Nikko.

Aunque no hago mucha distinción entre los diferentes tipos de trenes, debo decir que los Japoneses tienen todo el sistema ferroviario perfectamente estructurado.

Hay diversos tipos de trenes tanto locales como de larga distancia o de alta velocidad.
Al principio cuesta un poco encontrar los trenes adecuados para cada viaje, ya que algunos regionales van haciendo paradas en tooodas las estaciones mientras que hay algunos servicios express con los que se ahorra bastante tiempo.
En general preguntar al empleado que os atienda en el puesto de JR es lo mejor que podéis hacer. Harán lo imposible por entenderos, os buscarán el tren que mejor se adapte a vuestro viaje y os proveeran de horarios y planos si los tienen disponibles.

En total serían cerca de 2 horas de viaje en tren disfrutando de los asientos (los asientos de los trenes japoneses son particularmente cómodos), el paisaje y esa extraña sensación que acompaña al jet lag y la privación de sueño.

Según nos aproximábamos podíamos ver cada vez más y más colinas, alguna montaña lejana y de vez en cuando lo que parecía ser un pequeño río.

Nikko es una región montañosa situada al norte de Tokyo. Descubrimos que durante el otoño se convierte en destino turístico para los japoneses que visitan la zona para contemplar el color rojizo del arce japones en Otoño.
En nuestro caso llegamos algo temprano para contemplar las hojas rojas en su plenitud, pero impresionaba igualmente.

Nikko

Tras hacer una breve parada para comprar otro café de lata (el café de lata japonés está riquísimo!), encontramos un mapa de la zona. Localizamos la oficina de turismo más cercana y comenzamos nuestra andadura por Nikko.

Viniendo de Tokyo, Nikko da la sensación de ser un pequeño pueblo en las montañas. Las calles son pequeñas y agradables de pasear. Aquí y allí se pueden ver ocasionalmente casas tradicionales japonesas, con sus jardines, sus pequeños estanques llenos de peces e incluso alguna que otra fuente natural.

Nikko

Nikko

No tardamos mucho en llegar a la oficina de turismo donde topamos con un simpático señor que nos facilitó todo tipo de mapas con los templos que queríamos visitar, nos recomendó que entradas comprar para ahorrar algo de dinero y nos chapurreó un par de palabras en Español.
El tío era un crack!

Allí encontré un par de sellos que procedí a estampar en mi libreta de viaje, compré otro café de lata (si, hay máquinas expendedoras de bebidas prácticamente en todas partes) y tras orientarnos un poco localizamos el camino que nos llevaría al conjunto de templos que queríamos visitar.

Después de un rato caminando dimos con el puente Shinkyo, un puente considerado sagrado por los japoneses ya que según cuenta la leyenda Nikko fue fundada por un hermitaño que cruzó sobre el río montado en dos serpientes.

Shinkyo

Podéis ver el puente de Shinkyo en tiempo real aqui

Tras hacer algo así como un centenar de fotos y que Rafa comenzara a poner mala cara, comenzamos el ascenso hacia el conjunto de templos.

A la entrada vimos un montón de autobuses que nos anunciaban la cantidad de turistas que visitan este complejo diariamente. El sitio estaba abarrotado!
Centenares de jubilados y escolares, con sus sombreritos de diferentes colores y sus profesores pululaban por la zona.

De vez en cuando escuchábamos algún ‘excuse me’ y al girarnos veíamos a un pequeño grupo de japoneses aguantándose la risa y contándonos su nombre y que estaban estudiando inglés.

En Japón, hasta que no demuestres lo contrario, siendo occidental eres consierado automáticamente norteamericano, así que los pequeños practican su inglés contigo, siempre bajo la mirada de la profesora que se mantiene algo apartada muerta de la risa viendo las muecas que uno pone.

Escuchamos a unos cuantos escolares contándonos sus nombres y preguntándonos los nuestros, se tomaron un par de fotos con nosotros y en general nos divertimos con los pequeñajos.

Nikko

Creo que escuchar al pequeño Taro tartamudeando en inglés su nombre y con más verguenza que otra cosa pedirme que le escribiera mi nombre en un papelito es uno de los recuerdos más entrañables que me llevo de Japón.

