He tomado prestado el nombre para este post del controversial documental dirigido por Barbara Trent el cual, por otro lado,recomiendo encarecidamente ver. (Parte1 y Parte2)
Sin embargo no tengo intención de hablar de la invasión a panamá si no de algo que hoy en día se está dando, y es la cultura de lo aparente.
Pongamos por ejemplo el edificio donde he estado trabajando los dos últimos años, el Century Tower.

Foto cortesía de Sovereign Management & Legal S.A.
Una maravilla a la vista, un soberbio edificio de cristal verde en plena Ricardo J Alfaro.
O eso es lo que parece.
La realidad, como en tantas otras ocasiones difiere bastante de lo aparente.
No voy a entrar en detalle sobre lo que supone tener una oficina en este edificio, porque tampoco es el punto de este post, pero en general viene a tener todo tipo de problemas.
Un edificio con 21 plantas, unas 20 oficinas por planta y sólamente 4 ascensores (mal programados además)… hagan cálculos sobre lo que supone esperar un ascensor.
Es por eso que en general todas las mañanas subo 9 pisos de escaleras para llegar a la oficina, lo cual, además de mantenerme en forma, me lleva al siguiente punto:
Se puede ver que sólo hay un par de tramos de escaleras con los acabados correctos, en concreto los que van desde el parking de visitas hasta la planta de la administración del edificio… curioso no?
Para el resto del edificio vienen siendo así

Acabado de obra

Acabado de obra
Y un largo etc como problemas con la electricidad y demás.
Como digo, no es mi intención criticar este edificio, aunque si alguien desea usar mis fotos para presentar una queja contra la administración pueden usarlas libremente (para eso está el CC).
Siguiendo con el símil del edificio, lo importante es venderlo, que se vea bien por fuera y que “entre por los ojos” a la gente. Que funcione o no da igual, lo que importa es la apariencia.
Y extrapolando esto a toda una sociedad los posibles resultados acojonan, pero la realidad es que aquí se convive con eso todos los días.
Por lo que he visto y experimentado, en Panamá se da más importancia a la apariencia que a lo real, y esto está tan apegado a la cultura que la gente convive con ello sin problemas. El problema es cuando alguien de fuera, ajeno a esta peculiar cultura, comienza a interactuar con esta dinámica, imagino que de ahí viene el término “Gringo Loco” (conste que actualmente podemos cambiar Gringo por Europeo debido a la supuesta cantidad de extranjeros que vienen aquí)
Y es que el “Gringo Loco” está acostumbrado a pagar por lo que recibes, ni más ni menos.
“You Get What You Pay For”
El problema es cuando recibes menos de lo que esperabas por el precio que has pagado. Porque se veía bien, pero en realidad no era más que pura fachada.
Justo hoy leí un post de mi amigo Stephan del cual tomo cierto fragmento (podéis ver el resto del post aquí)
Well, I can report that one and a half year back we had exactly that happen to us in Panama City, Panama. We had some very strange things going on with the electric installation in our rental apartment (current on wires that should have none) and the administrator of the building called an electrician. After a three hours wait a man in his fourties arrived by taxi and from his bulky pants he pulled a single big screwdriver as his only tool. He then started to loosen and tighten some screws holding wires in place and never managed to solved the problem. I had the opportunity to see for myself a good part of the building’s electrical wiring and I have to say that it looked to me as it were at least 50 years old. You can imagine that I was quite surprised when they told me the installation were only 10 years old. The explanation was that, yes, the materials used were taken from another building that has been torn down.
Y el problema, desde mi punto de vista, es que Panamá está abriéndose al mundo manteniendo sus costumbres locales, y eso, rara vez puede funcionar.
No estamos preparados para competir en el mercado en cuanto a estándares de calidad se refiere.
Y créanme que si cierto promotor trata de venderme un apartamento por medio millón de dólares, y luego al mes de construído las paredes comienzan a despintarse, la instalación eléctrica no funciona o tengo problemas con el agua, voy a querer recuperar mi dinero.
Y aquí vendrán mil y un problemas, tanto legales, como financieros, que se solucionarán (o no) de una manera u otra, pero en general darán un mal nombre a Panamá y terminarán por reventar esta pequeña pero poderosa burbuja financiera en la que vivimos.
Cómo evitar el problema? como siempre la mejor solución suele ser la más complicada, y por lo que se ve, la que nadie está dispuesto a realizar.
Hacer las cosas bien, ni más ni menos.
Y ya no sólo hablo de construcción, sino puedo hablar de educación, de política, de negocios, e incluso de software.
Porque todo tiene como mal endémico la misma causa, el querer aparentar más de lo que se es.
Por ejemplo, una de las cosas que más me llamó la atención al llegar a Panamá, es reunirme con “importantes” gerentes de diversas áreas de tecnología, encorbatados y con taje, de presencia impoluta, y luego descubrir que no saben ni hablar, y mucho menos escribir o redactar.
Y no es que yo me crea “la mamá de tarzán” como dicen por aquí, si no que considero que hay ciertos aspectos básicos que un profesional debe cuidar para poder considerarse como tal.
De nada sirve bajarse de una “Prado” (vehículo que en Panamá en contra de lo que pueda parecer cuando uno circula por las calles de la ciudad, no regalan con las cajas de cereales) vestido de traje y corbata, si luego cuando tienes que reunirte en vez de lograr expresar una idea te sale un rebuzno.
El problema es que mucha gente, a todos los niveles se contenta con eso, con la apariencia y con el palabrerío (no hard feelings Ana), pero cuando viene la hora de los resultados los que hablan son los hechos, no las palabras.
Pero Panamá es así, nos quejaremos hasta la saciedad de algo, pero luego recomendaremos a otros que hagan lo mismo, porque se ve bien, porque es la tendencia y porque todo el mundo lo está haciendo.
Tal vez porque es más fácil seguir vendiendo las cosas bonitas y llamativas, aunque sólo sean un cascarón que oculta algo mediocre y vacío que ponerse a trabajar para que las cosas se hagan bien.
Porque es más fácil criticar a los gobiernos y a la corrupción y luego dar un billete de 10 al funcionario de turno para que te agilice el expediente, que esperar la fila o esperar a que los trámites se hagan.
Y es ese doble rasero el que por un lado hace que panamá y su sociedad brillen con un futuro prometedor… en apariencia, pero pro el otro… la realidad será igualmente prometedora?