Viaje a Japón: Día 4

Jan 20, 2010 @ 11:23 am by CaDs

Después de 3 días por Japón y con la paliza que llevaba en el cuerpo, finalmente pude dormir del tirón, así que cuando sonó el despertador estaba bastante descansado.

Según nuestro plan de viaje tocaba visitar Kamakura, así que salimos del hotel y fuimos en busca de un lugar para desayunar.
En el camino nos encontramos con las oficinas de Bandai (o al menos una de las oficinas de Bandai), y como tenían unas pequeñas estatuas de sus mascotas más populares, aprovechamos para hacernos unas fotos con Doramón.

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Bandai Headquarters

Después de hacer un rato el mono con los muñecos, llegamos a un Dennys, donde nos metimos para el cuerpo un copioso desayuno estilo americano , y no pude evitar imaginarme la escena de After Dark en la que Mari está leyendo en una cafetería similar.
Con el estómago lleno y con un par de cafés en el cuerpo emprendimos el camino hacia el metro, donde nos encontrarmos con la sorpresa de que habíamos rezongado demasiado tiempo, y nos habíamos dado de bruces con la famosa hora punta del metro de Tokyo.

La verdad es que había mucha gente, pero estando acostumbrado al Metro de Madrid, debo decir que no resultó tan incómodo ni tan agobiante como me imaginaba.
Tal vez sea inmerecida la mala fama del Metro de Tokyo, con sus vagones llenos de gente y sus empujadores… o tal vez sea que el Metro de Madrid es peor de lo que se da a conocer.
Sea como sea, la experiencia fue interesante, ir en un vagón abarrotado de japoneses, en el que reina un perfecto silencio interrumpido exclusivamente por el ocasional sonido de la megafonía, o alguna que otra conversación murmurada.

Pero el tumulto duró solo un rato, hasta que hicimos trasbordo en la estación de Ōfuna para tomar el tren que nos llevaría hasta Kamakura, donde el tren ya circulaba más vacío, y donde pudimos sentarnos y disfrutar un poco del paisaje y sus gentes.

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Tren a Kamakura

Me pareció curioso el contraste de pasar de estar rodeados de ejecutivos uniformados de negro y sus maletines, a estar rodeado de gente mayor y colegiales y en general pasar del ajetreo y pasar del ritmo trepidante de la vida tokyota a la pausa y la tranquilidad de las afueras de Tokyo… todo en un par de estaciones de tren!

Finalmente llegamos a Kamakura y tras hacer un pequeño mapa mental con los sitios que queríamos visitar comenzamos el trayecto en el templo Hase-dera.
Este templo es famoso por contener la mayor estatua de madera de Japón, expuesta en una pequeña (y algo claustrofóbica) gruta. Pero además de su famosa estatua de madera, el templo estaba salpicado por hermosos jardines, fuentes y una escuela de caligrafía (que yo viera) además de un increíble mirador desde el que se puede apreciar toda la línea de la costa.

Kamakura
Templo Hase-dera

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Templo Hase-dera

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Templo Hase-dera

De ahí fuimos a visitar el Kōtoku-in, donde se aloja el famoso Gran Buda de Kamakura.

Great Buddha of Kamakura
Daibutsu (Gran Buda) de Kamakura

Debo decir que la estatua es realmente impresionante, y que hice cerca de 50 tomas diferentes, porque las fotos no hacían justicia a la magnitud del lugar.
Despues de curiosear un rato por los alrededores y descansar un poco en los bancos al rededor del templo, continuamos nuestro viaje por Kamakura.

El siguiente sitio que queríamos visitar era el santuario Zeniarai Benten, un curioso santuario rodeado por una pared enorme de piedra y donde tienen un manantial en el que, segun cuentan, si lavas tu dinero, se te multiplica!

Pero estaba bastante alejado del gran buda, y para llegar hasta ahí podíamos caminar por la carretera dando un buen rodeo, o tomar una pequeña senda forestal que atravesaba las colinas y atajaba bastante.

Por supuesto tomamos el camino más difícil, así que comenzamos a seguir la senda por los bosquecillos de Kamakura cargando aún mas las maltrechas piernas después de 3 días casi contínuos de caminatas.
Pronto dejamos atrás las carreteras y los ruidos típicos de la civilización y comenzamos a vernos rodeados de la vegetación de la zona, y sus sipáticos animalillos (a.k.a. arañas como mi puño de grandes!).
Al cabo de un rato comenzamos a dudar de que no nos hubiéramos perdido, ya que todas las indicaciones estaban en Kanji!

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Perdidos por los bosques de Kamakura

Con más pena que gloria logré descrifrar algo de lo que ponía en las indicaciones y continuamos el camino, preguntando de vez en cuando a otros turistas con los que nos cruzábamos o a algún que otro señor que nos adelantaba a la vez que nos hacía una reverencia.

Contemplar a un señor de unos 70 años adelantarte tan pancho en una senda campo a través, mientras tu estás casi luchando por respirar, y con la frente perlada de sudor, y ver como encima tiene fuerzas suficientes para hacerte una ligera reverencia te hace darte cuenta de que los japoneses, por regla general, están muy en forma!

Tras conversar con uno de estos señores nos enteramos de que había un pequeño santuario sintoísta cerca de la zona, así que nos desviamos y fuimos en su busca.

Al poco comenzamos a ver pequeñas estatuas de zorros que se confundían con la vegetación de la zona, adornadas en ocasiones con pañuelos o prendas rojas.
Y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos rodeados de toris, banderas, y estatuas de kitsune de diversos tamaños por todas partes.
Todo perfectamente integrado y armonizado en medio de las colinas de Kamakura.

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Santuario Shinto en medio de la nada

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Santuario Shinto en medio de la nada

Sin embargo el tiempo pasaba y aún nos faltaban un montón de cosas que ver, así que tras tomar algunas fotos, y disfrutar del lugar reemprendimos la marcha y terminamos saliendo de la senda forestal para encontrarnos en una carretera de aspecto abandonado.

Pero habíamos ido en la dirección correcta!, así que al poco encontramos un pequeño parque donde pudimos preguntar a la gente que pasaba por allí la dirección hasta el templo.
Y ahí, en medio de la nada y tras una agotadora caminada, había una máquina expendedora de bebidas!