Pero hay que tener cuidado porque como te descuides no te mueves del sitio, en Nikko la atracción no son los templos, son los occidentales!

Aquí podéis ver algunas de las fotos del lugar.

Nikko

Nikko

Nikko

Nikko

Nikko

Lo bueno es que hay un montón de templos cercanos unos a otros, con lo que se pueden visitar sin tener que perder demasiado tiempo trasladándose de un lugar a otro y todos los templos tienen algo que realmente merece la pena ver.
La única nota negativa que le encuentro es que había demasiada gente! Tanta que en ocasiones resultaba algo agobiante.

Hay ciertos templos en los que tenéis que descalzaros para entrar, así que siempre es recomendable llevar calcetines y calzado que se pueda quitar y poner fácilmente.

Pasado el medio día la cantidad de gente que visitaba los templos iba disminuyendo, así que en lugar de parar para comer decidimos terminar el recorrido disfrutando de la calma y a un ritmo menos frenético.

Vimos los tres monos sabios, vimos la talla del famoso gato dormido (es un gato blanco enrrollado de unos 10 cm ) subimos a visitar la tumba de Tokugawa Ieyasu , y digo subimos porque había que subir un huevo de escaleras! y en general creo que vimos todo lo que había que ver.

Wise Monkeys

En los templos japoneses hay monjes que escriben el nombre del templo y alguna que otra plegaria en unos cuadernos especiales para eso. A mi me gustó la idea y le pregunté al monje si podía escribirlo en mi libreta de viaje.
Pero no hubo suerte, el monje tras examinar el papel cuidadosamente me dijo algo que no entendí y un gomen nasai que me venía indicando que no podía hacerlo por algo relacionado con el papel (o esa fue la película que yo me monté)

De ahí fuimos a comer a un restaurante regentado por un par de abuelas super majas. El lugar debía de ser famoso o salir en alguna guía de viaje (o ser barato) porque las paredes estaban llenas de papeles con nombres, billetes de diferentes países, monedas, tarjetas de empresa… Un sitio curioso.
Pedimos fideos, gyoza y cerveza.
Mientras comíamos charlamos con otra pareja de españoles que nos encontramos por ahí (o al menos hablaban español) y con un chaval francés llamado Robert que estaba comiendo con una chica bastante desagradable que no nos dijo ni el nombre.

Salimos de ahí y fuimos a buscar el Abismo de Kanmangafuchi, que es una especie de quebrada enorme guardada por una serie de estatuas protectoras jizo.

Kanmangafuchi Abyss, Nikko

Nikko

El sonido del río, el verdor de los bosques de nikko junto con el gris de las estatuas y el rojo de las ropas invitaba a pasear y a meditar tranquilamente. En el camino nos encontramos otra vez con la pareja española del restaurante que nos pregunó alguna dirección y vimos otra ver a Robert.

Resulta que el tío viajaba solo y se había aburrido de la chica con la que lo vimos. Nos contó que la había conocido en la mañana pero que él viajaba sólo con su D90 a cuestas.
Ahí en medio del bosque reconozco que estuve tentado de darle un palazo y largarme con su cámara, pero como era un tío majo nos lo acoplamos y estuvimos charlando un buen rato mientras paseábamos por la zona.

Al atardecer llegamos hasta la villa imperial de Tamozawa, y nos despedimos de Robert. El se fué a visitar la villa y nosotros en busca de unas tumbas que tenían buena pinta.

japon_0738

Nikko

Tras dar un par de vueltas por la zona comenzamos el camino de regreso a la estación, me tomé otro café y cogimos el tren de vuelta a Tokyo.

En el tren llamamos al gran Héctor y quedamos con él para ir de cena por Shibuya, así que como buenos Tokyotas quedamos en el perro Hachiko.

Para los que no lo sepáis, Shibuya es la leche! Es donde se encuentra el famoso cruce por donde pasan miles de personas a la vez cada vez que cambian los semáforos, donde las luces de neón y las pantallas de plasma anuncian constantemente los productos más populares y donde se puede sentir el pulso de la ciudad.
Tras recuperar un poco el aliento, tomar un par de fotos precipitadas y flipar con la cantidad de gente y cosas que estaban sucediendo al mismo tiempo vimos a Héctor entre la multitud.