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Máquinas expendedoras de bebidas en medio del bosque

Tras tomar un zumo de naranja que supo a verdadera gloria, tomamos rumbo al Zeniarai Benten, y al cabo de un rato encontramos la curiosa entrada al recinto.

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Entrada al Zeniarai Benten

Zeniarai Benten Shrine
Santuario Zeniarai Benten

Zeniarai Benten Shrine
Santuario Zeniarai Benten

El Santuario no era muy grande, y al estar rodeado de un muro de roca, se hacía más pequeño de lo que tal vez sea en realidad. Sea como sea el lugar no estaba muy lleno y se podía visitar sin agobio y sin prisas. Y era divertido ver como la gente mojaba sus monedas e incluso sus billetes en el agua sagrada.

Al salir paramos a comer algo, la verdad es que se nos había pasado la hora de comer completamente, así que compramos algo de bento (comida para llevar) y comimos por la zona.
El último de los templos que queríamos visitar era el Kenchō-ji, el monasterio Zen más antíguo de todo Japón.

Pero a pesar de la gran cantidad de Mapas que encontramos, parecía que comenzábamos a caminar en círculos, y a medida que caía la tarde se hacía más y más complicado encontrar a gente en la calle pare preguntar.

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Viviendo en un videojuego

Cuando ya comenzamos a plantearnos el regresar a la estación y tratar de orientarnos desde allí, encontramos por el camino a un par de turistas con las que charlamos un rato.
Eran dos mujeres francesas que nos hicieron el favor de preguntarnos las direcciones en perfecto japonés a un grupo de ancianos que nos estaban mirando con cara divertida. Una de ellas llevaba viviendo en japón 10 años y hablaba a la perfección 4 idiomas!

Tras agradecerles su ayuda y con ánimos renovamos nos llegamos al Kenchō-ji al atardecer.

Autumn
Hojas de Otoño

El templo iradiaba tranquilidad, siendo un monasterio Zen me lo esperaba, pero debo decir que me sorprendió la serenidad del lugar y lo cómodo que resultaba pasear por sus jardines y disfrutar de las vistas.

Bamboo
Bosquecillo de Bambú en el templo Kenchōji

El templo comenzaba en la falta de una colina y estaba construido de manera que había un camino que serpenteaba hasta la cima. Así que comenzamos a recorrerlo sin prisas, disfrutando del sonido de la naturaleza, y empapándonos de la serenidad del lugar, hasta el punto de que cuando me quise dar cuenta cada uno habíamos ido por nuestro lado, absortos en nuestros pensamientos.

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En el templo Kenchōji

La tarde comenzó a oscurecerse cuando finalmente alcanzamos la cima, y pudimos disfrutar del atardecer y del anochecer en un paraje sin comparación.

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Atardecer en el templo Kenchōji

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Anochecer en el templo Kenchōji

Tras descender todo lo ascendido ya había anochecido, así que decidimos despedirnos de Kamakura e ir hasta la estación de tren. Pero en lugar de ir directamente a nuestro hotel en Asakusa, decidimos aprovechar que nos pillaba de paso Yokohama y visitar el China Town.

El viaje desde Kamakura a Yokohama fue más tranquilo, el tren no iba muy lleno y yo aproveché para revisar mis fotos y en general descansar un poco, porque a esas alturas mis piernas comenzaban a doler.

Llegamos a Yokohama y tras orientarnos un poco localizamos China Town, y comenzamos a pasear por las calles disfrutando de los aromas de incontables puestos de comida de diferentes sabores, y aspectos y en general del colorido de las luces y los edificios.

Yokohama's China Town
En el China Town de Yokohama

Yokohama's China Town
En el China Town de Yokohama

Picoteamos un poco de cada puesto que nos llamaba la atención, y compramos algún que otro artículo de recuerdo.
Entramos en un centro de arcade donde pudimos ver que no sólo estaban las últimas y más modernas recreativas, si no que tenían verdaderos clásicos tipo Ghosts ‘n Goblins y otros grandes clásicos arcade.

Cuando nos cansamos fuimos a cenar a un restaurante chino de la zona, y nos dimos cuenta de que el rumor de que la comida china en japón es cara era cierto.
Al contrario de España o Panamá, donde un plato de comida china es relativamente barato, me pareció que en Japón la comida china es en general algo más cara que la comida local.

Yokohama's China Town
En el China Town de Yokohama

De ahí nos fuimos a pasear por la bahía de Yokohama, disfrutando del agradable clima y de las increíbles vistas de la ciudad.

Yokohama
Vistas desde la bahía de Yokohama

Continuamos caminando por el paseo marítimo de Yokohama, parando en un Lawson cercano para comprar un café y unas galletas bastante extrañas de un sabor que hasta la fecha no estoy seguro de saber explicar.
Y como comenzaba a hacerse tarde, y todavía estábamos lejos de nuestro hotel emprendimos el camino hasta la estación de Yokohama, parando por algún que otro mall, o centro recreativo, y entreteniendo la vista con alguna que otra viandante con la que nos cruzamos.

A lo tonto llegamos bastante tarde al hotel, pero no importaba, el día había resultado increíble como de costumbre y el próximo día nos íbamos a quedar por Tokyo, así que en principio sería un día tranquilo…o eso pensábamos.

Continuará…

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The Elephant Vanishes

Jan 07, 2010 @ 03:54 pm by CaDs

Hace tiempo que no escribo ningún post sobre algún libro de los que leo. En parte es porque últimamente no he tenido demasiado tiempo libre para leer y en parte porque tampoco lo he tenido para escribir.

Desde hace algunas semanas mi nivel de stress bajó lo suficiente como para poder dedicar algo de tiempo libre a la lectura, y finalmente terminé de leer The Elephant Vanishes.

Este libro es una recopilación de relatos cortos escritas por Haruki Murakami entre los 80 y los 90. Muy similar a Blind willow, sleeping woman, consta de varias historias sueltas, surrealistas, extrañas y entretenidas.

Aunque debo decir que hubo algunas que me resultaron demasiado raras para acabar de comprenderlas, en general es un libro que recomiendo leer por lo entretenido que resulta sumergirse en el universo particular de Murakami.

Aquí os dejo algunos de mis fragmentos favoritos.

Every morning, I still run past those five barns. Not one of then has yet burned down. Nor do I hear of any barn fires. Come December, the birds strafe overhead. And I keep getting older.
Although just now and then, in the depths of the night, I’ll thing about barns burning to the ground.

She stripped the sheets and pillowcase and ordered me out of my pajamas. My only refuge was the bathroom, where I showered and shaved. She was getting to be more and more like our mother. Women are like salmon: In the end, they all swim back to the same place.

“Doesn’t’ look like an airplane,” I say. Doesn’t sound like my voice either. Strangely brittle, as if the nutrients had been strained out through a thick filter. Have I grown so old all of a sudden?
“That’s probable because we haven’t painted it yet,” he says. “Tomorrow we’ll gave it the right color. Then you’ll see it’s an airplane.”
“The color’s not the problem. It’s the shape. That’s not an airplane.”
“Well, if it’s not an airplane, what is it?” he asks me. If he doesn’t know, and I don’t know, then what is ti? “So, that’s why it’s got to be the color”

This occurs to me while I’m ridding the Yamanote Line. I’m standing by the door, holding on to my ticket so I won’t lose it, gazing out the window at the buildings we pass. Our city, these streets, I don’t know why it makes me so depressed. That old familiar gloom that befalls the city dweller, regular as due dates, cloudy as mental Jell-O. The dirty facades, the nameless crowds, the unremitting noise, the packet rush-hour trains, the gray skies, the billboards on every square centimeter of available space, the hopes and resignation, irritation and excitement. And everywhere, infinite options, infinite possibilities. And infinity and, at the same time, zero. We try to scoop it al up in our hands, and what we get is a handful of zero. That’s the city.
That’s when I remember what that Chinese girl said
This was never any place I was meant to be

Viaje a Japón: Día 3

Dec 29, 2009 @ 11:11 am by CaDs

El despertador sonó a eso de las 4 de la mañana. Al principio estaba bastante atontado y lo ignoré, pero al perseverancia de la alarma del iPhone consiguió su propósito y terminé por despertarme.

Finalmente recordé dónde estaba e inmediatamente me dispuse a continuar con el plan. Habíamos acordado aprovechar el jet lag de los primeros días para levantarnos realmente temprano e ir a visitar el mercado de pescado de Tokyo.

Para los que no lo sepáis, el mercado de pescado de Tsukiji está considerado como el mayor mercado de pescado del mundo, y si váis realmente temprano podéis ver la lonja donde se realizan las subastas de pescado.
Lamentablemente y debido a varios incidentes con los turistas que toqueteaban el pescado y se dedicaban a molestar, no está permitido el acceso durante la subasta, y los turistas se han ganado bastante mala fama.

Si sois de los que os gustan los mercados tradicionales os encantará este lugar. Está lleno de todo tipo de puestos, con cientos de variedades de pescados, mariscos y productos diversos.

At Fish Market

También podéis encontrar herramientas para cocinar, uniformes y trajes para restaurantes, todo tipo de especias y condimentos y alguna que otra prenda de recuerdo a modo de camiseta o pañuelo.

Tsukiji fish market

Si visitáis el mercado de Tsukiji os recomiendo que tengáis especial cuidado con los motocarros que circulan a toda velocidad por el lugar transportando mercancía, y que pasan realmente cerca de uno.
Yo me agobié un poco, me daba la sensación de estar estorbando me pusiera donde me pusiese y me sentí completamente fuera de lugar con mi cámara en medio de toda aquella actividad.

Tsukiji fish market

Tsukiji fish market

Tsukiji fish market

At Fish Market

Pero me alegro de que Rafitafx me convenciera de visitar el sitio proque después de dar un par de vueltas por el lugar, fuimos a comer sushi fresco para desayunar.

At Fish Market

Sushi

Esta fue la única vez que comí sushi durante mi estancia en Japón y puedo decir que fue realmente alucinante.
Tened en cuenta que los japoneses le ponen bastante wasabi en el sushi! así que si no os gustan los sabores tan fuertes es recomendable que se lo indiquéis al camarero o al sushero que os lo esté preparando.
Al regresar el viaje me dí cuenta de que hay bastante desinformación en cuanto a la comida japonesa. Mucha gente me preguntaba si había comido sushi y casi todo el mundo se sorprendía cuando les decía que había tanta variedad de platos que realmente sushi sólo comí un día.

Después de desayunar y chapurrear un rato algo de japonés con los dos cracks que nos atendieron levantamos el campamento y como todavía teníamos unas cuantas horas que matar hasta que abrieran el Ghibli Museum, cogimos el metro y nos fuimos a visitar otro de los barrios de Tokyo que teníamos pendientes. Shinjuku.

Shinjuku está plagada de rascacielos por todas partes, hasta el punto de que cuando ves un edificio con menos de treinta plantas te lo quedas mirando con cara de “hmm que pequeño es este”.

Shinjuku skyscrapers

Shinjuku skyscrapers

Fuimos caminando dando vueltas en busca de una oficina de correos para sacar dinero y después de preguntar un par de veces y perdernos otro par de veces desistimos y nos fuimos a dar un paseo por el Shinjuku Gyoen, un parque cercano.
De camino vimos el edificio del ayuntamiento de Tokyo pero no llegamos a subir al mirador, pensando que lo visitaríamos a la vuelta (craso error, porque nunca volvimos por ahí).

Shinjuku Park

Shinjuku

Caminar por uno de los parques públicos por la mañana te abre los ojos a la cruda realidad de la crísis económica que atraviesa Japón. Había cantidad de personas sin techo (homeless) que se despertaban, recogían sus catres y hacían algo de ejercicio o tomaban el sol, ante la mirada indiferente de los viandantes y la mirada curiosa de al menos tres turistas que pasaban por ahí.

También descubrimos el secreto de los parques japoneses y la manera de que la gente no pise el césped y lo estropee.
Simplemente basta con dejar crecer a sus anchas a las arañas!


No os recuerda a las arañas del zelda?