Shibuya

Tras darnos un pequeño tour por la zona entramos a un restaurante de Yakitoris. El lugar estaba hasta arriba de gente, pero Héctor se las apañó para encontrarnos sitio en la planta de abajo, que estaba forrada de tatami, con lo que había que descalzarse y comer sentados en el suelo.

Pedimos diversos tipos de yakitoris, cerveza en abundancia, charlamos y echamos unas buenas risas escuchando y contando nuestras experiencias por Japón.

Shibuya

Cuando ya nos dolían las piernas y las nalgas de estar sentados en el suelo continuamos con el tour por Shinjuku. Héctor nos llevó por un paseo AfterDarkiano genial, y terminamos entrando en un pequeño club.
Tomamos un par de whiskies, menos Rafa que le estaba dando al Sake, charlamos con las camareras y disfrutamos de la noche Tokyota.

Shibuya

De ahí nos despedimos de Héctor y cogimos la combinación de tren/metro hasta Asakusa, llegamos al hotel y tras una buena ducha di nuevamente con mis huesos en la cama.

No se cuantas horas llevaba sin dormir y la verdad es que no me importaba demasiado.
Si, estaba cansado, pero había sido un día increíble y el próximo día también prometía bastante ya que ese mismo día teníamos la reserva para visitar el Ghibli Museum :)

Continuará…

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Viaje a Japón: Día 1

Viaje a Japón: Día 1

Nov 04, 2009 @ 05:57 am by CaDs

Después de varios intentos, de varias cancelaciones y de mucho postponerlo, finalmente logré viajar a Japón.

Desde niño me ha gustado la cultura japonesa, y siempre quise visitar ese país. Pero cuando había tiempo no había dinero, y cuando tenía suficiente dinero para costearme el viaje, no tenía tiempo para viajar.

Así que hace algunos meses, decidí quemar las barcas y compré un billete a Japón, aprovechando una oferta que sacó Air France antes del verano.

Comprar un billete con tanta antelación (4 meses) suponía cierto riesgo ya que en ese tiempo pueden pasar muchas cosas, pero por otro lado me permitió ir repartiendo los gastos a lo largo de los diversos meses.
De esta manera un mes pagué el billete de avión, otro los hoteles, otro el JR Pass y así sucesivamente.

Los días fueron pasando lentamente. Pero, después de una larga espera de 4 meses, llegó el 19 de Octubre y Rafa y yo salimos de camino a tierras niponas … o al menos eso pensábamos.

La realidad fue algo diferente.

Nuestro vuelo tenía una escala en París, donde teníamos que cambiar de avión y salir hacia japón. La cosa era sencilla, una hora y media de escala y listo, estaríamos llegando a Tokyo a eso del medio día del martes 20.
Pero el vuelo salió con retraso debido a un fallo mecánico, no mucho pero sí el suficiente para perder nuestra conexión hacia Tokyo.

La primera en la frente.

Y para colmo, el próximo vuelo en el que podíamos salir no salía sino hasta las 23:00, perdíamos todo el día!!!!

Ya se que dicho así suena algo exagerado, pero tras meses de planificar que sitios queríamos visitar en qué fechas, perder el primer día de vacaciones suponía trastocar severamente nuestro plan de viaje, así que pataleamos un rato por patalear, ya que al final no nos quedó mas remedio que aceptar un triste vale por una coca cola y un sándwich y esperar hasta las once de la noche.

Pero si la vida te da limones haz limonada!

Como teníamos unas 9 horas para matar, decidimos salir a dar una vuelta por París.

Lamentablemente, y aunque parezca increíble no hay taquillas para dejar equipajes en el aeropuerto Charles de Gaulle, así que tuvimos que ir cargando con todo el equipaje de mano (cosa que pasó factura a mi hombro horas después).
Cogimos el tren/metro hasta la estación de Trocadero y nos paramos a contemplar la Torre Eiffel.

Eiffel
Torre Eiffel vista desde abajo

Había estado en París años antes, en condiciones muy distintas, pero la vista de la torre en pleno Campo de Marte corta la respiración.

Paramos a tomar unos crêpes y decidimos hacer un mini paseo fotográfico desde Trocadero, siguiendo el Sena hasta la catedral de Notre Dame.