Despues de algún que otro escalofrío por culpa de estos simpáticos bichillos, volvimos a buscar la oficina de correos. Esta vez logramos encontrarla y pudimos retirar algo de efectivo.

Los ATM de Japón generalmente funcionan sólo con tarjetas locales. Sólo algunos bancos como CitiBank aceptan tarjetas extranjeras. Las oficinas de correos generalmente tienen cajeros que permiten sacar dinero a los turistas aplicando el cambio y una pequeña comisión.
Esa fue otra de las cosas que me sorprendió de Japón, y es que en general el pago con tarjeta de crédito no es tan común como uno puede llegar a pensar. De hecho había varios lugares en los que no se aceptaba tarjeta.

Tras rellenar los maltrechos bolsillos nos dimos cuenta de que se nos había pasado el tiempo volando así que volvimos a la carrera al metro y tomamos la combinación metro/tren hasta Mitaka.
Mitaka es una pequeña ciudad situada dentro del Territorio que se denomia Tokyo. Es un área de unos 16 km², y os preguntaréis, puede existir una ciudad de 16 km²? Pues si, ya que tiene una densidad de población de unos 10,600 habitantes por km² (Datos sacados de la wikipedia).
Y sin embargo el lugar, al menos a la hora a la que estuvimos por ahí estaba completamente en calma.

Mitaka Street

Llegar al Ghibli Museum desde la estación es bastante fácil, basta con seguir las totoro-señales que hay esparcidas por el camino y, en general, disfrutar de la calma de Mitaka, sus pequeños parques y sus casas y callejones.

Mitaka

Tras un agradable paseo llegamos al Museo.
En el interior no estaban permitidas las fotos, así que me entretuve un rato tomando fotos del exterior y pensando en cómo arreglármelas para escabullir alguna foto desde dentro.

Ghibli Studio

Ghibli Studio

Ghibli Studio

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Pero al entrar, cambié completamente de opinión. Realmente no se explicarlo muy bien con palabras. Es sólo que el lugar emanaba una sensación tan especial y tan agradable que te olvidas de todo lo demás.
Te das cuenta e que la gente del Ghibli Studio siente verdadero amor por lo que hacen, y lo demuestran en cada rincón de este pequeño museo.
Si visitáis Tokyo y os gusta el manga y la animación, ésta es sin duda una parada obligatoria. Eso sí, el número de visitantes por día está limitado, así que conviene reservar con algo de antelación.
Podéis hacer las reservas en la página del Museo.

Después de visitar el museo nos quedamos con más ganas de manga, así que fuimos hasta Nakano, a visitar Mandarake, una tienda de compra y venta de Manga, Merchandising de todo tipo y en general frikerío vario.

Lamentablemente no estaban permitidas las fotos, pero encontré una tienda con un nombre bastante curioso para los hispanoparlantes.

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Después de babear con la cantidad de cosas chulas que tenían en Mandarake decidimos comer algo, y como había un McDonald’s cercano entramos para probar alguna de esas hamburguesas especiales que sólo tienen en Japón.
Yo probé un trozo de la hamburguesa teriyaki, pero terminé comiéndome mi clásico cuarto de libra, y debo decir que estos japoneses controlan la cocina hasta el punto de hacer la mejor comida basura que he probado en mi vida.

Después decidimos quemar el exceso de calorías dando un paseo, así que llegamos hasta la estación de Tokyo Cental y nos dimos una vuelta por las inmediaciones del palacio Imperial.

Imperial Palace, Tokyo

Imperial Palace, Tokyo

Imperial Palace, Tokyo

Imperial Palace Lamps

Debo decir que, a no ser que viajéis en algún tour con visita programada, o sea un día especial en el que el palacio se abre al público, os podéis ahorrar la visita al palacio porque no hay mucho que ver.
Estuvimos deambulando por ahí, tomando un par de fotos y cuando nos alejamos a buscar otro lugar para visitar escuché que uno de los guardias nos gritaba algo y venía hacia nosotros.
Pensando que habíamos incumplido alguna de las numerosas normas me preparé para tratar de entender al hombre que venía hacia nosotros y pedirle disculpas por la afrenta que hubiéramos cometido, pero resultó que el señor se había acercado a devolverme una bolsa que me había olvidado con los recuerdos del museo Ghibli!
Tras agradecerle repetidas veces que me devolviera mi bolsa con mis totoros y mi gatobús comenzamos a deambular por la zona viendo como las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.
Y entre la maraña de edificios que pueblan el centro de Tokyo vimos a lo lejos la torre de Tokyo, así que a falta de una idea mejor decidimos caminar hasta la torre de Tokyo.

Tokyo

Tras un largo paseo en el que pude ver cómo las calles y las aceras comenzaban a inundarse de vehículos y personas a medida que se acercaba la hora de salida de los trabajos, llegamos a la torre de Tokyo.

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Tokyo Tower

Habiendo visitado un par de días antes la Torre Eiffel pude compararlas en mi mente, y si bien la Torre Eiffel gana en lo espectacular de su diseño y en su dominio frente a la ciudad, la Torre de Tokyo destaca por sus increíbles instalaciones, la comodidad de acceso y las increíbles vistas de la ciudad.

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Había multitud de colegiales visitando la torre (esos chicos están por todas partes a todas horas!) y como éramos de los pocos occidentales que visitábamos el lugar, varios de los chiquillos cuchicheaban y de vez en cuando nos señalaban con el dedo.

De ahí comenzamos el lento regreso al hotel, así que llegamos hasta Asakusa nuevamente, pero como aún era temprano, callejeamos un rato en dirección a Kappabashi-dori porque habíamos escuchado que había un santuario dedicado a los kappa.
Pero tras callejear un buen rato y perdernos un par de veces nos dimos por vencidos. Así que regresamos al hotel, haciendo una breve parada en un Mister Donut y en un centro de Arcade.

Agotado llegué al hotel, me dí una buena ducha y esta vez sí me acosté a dormir a pierna suelta.

Y menos mal que fue así, porque a la mañana siguiente visitaríamos Kamakura, e iba a necesitar todas mis fuerzas.

Continuará…

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Nikon 35mm f1.8

Nov 27, 2009 @ 03:43 am by CaDs

Llevaba ya tiempo con ganas de ampliar mi (escaso) repertorio de lentes. Después de mucho buscar y dudar, ver comparativas y precios estaba indeciso entre un 18-200 “todoterreno” o una lente algo más rápida para usar en situaciones de poca luz sin necesidad de usar ISOs tan altos.

Mis candidatos eran el Sigma AF 18-200mm f/3.5-6.3 DC OS y el Nikon 35mm f/1.8G AF-S DX.
Después del palo que me pegaron en Aduana al traer el Sigma 10-20, decidí comprarlo en España y ahí me di cuenta de que este país tiene un grave problema con el encarecimiento de los precios.
Ya no es sólo que la conversión entre Euro/USD no sea aproximada, si no que los precios directamente están por las nubes en ciertos artículos de fotografía.
Así que ajustándome a mi presupuesto opté por la lente más barata, la Nikon de 35mm que sale por unos 190 Euros.

El problema es que encontrar esa lente es particularmente complicado debido a que actualmente es una de las lentes más baratas del mercado, y al incorporar el motor de autofocus se puede usar en las cámaras de gama más baja (como mi D40 ) así que suelen estar agotadas.

Llevaba persiguiendo esta lente desde Agosto sin resultados, hasta que hace unas semanas llamé por casualidad a la gente de Fotocasion y me dijeron que tenían una en el almacén. Les pedí que me la reservaran y al salir de la oficina fuí a recogerla.

Me encanta pasar por esa tienda, los empleados trabajan muy bien, saben un montón de fotografía y te dejan probar los lentes en tu cámara si les pillas de buenas :)

Al llegar a casa la monté en mi D40 y funcionó a la perfección.

El anillo sirve exclusivamente para enfocar manualmente y es lo bastante suave como para poder afinar sin sufrir demasiado. Para subir y bajar la apertura se usan los controles integrados en la cámara.
La cubierta de la lente es de plástico, cosa que en lo personal no me molesta en absoluto, es pequeña y ligera, con lo que se puede llevar de paseo sin andar cargando con demasiado peso.

Reconozco que al principio se me hizo extraño el no tener un zoom, pero a medida que voy tomando fotos me voy sintiendo más y más cómodo con el hecho de acercarme o alejarme para encuadrar con la cámara.
Y poder tirar a f1.8 es una gozada! aunque me he dado cuenta de que hay que tener cuidado con la profundidad de campo con fs tan bajas.

Creo que voy a aprender un montón con esta lente, ya iré subiendo algunas fotillos a medida que vaya saliendo algo decente :)

Viaje a Japón: Día 2

Nov 16, 2009 @ 03:42 am by CaDs

Dormir a pierna suelta cuando acabas de cruzar 7 zonas horarias no es nada fácil, aún estando agotado. Así que a la mañana siguiente cuando sonó el despertador a penas había dormitado un par de horas.

Nada que una buena ducha caliente y un café de lata sacado en la máquina expendedora del lobby del hotel no arreglaran.

Salimos de madrugada camino a la estación de metro con las primeras luces del día. Es curioso que incluso a esas horas ya hay decenas de colegiales por la calle, gente haciendo footing y alguna que otra persona paseando a sus perros.

Sin embargo el metro a esas horas estaba bastante vacío, así que llegamos sin mayores incidentes a la estación de Ueno donde sacamos los billetes para el tren que nos llevaría hasta la estación de Utsunomiya y de ahí haríamos el trasbordo para Nikko.

Aunque no hago mucha distinción entre los diferentes tipos de trenes, debo decir que los Japoneses tienen todo el sistema ferroviario perfectamente estructurado.

Hay diversos tipos de trenes tanto locales como de larga distancia o de alta velocidad.
Al principio cuesta un poco encontrar los trenes adecuados para cada viaje, ya que algunos regionales van haciendo paradas en tooodas las estaciones mientras que hay algunos servicios express con los que se ahorra bastante tiempo.
En general preguntar al empleado que os atienda en el puesto de JR es lo mejor que podéis hacer. Harán lo imposible por entenderos, os buscarán el tren que mejor se adapte a vuestro viaje y os proveeran de horarios y planos si los tienen disponibles.

En total serían cerca de 2 horas de viaje en tren disfrutando de los asientos (los asientos de los trenes japoneses son particularmente cómodos), el paisaje y esa extraña sensación que acompaña al jet lag y la privación de sueño.

Según nos aproximábamos podíamos ver cada vez más y más colinas, alguna montaña lejana y de vez en cuando lo que parecía ser un pequeño río.

Nikko es una región montañosa situada al norte de Tokyo. Descubrimos que durante el otoño se convierte en destino turístico para los japoneses que visitan la zona para contemplar el color rojizo del arce japones en Otoño.
En nuestro caso llegamos algo temprano para contemplar las hojas rojas en su plenitud, pero impresionaba igualmente.

Nikko

Tras hacer una breve parada para comprar otro café de lata (el café de lata japonés está riquísimo!), encontramos un mapa de la zona. Localizamos la oficina de turismo más cercana y comenzamos nuestra andadura por Nikko.

Viniendo de Tokyo, Nikko da la sensación de ser un pequeño pueblo en las montañas. Las calles son pequeñas y agradables de pasear. Aquí y allí se pueden ver ocasionalmente casas tradicionales japonesas, con sus jardines, sus pequeños estanques llenos de peces e incluso alguna que otra fuente natural.

Nikko

Nikko

No tardamos mucho en llegar a la oficina de turismo donde topamos con un simpático señor que nos facilitó todo tipo de mapas con los templos que queríamos visitar, nos recomendó que entradas comprar para ahorrar algo de dinero y nos chapurreó un par de palabras en Español.
El tío era un crack!

Allí encontré un par de sellos que procedí a estampar en mi libreta de viaje, compré otro café de lata (si, hay máquinas expendedoras de bebidas prácticamente en todas partes) y tras orientarnos un poco localizamos el camino que nos llevaría al conjunto de templos que queríamos visitar.

Después de un rato caminando dimos con el puente Shinkyo, un puente considerado sagrado por los japoneses ya que según cuenta la leyenda Nikko fue fundada por un hermitaño que cruzó sobre el río montado en dos serpientes.