Aquí os dejo algunas de las fotos que tomé en el camino

DSC_7206
Farola Parisina

Paris
Atardecer en París

Louvre
Fachada del Louvre

Louvre
Pirámide del Louvre

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Parada de bus parisina

Notre Dame
Notre Dame

París sigue siendo majestuosa, y ver los campos elíseos vestidos con el dorado del otoño fue una gran experiencia. Seguramente una que me hubiera gustado disfrutar con tiempo, pero en esta ocasión viajaba a Japón.
París realmente no era sino un pequeño contratiempo en mi viaje, así que le dijimos au revoir a París y regresamos al aeropuerto con tiempo suficiente para pasar los controles de seguridad, descansar un rato y embarcarnos en nuestro vuelo nocturno.

Tras 12 largas horas de vuelo entremezcladas con ver series, pelis, leer y dormir, llegábamos a Narita completamente extenuados y apaleados por el largo viaje.

Debo decir que Air France no tiene los aviones más cómodos, no tiene la comida más suculenta y que si puedo evitar volver a volar con ellos lo haré.

Pero qué demonios, estaba en Japón!!!

Todavía ahora me cuesta expresar la cantidad de sensaciones que me asaltaron al pisar suelo Nipón.

La megafonía del aeropuerto hablando en Japonés, los carteles de publicidad llenos de Kanas, Kanjis y Romanji, todo junto y bien revuelto, japoneses por todas partes, azafatas dandote la bienvenida con una sonrisa radiante y una reverencia… fue toda una sobrecarga de sentidos.

Atravesamos el puesto de inmigración sin mayores inconvenientes excepto que el funcionario que me tocó a mi resultó ser un fan de Star Wars!!! ya que señalo mi camiseta y dijo algo como “Staru Waru” riéndose.

Finalmente tras recoger el equipaje fui dando tumbos, medio flipando medio aturdido hasta el puestecito de la línea JR para canjear mi JR Pass y reservar el asiento en el Narita Express, el tren que nos llevaría a Tokyo.

Aproveché para sacar una tarjeta telefónica (que nunca llegué a usar) y para sacar mi tarjeta Suica, que me serviría para pagar el metro, en algunas tiendas e incluso en algunas máquinas expendedoras. Hablaré de la Suica Card en otro post, porque semejante invento se merece una crónica como es debido.

Después de un par de cagadas y malos entendidos, un par de vueltas buscando el tren correcto, y otro par de vueltas buscando el vagón que nos tocaba, entramos en el Narita Exprés y a la hora exacta (ni un minuto más ni un minuto menos) salimos en dirección a Tokyo.

DSC_7386
En el Narita Express

Cuando lleguéis a Japón, una de las recomendaciones que os doy es que sincronicéis vuestro reloj con la hora de la estación de tren.
Decir que en Japón los trenes son puntuales es quedarse corto.
Si un tren dice que sale a las 12:31 está entrando en el andén a las 12:29 y cierra sus puertas y comienza a andar a las 12:31. Ni antes ni después.

Tras poco más de una hora llegamos finalmente a la estación de Tokyo. Como nuestro hotel estaba en el distrito de Asakusa, teníamos que hacer un par de transbordos en tren y metro para llegar hasta allí, ya que Asakusa no tiene correspondencia directa con las líneas JR y lo más cómodo y cercano para llegar al hotel era usar esa especie de marabunta abrumadora de líneas de diversos colores que los japoneses llaman metro.

tokyo-subway-map
Plano del Metro de Tokyo

Imaginaros lo que supone llegar a Tokyo por primera vez en mi vida, cansado después de nosecuantas horas de viaje, cargado con maleta, bolsa con el portátil y cámara a la espalda, en plena hora punta tokyota y sin conocer las estaciones o las conexiones de las líneas… Sin duda una de las experiencias más intensas por las que he pasado.

Pero una vez visto un metro visto todos, así que localizamos la famosa línea Yamanote, la línea de tren circular que conecta algunos de los principales distritos de Tokyo. Nos bajamos en la estación de Ueno y buscamos la conexión de metro con la línea Ginza que tenía como parada final Asakusa.

Dicho así parece fácil, pero no creáis. Hubo que preguntar varias veces chapurreando con mi japonés cutre, muchas idas y venidas, esquivar nubes de japoneses que brotan de todas partes, un Americano que se apiadó de nosotros y nos dió un par de indicaciones en inglés y mucha ilusión porque finalmente pisaba Tokyo!

En Japón siempre tuve la sensación de ser demasiado grande, de estorbar y de ir en dirección contraria al resto de la gente!

En general sabía que se caminaba al revés que en Europa, esto es , se camina siempre por el “carril” izquierdo. De hecho en varias ocasiones hay flechas pintadas en el suelo indicando la dirección en la que se debe caminar, y el lado en el que te tienes que situar en las escaleras automáticas en función de si las bajas caminando o si te quedas quieto.
Pero daba igual! Siempre parecía que lo estaba haciendo mal, o que iba por el carril equivocado.

En fin, con más pena que gloria llegamos finalmente a la estación de Asakusa, donde nos encontramos con Oscar, el tercer mosquetero del viaje y el cual había llegado un par de días antes a Tokyo desde Seattle.

Algo más relajados habiendo salido del metro y caminando por Asakusa en dirección al hotel pude sacar la cámara (sorry, no pude hacer fotos de la estación de Tokyo en hora punta, simplemente llevaba demasiado peso encima y había demasiada gente) y comenzar a tomar algunas fotos del ambiente nocturno de ese distrito.

Asakusa
Parada de Asakusa

Asakusa
Calle de Asakusa

Bunnies
Club Bunny en Asakusa

Asakusa
Tiendecita en Asakusa

Vending Machine
Maquina expendedora de bebidas

Llegamos al hotel, dejamos las maletas, nos cambiamos de roma y salimos a cenar algo y a dar un paseo para tratar de aprovechar algo del día perdido.

Noodles
Mi primera cena en Tokyo

Fuimos caminando hasta el Sensō-ji, el templo más antiguo de Tokyo y uno de los más bonitos para visitar durante la noche. Atravesamos la Nakamise-dōri, una calle normalmente abarrotada y llena de tiendas con todo tipo de artículos de recuerdo tradicionales de japón, completamente desierta. Salpicada ocasionalmente por algunos paseantes nocturnos como nosotros, y algún que otro salarymen borracho como una cuba y haciendo eses por la calle.

Asakusa
Nakamise-dōri de noche

Los alrededores del templo irradiaban tranquilidad, a pesar de haber gente paseando, corriendo, rezando, o simplemente sentados disfrutando de la noche tokyota.

Me dí cuenta de que la gente, en general, hablaba en voz baja y que el silencio del lugar sólo era interrumpido por el sonido de algunas monedas lanzadas contra las cajas de los templos, algunas campanas que usan los japoneses para llamar la atención de sus dioses, y pedir sus deseos, y las palmadas que daban para rezar.

Asakusa
Tori Asakusiano

Asakusa Lamps
Lamparitas en Asakusa

Asakusa
Kaminarimon, la puerta del trueno

Asakusa
Pagoda en Asakusa (crappy picture btw)

Después de un par de horas paseando por el lugar, comenzamos a notar el cansancio acumulado del viaje, así que comenzamos a buscar el camino al hotel, porque irremediablemente nos perdimos.

Así que tras caminar por diversos y oscuros callejones, dimos a parar a una especie de avenida peatonal llena de diversos centros de arcade, bares y mini pistas de deportes.

Asakusa Street
Callejón en Asakusa

Entramos por curiosidad al centro de arcade y vimos todo tipo de máquinas completamente alucinantes.
Rafa se puso a tocar los tambores Taiko mientras que Oscar coqueteaba con un simulador de Robots tipo Gundam que al parecer estaba de moda por allí.

Taiko Rafa
Rafita dandole al Taiko

Asakusa
Sport Bar o algo así

Yo me dedicaba a curiosear por las máquinas y a tomar alguna que otra foto, y en general a flipar con todo.

Tras pasar un rato y gastar algunos yens en las maquinitas volvimos al hotel, me dí una buena y necesaria ducha y di con mis huesos en la cama para tratar de descansar un poco, al día siguiente salíamos para Nikko y seguramente necesitaría reponer fuerzas.

Continuará…