Shinkyo

Podéis ver el puente de Shinkyo en tiempo real aqui

Tras hacer algo así como un centenar de fotos y que Rafa comenzara a poner mala cara, comenzamos el ascenso hacia el conjunto de templos.

A la entrada vimos un montón de autobuses que nos anunciaban la cantidad de turistas que visitan este complejo diariamente. El sitio estaba abarrotado!
Centenares de jubilados y escolares, con sus sombreritos de diferentes colores y sus profesores pululaban por la zona.

De vez en cuando escuchábamos algún ‘excuse me’ y al girarnos veíamos a un pequeño grupo de japoneses aguantándose la risa y contándonos su nombre y que estaban estudiando inglés.

En Japón, hasta que no demuestres lo contrario, siendo occidental eres consierado automáticamente norteamericano, así que los pequeños practican su inglés contigo, siempre bajo la mirada de la profesora que se mantiene algo apartada muerta de la risa viendo las muecas que uno pone.

Escuchamos a unos cuantos escolares contándonos sus nombres y preguntándonos los nuestros, se tomaron un par de fotos con nosotros y en general nos divertimos con los pequeñajos.

Nikko

Creo que escuchar al pequeño Taro tartamudeando en inglés su nombre y con más verguenza que otra cosa pedirme que le escribiera mi nombre en un papelito es uno de los recuerdos más entrañables que me llevo de Japón.

Pero hay que tener cuidado porque como te descuides no te mueves del sitio, en Nikko la atracción no son los templos, son los occidentales!

Aquí podéis ver algunas de las fotos del lugar.

Nikko

Nikko

Nikko

Nikko

Nikko

Lo bueno es que hay un montón de templos cercanos unos a otros, con lo que se pueden visitar sin tener que perder demasiado tiempo trasladándose de un lugar a otro y todos los templos tienen algo que realmente merece la pena ver.
La única nota negativa que le encuentro es que había demasiada gente! Tanta que en ocasiones resultaba algo agobiante.

Hay ciertos templos en los que tenéis que descalzaros para entrar, así que siempre es recomendable llevar calcetines y calzado que se pueda quitar y poner fácilmente.

Pasado el medio día la cantidad de gente que visitaba los templos iba disminuyendo, así que en lugar de parar para comer decidimos terminar el recorrido disfrutando de la calma y a un ritmo menos frenético.

Vimos los tres monos sabios, vimos la talla del famoso gato dormido (es un gato blanco enrrollado de unos 10 cm ) subimos a visitar la tumba de Tokugawa Ieyasu , y digo subimos porque había que subir un huevo de escaleras! y en general creo que vimos todo lo que había que ver.

Wise Monkeys

En los templos japoneses hay monjes que escriben el nombre del templo y alguna que otra plegaria en unos cuadernos especiales para eso. A mi me gustó la idea y le pregunté al monje si podía escribirlo en mi libreta de viaje.
Pero no hubo suerte, el monje tras examinar el papel cuidadosamente me dijo algo que no entendí y un gomen nasai que me venía indicando que no podía hacerlo por algo relacionado con el papel (o esa fue la película que yo me monté)

De ahí fuimos a comer a un restaurante regentado por un par de abuelas super majas. El lugar debía de ser famoso o salir en alguna guía de viaje (o ser barato) porque las paredes estaban llenas de papeles con nombres, billetes de diferentes países, monedas, tarjetas de empresa… Un sitio curioso.
Pedimos fideos, gyoza y cerveza.
Mientras comíamos charlamos con otra pareja de españoles que nos encontramos por ahí (o al menos hablaban español) y con un chaval francés llamado Robert que estaba comiendo con una chica bastante desagradable que no nos dijo ni el nombre.

Salimos de ahí y fuimos a buscar el Abismo de Kanmangafuchi, que es una especie de quebrada enorme guardada por una serie de estatuas protectoras jizo.

Kanmangafuchi Abyss, Nikko

Nikko

El sonido del río, el verdor de los bosques de nikko junto con el gris de las estatuas y el rojo de las ropas invitaba a pasear y a meditar tranquilamente. En el camino nos encontramos otra vez con la pareja española del restaurante que nos pregunó alguna dirección y vimos otra ver a Robert.

Resulta que el tío viajaba solo y se había aburrido de la chica con la que lo vimos. Nos contó que la había conocido en la mañana pero que él viajaba sólo con su D90 a cuestas.
Ahí en medio del bosque reconozco que estuve tentado de darle un palazo y largarme con su cámara, pero como era un tío majo nos lo acoplamos y estuvimos charlando un buen rato mientras paseábamos por la zona.

Al atardecer llegamos hasta la villa imperial de Tamozawa, y nos despedimos de Robert. El se fué a visitar la villa y nosotros en busca de unas tumbas que tenían buena pinta.

japon_0738

Nikko

Tras dar un par de vueltas por la zona comenzamos el camino de regreso a la estación, me tomé otro café y cogimos el tren de vuelta a Tokyo.

En el tren llamamos al gran Héctor y quedamos con él para ir de cena por Shibuya, así que como buenos Tokyotas quedamos en el perro Hachiko.

Para los que no lo sepáis, Shibuya es la leche! Es donde se encuentra el famoso cruce por donde pasan miles de personas a la vez cada vez que cambian los semáforos, donde las luces de neón y las pantallas de plasma anuncian constantemente los productos más populares y donde se puede sentir el pulso de la ciudad.
Tras recuperar un poco el aliento, tomar un par de fotos precipitadas y flipar con la cantidad de gente y cosas que estaban sucediendo al mismo tiempo vimos a Héctor entre la multitud.

Shibuya

Tras darnos un pequeño tour por la zona entramos a un restaurante de Yakitoris. El lugar estaba hasta arriba de gente, pero Héctor se las apañó para encontrarnos sitio en la planta de abajo, que estaba forrada de tatami, con lo que había que descalzarse y comer sentados en el suelo.

Pedimos diversos tipos de yakitoris, cerveza en abundancia, charlamos y echamos unas buenas risas escuchando y contando nuestras experiencias por Japón.

Shibuya

Cuando ya nos dolían las piernas y las nalgas de estar sentados en el suelo continuamos con el tour por Shinjuku. Héctor nos llevó por un paseo AfterDarkiano genial, y terminamos entrando en un pequeño club.
Tomamos un par de whiskies, menos Rafa que le estaba dando al Sake, charlamos con las camareras y disfrutamos de la noche Tokyota.

Shibuya

De ahí nos despedimos de Héctor y cogimos la combinación de tren/metro hasta Asakusa, llegamos al hotel y tras una buena ducha di nuevamente con mis huesos en la cama.

No se cuantas horas llevaba sin dormir y la verdad es que no me importaba demasiado.
Si, estaba cansado, pero había sido un día increíble y el próximo día también prometía bastante ya que ese mismo día teníamos la reserva para visitar el Ghibli Museum :)

Continuará…

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Viaje a Japón: Día 1

Viaje a Japón: Día 1

Nov 04, 2009 @ 05:57 am by CaDs

Después de varios intentos, de varias cancelaciones y de mucho postponerlo, finalmente logré viajar a Japón.

Desde niño me ha gustado la cultura japonesa, y siempre quise visitar ese país. Pero cuando había tiempo no había dinero, y cuando tenía suficiente dinero para costearme el viaje, no tenía tiempo para viajar.

Así que hace algunos meses, decidí quemar las barcas y compré un billete a Japón, aprovechando una oferta que sacó Air France antes del verano.

Comprar un billete con tanta antelación (4 meses) suponía cierto riesgo ya que en ese tiempo pueden pasar muchas cosas, pero por otro lado me permitió ir repartiendo los gastos a lo largo de los diversos meses.
De esta manera un mes pagué el billete de avión, otro los hoteles, otro el JR Pass y así sucesivamente.

Los días fueron pasando lentamente. Pero, después de una larga espera de 4 meses, llegó el 19 de Octubre y Rafa y yo salimos de camino a tierras niponas … o al menos eso pensábamos.

La realidad fue algo diferente.

Nuestro vuelo tenía una escala en París, donde teníamos que cambiar de avión y salir hacia japón. La cosa era sencilla, una hora y media de escala y listo, estaríamos llegando a Tokyo a eso del medio día del martes 20.
Pero el vuelo salió con retraso debido a un fallo mecánico, no mucho pero sí el suficiente para perder nuestra conexión hacia Tokyo.

La primera en la frente.

Y para colmo, el próximo vuelo en el que podíamos salir no salía sino hasta las 23:00, perdíamos todo el día!!!!

Ya se que dicho así suena algo exagerado, pero tras meses de planificar que sitios queríamos visitar en qué fechas, perder el primer día de vacaciones suponía trastocar severamente nuestro plan de viaje, así que pataleamos un rato por patalear, ya que al final no nos quedó mas remedio que aceptar un triste vale por una coca cola y un sándwich y esperar hasta las once de la noche.

Pero si la vida te da limones haz limonada!

Como teníamos unas 9 horas para matar, decidimos salir a dar una vuelta por París.

Lamentablemente, y aunque parezca increíble no hay taquillas para dejar equipajes en el aeropuerto Charles de Gaulle, así que tuvimos que ir cargando con todo el equipaje de mano (cosa que pasó factura a mi hombro horas después).
Cogimos el tren/metro hasta la estación de Trocadero y nos paramos a contemplar la Torre Eiffel.

Eiffel
Torre Eiffel vista desde abajo

Había estado en París años antes, en condiciones muy distintas, pero la vista de la torre en pleno Campo de Marte corta la respiración.

Paramos a tomar unos crêpes y decidimos hacer un mini paseo fotográfico desde Trocadero, siguiendo el Sena hasta la catedral de Notre Dame.

Aquí os dejo algunas de las fotos que tomé en el camino

DSC_7206
Farola Parisina

Paris
Atardecer en París

Louvre
Fachada del Louvre

Louvre
Pirámide del Louvre

DSC_7315
Parada de bus parisina

Notre Dame
Notre Dame

París sigue siendo majestuosa, y ver los campos elíseos vestidos con el dorado del otoño fue una gran experiencia. Seguramente una que me hubiera gustado disfrutar con tiempo, pero en esta ocasión viajaba a Japón.
París realmente no era sino un pequeño contratiempo en mi viaje, así que le dijimos au revoir a París y regresamos al aeropuerto con tiempo suficiente para pasar los controles de seguridad, descansar un rato y embarcarnos en nuestro vuelo nocturno.

Tras 12 largas horas de vuelo entremezcladas con ver series, pelis, leer y dormir, llegábamos a Narita completamente extenuados y apaleados por el largo viaje.

Debo decir que Air France no tiene los aviones más cómodos, no tiene la comida más suculenta y que si puedo evitar volver a volar con ellos lo haré.

Pero qué demonios, estaba en Japón!!!

Todavía ahora me cuesta expresar la cantidad de sensaciones que me asaltaron al pisar suelo Nipón.

La megafonía del aeropuerto hablando en Japonés, los carteles de publicidad llenos de Kanas, Kanjis y Romanji, todo junto y bien revuelto, japoneses por todas partes, azafatas dandote la bienvenida con una sonrisa radiante y una reverencia… fue toda una sobrecarga de sentidos.

Atravesamos el puesto de inmigración sin mayores inconvenientes excepto que el funcionario que me tocó a mi resultó ser un fan de Star Wars!!! ya que señalo mi camiseta y dijo algo como “Staru Waru” riéndose.

Finalmente tras recoger el equipaje fui dando tumbos, medio flipando medio aturdido hasta el puestecito de la línea JR para canjear mi JR Pass y reservar el asiento en el Narita Express, el tren que nos llevaría a Tokyo.

Aproveché para sacar una tarjeta telefónica (que nunca llegué a usar) y para sacar mi tarjeta Suica, que me serviría para pagar el metro, en algunas tiendas e incluso en algunas máquinas expendedoras. Hablaré de la Suica Card en otro post, porque semejante invento se merece una crónica como es debido.

Después de un par de cagadas y malos entendidos, un par de vueltas buscando el tren correcto, y otro par de vueltas buscando el vagón que nos tocaba, entramos en el Narita Exprés y a la hora exacta (ni un minuto más ni un minuto menos) salimos en dirección a Tokyo.

DSC_7386
En el Narita Express

Cuando lleguéis a Japón, una de las recomendaciones que os doy es que sincronicéis vuestro reloj con la hora de la estación de tren.
Decir que en Japón los trenes son puntuales es quedarse corto.
Si un tren dice que sale a las 12:31 está entrando en el andén a las 12:29 y cierra sus puertas y comienza a andar a las 12:31. Ni antes ni después.

Tras poco más de una hora llegamos finalmente a la estación de Tokyo. Como nuestro hotel estaba en el distrito de Asakusa, teníamos que hacer un par de transbordos en tren y metro para llegar hasta allí, ya que Asakusa no tiene correspondencia directa con las líneas JR y lo más cómodo y cercano para llegar al hotel era usar esa especie de marabunta abrumadora de líneas de diversos colores que los japoneses llaman metro.

tokyo-subway-map
Plano del Metro de Tokyo

Imaginaros lo que supone llegar a Tokyo por primera vez en mi vida, cansado después de nosecuantas horas de viaje, cargado con maleta, bolsa con el portátil y cámara a la espalda, en plena hora punta tokyota y sin conocer las estaciones o las conexiones de las líneas… Sin duda una de las experiencias más intensas por las que he pasado.

Pero una vez visto un metro visto todos, así que localizamos la famosa línea Yamanote, la línea de tren circular que conecta algunos de los principales distritos de Tokyo. Nos bajamos en la estación de Ueno y buscamos la conexión de metro con la línea Ginza que tenía como parada final Asakusa.

Dicho así parece fácil, pero no creáis. Hubo que preguntar varias veces chapurreando con mi japonés cutre, muchas idas y venidas, esquivar nubes de japoneses que brotan de todas partes, un Americano que se apiadó de nosotros y nos dió un par de indicaciones en inglés y mucha ilusión porque finalmente pisaba Tokyo!

En Japón siempre tuve la sensación de ser demasiado grande, de estorbar y de ir en dirección contraria al resto de la gente!

En general sabía que se caminaba al revés que en Europa, esto es , se camina siempre por el “carril” izquierdo. De hecho en varias ocasiones hay flechas pintadas en el suelo indicando la dirección en la que se debe caminar, y el lado en el que te tienes que situar en las escaleras automáticas en función de si las bajas caminando o si te quedas quieto.
Pero daba igual! Siempre parecía que lo estaba haciendo mal, o que iba por el carril equivocado.

En fin, con más pena que gloria llegamos finalmente a la estación de Asakusa, donde nos encontramos con Oscar, el tercer mosquetero del viaje y el cual había llegado un par de días antes a Tokyo desde Seattle.

Algo más relajados habiendo salido del metro y caminando por Asakusa en dirección al hotel pude sacar la cámara (sorry, no pude hacer fotos de la estación de Tokyo en hora punta, simplemente llevaba demasiado peso encima y había demasiada gente) y comenzar a tomar algunas fotos del ambiente nocturno de ese distrito.

Asakusa
Parada de Asakusa

Asakusa
Calle de Asakusa

Bunnies
Club Bunny en Asakusa

Asakusa
Tiendecita en Asakusa

Vending Machine
Maquina expendedora de bebidas

Llegamos al hotel, dejamos las maletas, nos cambiamos de roma y salimos a cenar algo y a dar un paseo para tratar de aprovechar algo del día perdido.

Noodles
Mi primera cena en Tokyo

Fuimos caminando hasta el Sensō-ji, el templo más antiguo de Tokyo y uno de los más bonitos para visitar durante la noche. Atravesamos la Nakamise-dōri, una calle normalmente abarrotada y llena de tiendas con todo tipo de artículos de recuerdo tradicionales de japón, completamente desierta. Salpicada ocasionalmente por algunos paseantes nocturnos como nosotros, y algún que otro salarymen borracho como una cuba y haciendo eses por la calle.

Asakusa
Nakamise-dōri de noche

Los alrededores del templo irradiaban tranquilidad, a pesar de haber gente paseando, corriendo, rezando, o simplemente sentados disfrutando de la noche tokyota.

Me dí cuenta de que la gente, en general, hablaba en voz baja y que el silencio del lugar sólo era interrumpido por el sonido de algunas monedas lanzadas contra las cajas de los templos, algunas campanas que usan los japoneses para llamar la atención de sus dioses, y pedir sus deseos, y las palmadas que daban para rezar.

Asakusa
Tori Asakusiano

Asakusa Lamps
Lamparitas en Asakusa

Asakusa
Kaminarimon, la puerta del trueno

Asakusa
Pagoda en Asakusa (crappy picture btw)

Después de un par de horas paseando por el lugar, comenzamos a notar el cansancio acumulado del viaje, así que comenzamos a buscar el camino al hotel, porque irremediablemente nos perdimos.

Así que tras caminar por diversos y oscuros callejones, dimos a parar a una especie de avenida peatonal llena de diversos centros de arcade, bares y mini pistas de deportes.

Asakusa Street
Callejón en Asakusa

Entramos por curiosidad al centro de arcade y vimos todo tipo de máquinas completamente alucinantes.
Rafa se puso a tocar los tambores Taiko mientras que Oscar coqueteaba con un simulador de Robots tipo Gundam que al parecer estaba de moda por allí.

Taiko Rafa
Rafita dandole al Taiko

Asakusa
Sport Bar o algo así

Yo me dedicaba a curiosear por las máquinas y a tomar alguna que otra foto, y en general a flipar con todo.

Tras pasar un rato y gastar algunos yens en las maquinitas volvimos al hotel, me dí una buena y necesaria ducha y di con mis huesos en la cama para tratar de descansar un poco, al día siguiente salíamos para Nikko y seguramente necesitaría reponer fuerzas.

Continuará…

No mas recortes

Oct 07, 2009 @ 02:25 am by CaDs


Vía La aldea irreductible

Porque un país que pretende llamarse desarrollado debe invertir en su propia tecnología en lugar de comprarla fuera, y porque la ciencia debiera estar siempre por encima del ladrillo.

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